"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

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lunes, 13 de julio de 2026

DECISIONES DE JÓVENES, Y NO TAN JÓVENES

"El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre 

que sabe adónde va"


Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) 

Escritor francés



Marta llamó a su padre para que la recogiera en la Estación del Norte. 

Llegó a la hora convenida, pero no la vio salir por la puerta principal tras 15 minutos de la llegada de su tren; ya solo quedaba algún despistado tras los cristales del hall principal, por lo que decidió pasar hacia la zona de los andenes.

El tres de Marta llegaba por la vía 3. Respiró hondo, giró y, al fondo, la encontró sentada en un banco con su maleta y una mochila como únicos compañeros.

Ella también lo vio a él y se levantó enseguida para acercarse y poder salir juntos por el pasillo que les llevaba al parking para regresar a casa. Por fin, tras un curso muy complicado pero que ya había terminado. Por fin.

Le abrazó fuerte. Las últimas semanas habían sido muy potentes desde el punto de vista de la toma de decisiones y aunque hablaban mucho por teléfono y tenían alguna que otra videollamada, Marta necesitaba tocar, apretar fuerte su espalda y sentir que todo era real. Ambos sabían que era fuerte, y había forjado una coraza que le ponía en buena situación en la carrera de la vida, pero necesitaba de vez en cuando algún puntal por parte de sus padres.

Sí, le hubiese gustado que juntos, pero desde que faltó su hermana pequeña, ella sabía que no iban a aguantar mucho unidos,  y así sucedió. Hoy ya lo había superado y no tenía problema en contarles por separado lo mismo cuando tocaba. Diferentes teléfonos donde acudir, diferentes casas y ahora, tras el traslado de su padre, diferentes ciudades.

"Papá".- le dijo. "Me he quedado en el andén porque creo que las decisiones de vida son como trenes que pasan por la estación. No todos paran, pero los que lo hacen no siempre van al mismo sitio. Vamos, casi nunca. Creo que una vez que hemos decidido cual coger, no puedes pasarte el resto de la vida pregúntandote cuál hubiera sido mejor, sino que el elegido seguramente responde al propósito de vida de ese momento en particular. Y sí, me he dado cuenta de que una vez que coges ese tren, se cierran las puertas y arranca, el paisaje y la vida cambian.

Y llegas a otra estación, seguro, en la que aparecerán destinos nuevos que ni siquiera podías soñar leyendo el panel de destinos de la estación inicial.

Sí, así es la vida. Ni siquiera sabemos si el tren llegará inicialmente a lo que tenemos planeado, por lo que hay que decidir y olvidar las otras alternativas."


Él sabía que lo que Marta le contaba no era sólo válido para muchas e importantes decisiones que los jóvenes tienen que tomar entre los 18 y 25 años, aproximadamente, las cuales parecen definitivas: qué estudiar, dónde vivir, con quién compartir camino, aceptar el primer trabajo o seguir formándose, emprender o buscar estabilidad. También a los 30, a los 45, a los 60 y más, la vida nos pone frente a un panel de decisiones que nos trasladan de una estación a otra: cambiar de empresa, emprender, asumir o no una dirección, mudarse de sitio o de casa, reinventarse o seguir en lo mismo…

Pero al final, la enseñanza es siempre la misma: no se puede vivir todas las vidas posibles; no, al contrario, solo se puede construir con base en los caminos elegidos una vida extraordinaria con las decisiones que elegimos sostener de manera firme.

Y esto era lo que él siempre intentaba trasladar a Marta cada vez que le tocaba elegir tren y destino. Incluso no decidir también es una decisión, le decía, y lo que sí resulta imposible, o hacerlo de manera consciente, es recorrer todos los caminos a la vez.

Siguieron hablando durante la cena, la cual se alargó hasta pasadas las 2 de la madrugada. No tenían prisa; era viernes y el curso había dado fin a todo plan, horario estricto y a las complejas tareas/exámenes.

Convinieron en que cada sí lleva implícitos muchos no. Elegir universidad era renunciar a otras; aceptar un empleo implicaba dejar pasar otras oportunidades. Y no era por ser malas las no elegidas, sino porque el tiempo solo permite vivir una vida (al menos hasta lo que sepamos con nuestro conocimiento actual del asunto).

Las puertas no solo se cierran, sino que también se construyen. Mucha gente piensa que al elegir una opción está perdiendo otras. No era la forma en la que el padre de Marta lo interpretaba, y así se lo dijo. Cada elección nos genera experiencias únicas, relaciones y conocimientos que seguro abren oportunidades nuevas que antes ni siquiera existían.

Y es verdad, no existe la decisión perfecta. Lo que sí existe es la decisión que, con la información disponible, mejor encaja con nuestros valores y nuestros objetivos. Y claro, la perfección acaba apareciendo, pero a toro pasado, cuando lo miramos todo con información del presente que no teníamos en ese pasado (cuando teníamos que tomar la decisión).

Marta se quedó más tranquila cuando entendió que el primer trabajo rara vez define toda una carrera. ¿Entonces? Pues está claro, lo que realmente marca la diferencia es la actitud con la que afrontas el aprendizaje, la curiosidad, la capacidad de evolucionar y la proactividad. Los estudios no te definen, los primeros trabajos tampoco, y por ello repasaron juntos amigos y compañeros de los padres de Marta, quienes acabaron trabajando y ganándose la vida en sectores muy diferentes a los que habían imaginado al salir de la universidad.

Al final, ambos habían entendido que renunciar no era perder. Era concentrar energía, enfocarse. Y hay de aquel que intente mantener abiertas todas las puertas, porque suele quedarse en el pasillo sin atravesar ninguna. Marta pensó en la estación y en los trenes. Muy probablemente, si no decidiera qué tren coger, sería muy probable que nunca saliera de la estación.


Ya en casa, abrió la nota que le había dejado su padre en el bolsillo lateral de la mochila. Encontró dos frases tan potentes y que resumían muy bien todo lo hablado que, tras leerlas, decidió dejarlas en la agenda que llevaba siempre como "anotatodo".


"La madurez no consiste en elegir todas las oportunidades; consiste en aceptar que cada elección cierra algunas puertas para poder descubrir las que solo se abren cuando das el primer paso".


"La vida no premia a quien mantiene todas las opciones abiertas; premia a quien se atreve a cruzar una puerta y convertir esa decisión en su oportunidad."

domingo, 7 de junio de 2026

MI COMPAÑERO DE BANCO Y MIS DOS ARDILLAS

"¿Cómo hemos llegado a tener tantas comodidades y, 

al mismo tiempo, sentirnos tan solos?"


Michel Houellebecq

Escritor, ensayista y poeta francés



Decidí andar un rato más y acabé en el parque Alces. Me senté en el banco donde un señor mayor, con pelo largo, rubio, despeinado y algo escaso en la parte superior de la cabeza, leía mientras daba unas largas caladas a su cigarrillo.

Cerré los ojos y, al rato, al abrirlos, vi que había dejado el libro entre nosotros, dándome cuenta de que era de él. Una foto en la contraportada, de más joven, le delató.

Le pregunté y me lo confirmó. Venía de Francia para ver al Papa el finde en Madrid, pero su agencia de confianza le había recomendado dormir en Alcázar y viajar en tren a los diferentes eventos en los que había elegido estar en la capital, pero evitar quedarse en la ciudad; será casi imposible, y sobre todo caro, le habían dicho a su hija, la cual se encargaba de sus viajes.

Charlamos más de una hora.

Me explicó que en su obra ha intentado reflejar de la mejor manera posible la sensación de vacío en la que las sociedades occidentales nos movemos en la actualidad. Y no, no es que odiara a la gente, pero sí que no podía aguantar el dolor de lo que nos estaba ocurriendo.

Me interesaba saber su opinión sobre el ser humano, y concluyó que es un ser que necesita, sobre todo, amor, vínculos y sentido, pero la sociedad moderna lo ha arrinconado (al ser), dejándolo solo, enfocando la vida en una carrera de mera competición y consumo.

"Sí, meras criaturas necesitadas de amor. Necesitamos que nos amen y, sobre todo, pertenecer a algo más grande que nosotros mismos".- me dijo encendiendo otro cigarrillo.

Pasó un señor en bicicleta revisando las papeleras y Michel, que así se llamaba, me comentó que lo peor de este mundo no es la pobreza material, lo peor es sin duda la soledad.

Volví a cerrar los ojos mientras se oía solo algún que otro pájaro elevando su canto al cielo, e imaginé qué puede ocurrir si desaparecen la familia, los amigos, la comunidad, los compañeros, la religión o los compromisos duraderos, ¿qué queda después? Solo me salía una respuesta: un individuo abandonado a sí mismo.

Continuó hablando sobre cómo el individualismo nos está destruyendo como especie. Es una cuestión de interés propio y realización personal llevada demasiado lejos por nuestra cultura occidental. Todo se basa en "mi triunfo" por encima del resto del equipo, por encima de la empresa, las amistades, el ecosistema en el que nos movemos...

"Pero el individualismo extremo solo cría soledad, depresión, incapacidad de compromiso y la ruptura entre humanos".- susurró Michel.

Me dejó pensando en el capitalismo económico y mi compañero de banco, hábil, me abrió el debate sobre lo que él consideraba una competencia más allá del dinero, resaltando cómo los seres humanos competimos por estatus, belleza, sexo y reconocimiento, a la manera de un mercado de valores.

Dos ardillas bajaron de un árbol y, por un momento, parecía que escuchaban. No, un ruido al otro lado del río artificial que cruzaba el parque hizo que saltaran y se escondieran en un lugar seguro. 

La conversación derivó y me hizo reflexionar en torno a cómo debemos desconfiar de esa idea moderna de que la felicidad permanente es posible y alcanzable. Ni permanente ni alcanzable. Nuestras vidas están y estarán marcadas por la enfermedad, el envejecimiento, la pérdida y al final del camino, la muerte.

¿Y si fuera la libertad el camino a esa felicidad tan buscada?.- le pregunté. Se giró, me miró con aire triste, y me dijo que la libertad no da sentido a la vida. No, respondió, no creo en lo de "sé libre y haz lo que quieras para ser feliz", porque detrás no habría nada. Volvió a la pregunta: ¿Qué queda después? No puede ser el vacío; necesito, necesitas, el mundo necesita vínculos, obligaciones y responsabilidades.

Se levantó y se marchó. Me dejó el libro. Lo abrí y me lo había dedicado con un simple "A mi compañero de banco y a sus dos ardillas". Me lo habían pintado como un escritor pesimista, deprimente, gris, pero cuando de sus palabras salían temas como el amor, la amistad, la ternura o la lealtad/responsabilidad, lo dibujé en mi memoria como un estereotipo más compasivo.

Volví paseando y escuchando en la radio del móvil a León XIV. Me quedé con una frase de las que en directo pronunciaba desde el Palacio Real durante su primer día de visita, refiriéndose a España: 

"Su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad".

Tenía sentido. Lloré otra vez.




Ya en casa, a la tarde, mientras preparaba el patio para que pudiéramos empezar a cenar, pensé en Michel, en el Papa y en la empresa. 

Sí, necesitamos ser muy eficientes, pero al mismo tiempo podemos ser profundamente infelices. Si convertimos la empresa en solo objetivos, indicadores y competencia interna, puede que nos alejemos y perdamos lo que hace que las personas quieran permanecer en ella: el sentimiento de pertenencia.

Entendí mejor al escritor que acababa de conocer. No era una crítica literaria solo a nivel de novela y sociedad, sino que apuntaba directamente a la gestión de personas como pieza clave para que no se caiga en el tobogán de la decadencia.

lunes, 1 de junio de 2026

COMPROMISO Y TESÓN

"El amor nace de un flechazo; 

la amistad del intercambio frecuente y prolongado"


Octavio Paz (1914-1998) 

Poeta y ensayista mexicano



Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar Teruel y escuchar, una vez más, la historia de sus famosos amantes. Una leyenda medieval que ha perdurado durante siglos porque habla de algo que sigue siendo tan valioso hoy como entonces: el compromiso.

Los amantes no eran otros que los vecinos de la villa, Diego e Isabel. Crecieron juntos, compartieron juegos, conversaciones y sueños. Con el tiempo, eso que empezó como amistad se transformó en amor y Diego acabó pidiendo la mano de Isabel a su padre.

La respuesta fue negativa. A saber que en aquella época, en Teruel, su fuero contemplaba el mayorazgo, y Diego, al ser el segundo hijo varón de la familia, no estaba destinado a heredar la fortuna familiar.

Sin embargo, el compromiso de Diego hizo que no se resignara junto a Isabel, y convencieron al padre de ella para que le concediera un plazo de cinco años que le permitiera volver habiendo hecho fortuna, de tal manera que podría casarse con ella.

Y así lo hizo. Marchó a la guerra, por ser la única manera que entendió posible para ganar riqueza y prestigio en tan poco tiempo. Pero durante años no se supo nada de él en su tierra. Hasta que, más allá del cuarto año, la noticia de su muerte llegó a Teruel.

Isabel quedó desolada.

Y su padre siguió insistiendo en encontrarle marido, por lo que finalmente la casó con un hombre rico y de mayor edad. Pero el destino aún guardaba un último giro: Diego no había muerto. Regresó a Teruel justo después de la boda.

Al encontrarse con Isabel, pidió explicaciones y ella le contó lo sucedido, pues ella había creído sinceramente que había fallecido. En ese momento Diego solo le pide una cosa antes de marcharse para siempre: un beso. Pero Isabel, mujer casada con otro hombre, aunque seguía enamorada de Diego, se niega a concederle el beso para no faltar a su compromiso de mujer fiel y honrada.

La negativa acaba con la vida de Diego y, de manera fulminante, lo deja muerto a sus pies.

Cuentan que al día siguiente, en el funeral de Diego, Isabel acudió vestida de luto riguroso y levantando el velo que tapaba su cara le dio el beso que le había negado la noche anterior, cayendo también muerta sobre el pecho de su amado.

Conmovida por aquella historia, la ciudad decidió enterrarlos juntos para que pudieran permanecer unidos por toda la eternidad.


Murieron de amor, comentábamos los amigos. Pero más allá del amor, nos parecía una historia sobre la fuerza de la palabra dada, del compromiso. Y esto es precisamente lo que sigue emocionándonos siglos después de esta historia.

Las personas que cumplen su palabra son dignas de admiración. Y lo mismo ocurre con la amistad. Pensé, mientras volvíamos en coche a casa tras un gran fin de semana, en cómo las amistades verdaderas no se construyen en los momentos fáciles, sino en las situaciones en las que aparecen las dificultades. Un amigo es alguien que se queda contigo cuando lo sencillo sería marcharse, estando presente siempre aun cuando no obtiene ningún beneficio a cambio. Podría decir que ese alguien es el que honra los compromisos invisibles que acaban sosteniendo una relación.


Y exactamente lo mismo sucede en las empresas. Hablamos mucho de estrategia, innovación, tecnología o crecimiento. Sin embargo, las organizaciones más sólidas suelen apoyarse en algo mucho más sencillo: personas que cumplen lo que prometen.

Pensé en clientes que saben que responderemos, proveedores que mantienen su palabra, compañeros que se apoyan mutuamente y directivos que actúan de acuerdo con lo que dicen y prometen. Eso es al final una empresa, entendida como una red de compromisos cumplidos.




Ya en casa, con las maletas deshechas, las energías justas pero todavía con un atisbo de fuerza para resumir lo vivido, pensé que quizá la verdadera enseñanza de los amantes de Teruel no fuera una historia de amor imposible, sino un recordatorio de que las relaciones más valiosas de nuestra vida, ya sean personales o profesionales, siempre se construyen sobre la base de la confianza que nace cuando una persona da su palabra y la otra parte sabe a pies juntillas que puede creer en ella.

Porque el compromiso, igual que el amor o la amistad, solo tiene valor cuando se mantiene incluso cuando resulta una empresa harto difícil.

Era hora de descansar para iniciar la semana, pero no quise terminar el finde sin enviar un último mensaje de texto a mi mujer, que me había guiado e inspirado tanto en buenos como en malos momentos, y sí que podría decir alto y claro que, desde que nos conocimos, ella se había convertido en el máximo exponente de compromiso y tesón para que todo este proyecto de vida tuviera sentido.

domingo, 17 de mayo de 2026

CONSEJOS PARA ACELERAR EL TALENTO JOVEN

"La creación de una visión del mundo 

es el trabajo de una generación más que de una persona, 

pero cada uno de nosotros, 

para bien o para mal, añade su propio ladrillo"


John Dos Passos (1896-1970) 

Novelista y periodista estadounidense



Recordábamos el otro día, en una cena de amigos, que Fran comenzó como becario hace más de 3 años.

Antes de iniciar las prácticas, su madre, mi amiga Olga, le dijo que hablara conmigo. Siempre me gustaba que conocieran de primera mano la planta, las oficinas y, sobre todo, que escucharan los modos en que deberían activarse para aprovechar al máximo su primera etapa en el mundo de la empresa.

El primer modo de activación es el que denomino "Modo Esponja". La capacidad de comprensión sistémica. Me gusta remarcar que no se trata solo de aprender mucho, sino de absorber conocimiento mientras absorbes también contexto, entender relaciones, captar patrones y conectar ideas. O sea, detectar cómo realmente fluye el trabajo y no solo adquirir conocimientos técnicos sin más.

Sí, realmente es la manera de que una joven empiece a desarrollar velocidad de aprendizaje con criterio práctico. Y en un mundo necesitado de adaptabilidad se necesita entre otras cosas visión transversal y capacidad de anticipación, por lo que este modo que se aplica en el entendimiento del negocio más allá de la técnica adquiere mucho valor en el mundo de la empresa real.

Siempre también les hablo del modo "Humildad". Lo que les generará confianza organizativa. Recuerdo cómo Fran escuchó mucho de mi parte que no le estaba hablando de inseguridad, sino de escuchar bien antes de sentenciar, aceptar correcciones cuando tocara redirigir decisiones o errores lógicos de la etapa de aprendizaje, preguntar cuando tocara sin ego, y entender que el conocimiento no está en un solo lugar sino que se encuentra distribuido por la empresa.

La humildad en las organizaciones cobra mucha importancia porque genera algo necesario para cualquier avance. La confianza.

Y generando confianza, la gente comienza a explicarnos y decirnos más cosas importantes, nos abre más puertas, nos incluye en conversaciones y en proyectos de relevancia, además de protegernos cuando toca y darnos oportunidades cuando entiende que debemos crecer.

Pensé en la humildad como reflejo de baja amenaza política, altas dosis de capacidad de crecimiento, y sobre todo, algo que se busca mucho en nuestra sociedad actual (cuál avis raris), como fiel reflejo de madurez emocional.

Siempre dejo para el final el modo que cierra el tridente, algo que para mí es diferencial, y no deja de servir como la principal arma entre lo vulgar y lo excelente de cara a generar el mejor dibujo de la potencia por encima del acto. El modo "Proactividad". La verdadera generación de impacto y valor añadido en personas, grupos, equipos y organizaciones.

La mayoría de las veces, este salto no lo provoca en persona, el becario, en nuestra organización. Por suerte o por desgracia, no siempre hay vacantes en la organización para que puedan ejercer como profesionales en la misma. Pero es permaneciendo en este modo durante su vida profesional, y generando hábitos desde los inicios, desde donde el joven deja de ser alguien dirigido a alguien que hace que los temas avancen.

Aún así, esta disposición denota desde los inicios cómo comienza a detectar problemas, cierra pequeños huecos, propone mejoras, prepara información incluso antes que se la pidan, etc...

Sí, se ve cómo va poco a poco asumiendo responsabilidades parciales, sin abordar grandes parcelas, pero reduciendo si puede la carga mental de otros compañeros más senior que empiezan a mirar al nuevo con agrado.

Y es que este modo, sin darnos cuenta, va generando percepción de fiabilidad, autonomía, una energía positiva que brilla entre a veces pasividad, y yo diría que incluso unas trazas a futuro de potencial liderazgo.

Siempre les digo a mis mandos que está bien preguntar "qué sabes hacer", pero no está de más saber o darse cuenta del "cómo eres y cómo enfocas tu modus operandi en el trabajo y en la vida".




La verdad es que los tres modos por separado pierden mucho valor, le decía a la madre de Fran, durante la cena, bueno, mejor dicho, mientras rematábamos la misma tomándonos un refresco en el garito de al lado del restaurante.

Cada modo suelto normalmente genera lo siguiente:

- El aprendizaje sin filtro desarrolla el ego.

- La humildad espera instrucciones.

. Y la proactividad suele ponerse en marcha o habla antes de entender.


Y aquí llega lo difícil, le decía. Que el joven, o el no tan joven, consiga hacer los tres modos convivir aprendiendo rápido sin generar rechazo y además moviendo cosas.

Me gusta que sean capaces de cerrar los ojos y los jóvenes se vean cómo al final veo hoy a Fran. 

Ahora lo miro y veo un mando intermedio de alto potencial, un coordinador no de nicho sino transversal y un perfil estratégico y no sólo operativo.

Esto es en lo que se ha convertido, por lo que no solo yo, sino su madre, debería estar muy orgullosa. Porque se inició como junior-becario, y aunque hoy le queda mucho todavía por crecer, se vislumbra un futuro líder de unidad, y por qué no una persona bisagra dentro de esta organización o de la que pueda ser su siguiente etapa.

domingo, 26 de abril de 2026

ESTUDIO DE LA CONSTANCIA

"La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia"


Ovidio (43 AC-17) 

Poeta latino


Silvia le daba vueltas a la cabeza sobre cuántas cosas nos planteamos hacer en nuestras vidas, ya sean en el entorno personal o en el laboral, y qué pocas concluimos. Y como igual de sencillo que proponerlas, es dejarlas a medias. Incluso a veces ni siquiera toman forma porque no llegan ni a empezarse.

La cabeza se le llenaba de ruido. Muchas ideas, mucho empezado, nada terminado, mucho abandonado por el camino...

Coincidía con su mejor amigo Carlo que crear era fácil, soñar también, pero lo difícil era avanzar en lo real, decir sí quiero, hacerlo, intentarlo, aun a sabiendas de que se puede fallar; y es más, seguro que fallarás, y no poco. 

Le estalló la pregunta: ¿Qué hay detrás de aquellos que envidiamos porque sí que llegan a tocar el supuesto éxito en sus carreras o en sus vidas según nuestro criterio?

Responsabilizamos al cerebro del hacer o no hacer. Pero el mismo es como la IA, una potente herramienta, la cual recibe la visión del planteamiento del reto, pero al final somos las personas las que debemos procesar y no darnos por satisfechos solo por tener la fase inicial de diseño de proceso.

En este punto Silvia saltó del cerebro a la mente, y no culpabilizando al primero de lo que ocurre con la segunda. Y es que entendía que a las personas nos encanta lo grandioso, lo brillante, lo milagroso, o sea, el éxito repentino, mágico. Y también, si hay aforo, comentar lo fantástico que va a ser lo que se ha planeado o lo que se va a hacer en el futuro. Sí, produce subidón y una recompensa inmediata, aparte de provocar una sensación de autoestima.

Además, Carlo apostilló que cuando se cuenta lo que se va a hacer, se atrae la atención de nuestro entorno, ayudándonos a sentirnos muy bien independientemente de que luego lo hagamos o no. "Sentirse escuchada y admirada" .- pensaba Silvia.

El éxito es fácil de comprar, porque cualquiera lo compraría de inmediato, pero ¿qué del camino duro y peligroso para alcanzar esa meta, ese destino? Esa es la verdadera cuestión, cómo comprar los reconocibles y bien llamados "dolores de crecimiento".

Recordaron juntos a un colega común, conferenciante de management para empresarios y profesionales del mundo de los negocios, con un caché muy elevado por sesión y conferencia. Sí, todos querían ser como él, pero no eran capaces de responder a la pregunta directa que les hacía: ¿estás preparado y dispuesto a hacer y recorrer todo lo que yo he pasado durante 30 años para estar aquí en lugar de estar donde tú estás hoy?

Fácil vender la inmediatez, concluyeron. Tachando a la otra parte de haber tenido suerte, de haber recibido ayudas, etc., y qué poco se pone luz a las dificultades del camino, a los sinsabores, las caídas, los golpes, las incomprensiones...

Exigencia, disciplina, compromiso, fuerte defensa de los valores y creencia de las raíces robustas que alimentan a que verdaderamente las cosas sucedan.

Charlaron también de la importancia del apoyo del equipo. Cuando unos caen, los otros los levantan. Y viceversa.

A Carlo le gustaban los ejemplos de la vida real, cercana. Y pensó en el éxito en el gym o en las dietas. Y también en los fracasos. Cuántos colegas, amigos, familiares, conocidos se ponían los lunes a ello y sin remedio fallaban el martes. Y ese no era el problema, sino que sus mentes no se permitían fallar un poco, de tal manera que procrastinaban tras el error de no ser perfectos y paraban toda la semana o más, retrasaban de nuevo el intento y en el mejor de los casos, tiempo después intentaban volver a empezar. O ante el mínimo fallo, se borraban y así se alejaban del problema de la no perfección. Y es que la mente no permite fallar un poco. Nuestra imagen es la del yo ideal. La perfección. Y esto dirige nuestro comportamiento. Somos nuestros superhéroes favoritos. Y cuando llega un día un fallo, no aceptamos la vulnerabilidad, ni la general ni la individual.

Necesidad de perfeccionismo y extrema hiperexigencia. Reacios a reconocer nuestra vulnerabilidad. Y es necesario por el bien propio no machacarse, no humillarse y no proyectarse hacia el futuro porque fallar una vez no es como fallar siempre y en todo. El yo ideal o la conversación fatídica que tenemos cada uno con nosotros mismos. Eso no es así. Porque tener una pequeña mancha no significa estar manchado. 

Pero pensó también en los que sí llegan. Atletas, deportistas, periodistas, directores, maestros, electricistas, abogados, personas que fallan, se saltan la dieta y no van al gym; vale, fallan, sí, con el truco de que son firmes y a la vez compasivos, en lugar de duros y despectivos. Son constantes ante su imperfección.

Esto les permite persistir. Abrir el intervalo, dirimir lo bueno y lo malo y ponerlo en la balanza. Platillo correcto, platillo incorrecto. Pasando a prepararse para ser constante, y utilizar el poder de las palabras en nuestra mente para hablarnos a nosotros mismos, porque lo que es cierto es que la mente es lingüística. Y las palabras no se las lleva el viento, sino que al contrario cimentan nuestro comportamiento, para bueno y para malo.

Definir el ser, Carlo, le decía ella. Porque el ser es distinto del tener. Ser tonto o listo es distinto a tener esta capacidad o esta otra. Y de lo que se trata es de convencerse de ser alguien, como persona o como empresa, que merezca la pena. con los errores, los aciertos, con las cosas favorables y con las que no lo son.

Y pensaron sobre la constancia. Carlo dijo lo difícil que es construir la constancia desde cero. Porque sabía que nunca se construye desde tan bajo. Todo ha sucedido en nuestras vidas y hemos llegado hasta aquí porque hemos sido constantes en algunas cosas. Eso sí, tenemos cosas que mejorar de nuestra firmeza. Sin partir de cero. Hay que pensar en lo que sí hacemos de manera recurrente y tener la sensación de empuje en ejemplos en los que sí lo somos para fabricarnos y acercarnos a lo que queremos ser.

¿Te crees que puedes? Créetelo. Es necesario tener algo que te mueva, porque no nos lo creemos y pensamos que no nos va a pasar a nosotros. Puede que Silvia sintiera una cierta falta de humildad. Si le pasa a los demás, también nos puede pasar a nosotros, le repetía Carlo.



Y ya desde la soledad del sillón, sin pantallas, con la familia retirada a sus aposentos, en el silencio de la noche, resumió sobre qué narrativa comprar. Concluyó que si la cambiaban, empezarían a cambiar lo que le iba a ocurrir. No tendrían que ser permeables por las noticias que les llegaban. Y decidió proyectar en el futuro para crear una imagen, con parte consciente e inconsciente, que les permitiera activar sentimientos y procesos reales orientados a esa proyección.

Quería diseñar su vida como una tendencia orientada a la proyección. Conseguir sus sueños, su reto. Y proyectar lo positivo sobre cómo verse en ese fin de trayecto, triunfal. Ese sería el gancho para que de forma natural le estuviera poniendo sentido y motivación profunda a su ser, pasando del dolor del proceso al disfrute de los bienes no materiales que significaban la llegada a la cima; viendo el horizonte infinito, disfrutando del lugar y de la paz que el mismo le regalaba.

miércoles, 15 de abril de 2026

QUERIDO TECNOVE:

 Querido Tecnove:

Feliz Cumpleaños. Hoy celebramos tus 40 años y los 30 de Tecnove Fiberglass. No es casualidad que compartamos la fecha con Tecai, Tecnoseñal, y así hasta 11 empresas en total. El plan no era sencillo, pero el meditado cuidado de todos los detalles atisbaba que algo grande podría estar forjándose detrás de esos emprendedores, que inicialmente fueron mis jefes, y hoy son parte de mi familia. Sí. Ambas partes se lo han ganado.

Hoy estamos de aniversario. Y, para mí, es imposible no mirar atrás y simplemente sentirme feliz.

Entré en la compañía apenas dos años después de terminar la carrera. Era mi segundo trabajo, pero pronto entendí que no sería uno más. Me encargaste mi primer proyecto, certificar la empresa bajo la norma ISO 9000. De enero a octubre, y primer hito conseguido. Prueba superada.

Ya un año después nació algo especial: la emancipación de la línea de frigoríficos, el salto al polígono, la creación de una nueva realidad con un proyecto que volaba solo, sin la red de la madre, pero con la solidez de unos valores compartidos que no habían caído en saco roto durante la década anterior.

Nos fuimos 23 empleados. Éramos parte de un equipo de 108 en total. Y cambiamos el terreno agrícola, el viñedo típico de la zona, por la primera nave industrial del nuevo polígono de la localidad. Ya existían otras empresas hermanas, y sin saberlo del todo, estábamos dando forma a algo que con el tiempo definiríamos casi como una "estrella de mar": jóvenes, con ilusión, con hambre. Separábamos un brazo... y nacía una nueva estrella. Y de cada pequeño grupo surgían proyectos que crecían hasta convertirse en equipos de cien personas.

Así han pasado 30 años.

Lo que empezó como aventura se convirtió en familia. Una familia que ha crecido, que se ha diversificado, que ha evolucionado... pero que ha sabido mantenerse fiel a lo esencial.

Siempre he tenido la sensación de que el crecimiento ha sido sano. Sostenible. Que la estrategia marcaba el camino y la estructura acompañaba con equilibrio. Que nunca se apartaba la vista del futuro... pero sin olvidar de dónde veníamos.

Y si me preguntan qué hace que alguien pase tantos años en una misma casa, profesionalmente hablando, la respuesta es clara:

Que los dueños te hagan sentir que es tu casa.

La confianza que depositan en ti.

Tener un propósito.

Creer en un propósito.

Sentirse útil.

Sentirse valorado.


Porque aquí uno no se queda quieto. Aquí uno crece.

De técnico de calidad a técnico de diseño. 
De diseño a producción. 
De producción a dirección de fábrica. 
De fábrica, a la dirección de estrategia y proyectos globales. 
De estrategia a crear una comerciadora con japoneses. 
De crear a liderar, de liderar a salir, de salir a emprender... 
y volver con más ganas, más experiencia y la misma ilusión.

Porque no, no es aburrido estar en la misma empresa. No cuando entiendes que el libro no te lo escriben... lo escribes tú.

Incluso cuando decides emprender, sientes el apoyo de quienes fueron, son y serán tus jefes. Te siguen. No te olvidan. Y el camino, tarde o temprano, vuelve a cruzarse. Y cuando lo hace, ambas partes vuelven a generar valor, desde un lugar más maduro, más consciente.

Hoy, al celebrar estos 40 años, y los 30 de nuestra propia historia, lo que realmente celebramos no son solo cifras. Celebramos una forma de hacer empresa. Una forma de hacer equipo. Una forma de hacer familia.

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. A los que estuvieron, a los que están y a los que vendrán. 

Y sobre todo, gracias por seguir haciendo que cada día merezca la pena levantarse con la misma ilusión que hace 30 años.

Feliz Aniversario.

domingo, 5 de abril de 2026

DEL MIEDO AL INFINITO: LOS VASOS COMUNICANTES DEL ALMA

"El porvenir es mucho más de los corazones que de las mentes. 

Amar, eso es lo único que puede ocupar y colmar la eternidad. 

El infinito precisa de lo inagotable"


Victor Hugo (1802-1885) 

Novelista francés



Marino se enfrentó al paso. El Señor en la cruz. Sólo. Abandonado por su Padre. Lo hizo por él. Por todos.

Le dolía mucho más porque lo ocurrido este último año afectó a personas a las que quería mucho. Estaba en un pozo. Su influjo no era bueno. Había conseguido su aislamiento. En su momento pensó en ella como celosa, envidiosa y con mucho miedo. Pero el miedo se expresa de muchas maneras: envidia, ira, ataque, violencia, guerras, resentimiento, prepotencia.

Pero a decir verdad, a Marino no le abrazaba el resentimiento ni el odio, sino que le gustaría que todo volviera a ser como antes. Se abrió a la posibilidad de que sus sentimientos le podrían estar llegando a ellos, a través del plano metafísico, y recordó entonces la famosa teoría de los vasos comunicantes. Marino lo llamaba el plano vertical, tan diferente al plano físico u horizontal.

Le rezó al Señor y visualizó de otra manera a esos seres queridos que se habían alejado tanto. Se imaginó a sí mismo pleno de sentimientos de amor, paz y amistad, como si nada hubiera pasado. Cerró los ojos y mientras sonaba la música, como un sueño, fue capaz de ver un halo de luz que salía de él mismo y llegaba a ellos. Decidió salir del plano finito y aterrizar en el juego infinito. Comprendía el dolor, la pena, el sufrimiento. No juzgaba, pero necesitaba eliminar no tanto la ira sino la tristeza que todo lo acontecido le estaba causando.

Resonó en su cabeza esa frase que escuchó la primera vez en una charla de un congreso al que había asistido la pasada Navidad: "Era como un bloque de mármol lleno de defectos, pero el escultor lo que estaba viendo era la escultura dormida que había en su interior".

Y empezó a ver a sus amigos no como seres en blanco y negro, sino como seres de luz. Y trató de verles como seres felices y dignos del disfrute. Se los imaginaba serenos, llenos de paz, y consiguió verles como bellas esculturas dormidas atrapadas en el bloque defectuoso a ojos del mundo.

De repente, Marino no supo cómo, pero la especie de sueño salió para elevarse sobre él; y notó que su oscuridad misma cambiaba a una imagen de luz y color. Eran los vasos comunicantes del universo vertical.

Se separó del gentío. Lloró. Lo había entendido. No solo ellos navegaban en la relación entre sombras, sino que él también se había alejado de la luz.

Pensó en la toxicidad como conducta, no como persona. Había tratado de parar a las personas tóxicas en lugar de a la toxicidad de las personas. Es importante distinguir este tema, porque a la persona se le castiga, pero a la conducta se le intenta corregir.

Se le metió otra cuestión en la cabeza. ¿Cuál era la mejor orientación para reconocer que iba en la dirección correcta? En esas estaba cuando apareció el palio de la Virgen. Y Ella, la Madre, le dio la respuesta. Tenía que ponerse del lado del amor. No solo del amor al prójimo, sino del amor a él mismo. No era posible amar a los demás si no te amas a ti mismo. Pensó en los vasos comunicantes de nuevo, como idea recurrente, que le trasladaba de la escasez a la abundancia en el camino del Amor.

Y pensó en la Paz Interior. ¿Qué estaba evitando que estuvieran en paz? No era tristeza, sino paz lo que necesitaban para olvidar y caminar hacia una meta común. Y lo que le restaba la paz volvía a ser el miedo. El miedo a no estar a la altura, a defraudarles, y al final, "si no se da la talla, acabarán no queriéndome", resonaba una y otra vez.

Y recordó a los tipos de persona que cuadran las cuentas de la vida como si fueran contables. Y entendió que convertir el amor en un trueque es el mayor error que los humanos pueden cometer. "Llego al nivel requerido y me quieren, no llego y no me quieren". No, así no es.

Porque el Amor no depende de lo que haces, sino de lo que eres. Interiorizó que el amor no entiende de interés, ni de trueque, ni nunca introduce condiciones en la ecuación. Porque queremos de manera imperfecta, pero se puede amar de manera perfecta. Hay que amarse aunque no se consiga siempre el objetivo. Sentirse fracasado te quita la paz. Y qué grande es el que perdona aun teniendo razón. No estaba pensando en el mundo físico, finito, sino en el infinito que te regala la metafísica y el Amor del Padre.




Se fijó en la mirada de la Madre, mientras sonaba la banda, elegante, casi susurrando al oído de una mujer que resistía como alguien que no es de este mundo. Esa mirada pura, apreciativa, con un semblante justo que transmitía una llamada al Amor. Y aún sabiendo del sacrificio y todo lo que su hijo iba a pasar, era capaz de consolar al pueblo y donarnos a todos una buena dosis de paz interior. Siguió su camino detrás de la cruz que ajusticiaba a su Hijo.

Y por primera vez en mucho tiempo, Marino no necesitó entender nada más. Porque estaba en Paz.

domingo, 1 de marzo de 2026

EXTRAYENDO FUERZA DEL SUFRIMIENTO

"No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo"


Mario Benedetti (1920-2009) 

Escritor y poeta uruguayo




Patricia bajó del avión tras una semana de paliza. Su círculo más cercano la llamaba Patri. Y Patri ahora sí que sabía que tenía que seguir por la senda que se había marcado. Merecería la pena. Y tenía sentido.

Pensó, ya de camino a casa en el coche, que no tenía sentido luchar por librarse de decepciones y en definitiva, no tenía necesidad de acomodarse para, sintiéndose protegida cerca de las tablas, acabar rematada por la puntilla, y muerta como ese toro manso que busca refugio en lugar de la gloria en el centro ruedo.

Sí, estamos hechos de esperanzas y de deseos, pero la indiferencia del tiempo que no marca nuestro ritmo, sino el suyo, y el azar o incluso las esperanzas o deseos de otros hacen que el camino esté cargado de dolor aunque la meta siga siendo la misma.

Ya hacía tiempo que Patri se negaba a separar, como si fueran parcelas estancas, vida personal y laboral. No existen varias vidas, sino que en realidad es una interconectada que se funde en la existencia total de un camino único a recorrer. Y claro, lo iba a transitar en toda su plenitud, sin protegerse, sin miedo, porque pararse y ponerse bajo el escudo no era algo seguro para no acabar con el corazón roto, la mente perdida y el proyecto de vida agotado.

Quería extraer fuerza del sufrimiento para generar una vida con sentido. 

Y pensó mientras enfrentaba la parte final del trayecto, y algún que otro semáforo, que se trataba de un viaje mix de bondad y crueldad; y compró la paradoja de que la más profunda transformación siempre llega después de una total devastación. No, ante las esperanzas torcidas y los deseos rotos no resultan las protestas y las quejas. Porque las mismas no cambian la realidad, sino que la realidad es la que nos cambia a nosotros.

La rueda en la que vive y la vida misma le somete a una estructura básica como sigue: sufrimiento, aceptación y transformación. 

Pensó en aquellos momentos de tranquilidad en su vida, justo antes de recibir alguna que otra llamada para cruzar un umbral desconocido, atravesarlo y enfrentarse al peor de sus miedos, y de momento, ganar porque la partida no acabó en muerte. Y recordó el símil de la barriga de ballena; te engulle, luchas dentro y cuando sales, nunca ya eres la misma persona. El dolor eleva y construye al nuevo yo. Pero su equipo debía aprender a gestionar y gestionarse dentro del estómago de la ballena. Aprender a gestionar el dolor como mecanismo de cambio. Y había ejemplos de seres humanos que esto lo llevaron al extremo. Se le vino a la mente el libro "Un hombre en busca de sentido", y aun más cercano, un amigo de su padre condenado a cárcel en la etapa comunista de la antigua Checoslovaquia.

Y repasó la historia del amigo de su padre, que siendo escritor y habiéndole prohibido sus obras en escuelas y bibliotecas, se lo tomó diríamos filosóficamente, y encontró en su pena, en las torturas que recibía, y en los trabajos forzados una creatividad que le permitió a través de cartas a su esposa convertir las mismas en los capítulos de pensamiento que serían en un futuro su nueva novela, el propósito que le dio sentido a todo su sufrimiento.

Su objetivo era la autoconsolidación, recuperar quién era, y la cárcel fue su instrumento de reconstrucción personal.

Esa era la clave de Patri. Vivir en libertad. Porque la libertad absoluta es elegir cómo respondes a lo que te pasa, cuando especialmente te pasa algo que duele de verdad.




Ya en casa, tras disfrutar de un buen rato de cena con la familia, se sentó en su sillón favorito. Todo estaba en silencio; no phone, no tablet, no TV. Y su pensamiento se fue a cuál diferente era el optimismo vs la esperanza a la hora de gestionar la incertidumbre.

El optimismo acaba, si no se cumple la expectativa, derrumbando a la persona, mientras que la esperanza es la certeza de que algo tiene sentido independientemente de cómo resulte.

Sí, el optimismo depende del resultado externo mientras la esperanza lo hace del propósito interno.

Si la lucha tiene sentido, el resultado importa, pero no es lo único que te sostiene. Aguantar los madrugones, la gente que bloquea, los largos viajes (su campo de concentración y su cárcel); si piensas que pasar por todo esto soporta un bien mayor, claro que merece la pena. Una visión. Algo que tiene sentido y salva incluso a los que hoy solo te condenan con zancadillas.

Y claro que las ampollas provocadas por el camino propio provocan un dolor que hace difícil la conciencia del propósito final. Y claro que el sufrimiento profundo hace que el dolor eclipse todo lo demás. Incluso el plan o la vida puede, al final, parecernos un sinsentido. 

Pero el fin que abraza a la parte y la dignidad de hacer algo que merece la pena por encima de aguantar lo que caiga, eso sí que es lo que da sentido a este esfuerzo.

Acabó cogiendo el libro de notas y escribió lo siguiente antes de irse a la cama: 

"No te salves ni te quedes inmóvil al borde del camino. No te quedes en un lugar seguro. No te protejas. Porque de verdad te digo, eso no es vivir. La verdadera fortaleza es atreverte a vivir plenamente. El consuelo de los que quieren escribir su guión y no vivir el de los demás; y no es pensar que todo va a salir bien, sino que salga como salga, acabará teniendo sentido".

domingo, 22 de febrero de 2026

LUZ Y OSCURIDAD EN UN MUNDO INCIERTO

"Para que triunfe el mal, 

sólo es necesario que los buenos no hagan nada"


Edmund Burke (1729-1797) 

Político y escritor irlandés. 



Tras la salida de las cañas de los viernes, fórmula que remata semanas y semanas de mucho trabajo y andanzas laborales desde hace más de 27 años, Rafa me comentó que aunque los equipos y los compañeros eran técnicamente muy capaces, algo muy importante se nos estaba yendo de las manos. Actitud. Clima. No sabía explicarlo, pero no veía fluidez.

Pensé en los equipos. Se había consumido mucha energía, comunicación, explicaciones en reuniones de dirección, etc... pero sí que era verdad, una vez parabas y analizabas situaciones, que en lugar de vivir en un lugar en el que se trabajaba por un objetivo común, solo se sentía competitividad interna, podríamos decir silenciosa, pero no por ello menos nociva. Cuando se hablaba de trabajo en equipo, casi nunca se podían poner ejemplos interdepartamentales, y dentro de los equipos, solo en contadas ocasiones. Y no sólo pensé en alguien que ayuda a un compañero sin pedirle ayuda, sino en el hecho de no vivir dentro de la organización ni un solo ejemplo de cómo alguna vez alguien pide ayuda a otro. Sí que se aprecia cómo unos cuestionan a otros. Todo es cuestionado, y así sinceramente resulta todo muy complicado.

Ya en casa, volví a recordar el tema del coche y lo de conducir acelerando y frenando a la vez (esta vez dándole otro sentido). Los seres humanos, los equipos y las empresas aceleran y frenan muchas veces al unísono. ¿Cómo? Imaginé ejemplos de significado de cada acción.

Acelerar lo imaginaba en personas que trabajaban con pasión, entusiasmo, visión compartida, deseo de evolucionar, de contribuir, de mejorar...

Y frenar en cambio lo vivía desde dentro como rivalidad, envidia, celos, miedos, angustias, ansiedades, dejadez, desidia...

Y daba igual que fueran los mejores técnicamente en lo suyo. Son frenos si sólo les importa ser más grandes que los demás, ven en lugar de colegas, rivales, y en definitiva, solo les importa ser el único que lo hace tan bien. Los etiqueté como seres de "oscuridad".

En cambio, también tenía el que dejaba de un lado la rivalidad y solo trabajaba vía cooperación. Éstos vivían y hacían de su entorno un caldo de cultivo que permitía a todos crecer, avanzar, mejorar. Les puse mentalmente la etiqueta de seres de "luz".

Pero la gente no hace lo que se le dice, sino que hace lo que ve. Y por tanto, se necesita cada vez más y más urgente liderazgo en directivos y mandos intermedios que ante el éxito potencien a las personas a su cargo, les animen, les reconozcan en público, les hagan brillar, y saquen su "luz". Y en cambio, cada vez menos jefes que piensen sin decirlo: "las medallas son para mí". Porque esta gente publica el error de los suyos, hace leña del árbol caído, y al final, los hunde...

El líder de verdad, ante el problema, debe hacer ver a su equipo que el mismo tiene que resolverse, pero que ellos son capaces de hacerlo sin ayuda, y les da el impulso para que se pongan manos a la obra para arreglarlo.

Si hay tecnicamente materia prima y el proyecto fracasa, lo que falla es el liderazgo. Y para evitarlo, el líder (recordemos que principalmente será un líder de servicio) debe ponerse en modo "dar ejemplo".

Luz y oscuridad. Las etiquetas que todos tenemos en un grado diferente deben reconocerse. Será el primer paso. Luego, con trabajo, favorecer que la oscuridad salga de la organización, no solo saliendo personas de la misma, sino generando un clima que favorezca la luz como principal atributo. Nada de potenciando los resultados para brillar por encima de otros de manera individual, sino que generando luz para guiar, ayudar, hacer crecer y conseguir avanzar en un camino que no es del individuo sino de la comunidad.

Pensé en los verdaderos líderes como potenciadores de equipos, siendo firmes sin ser duros y generando una visión compartida. Y pensé también en los jefes, los cuales aprovechan el poder solo para premiar y castigar. Luego recordé la diferencia entre el poder y la autoridad, y cómo activa el movimiento. Porque el poder mueve por miedo, y la autoridad por entusiasmo.




Toca buscar luz en todo y todos, evitar el peligro de solo ocuparse de los resultados, y que el personal solo se sienta como viles herramientas para producir: planos, pedidos, productos, visitas, entregas...

Rafa me dijo, al despedirse, que la gente que no es bien tratada, o se aguanta, o hace algo (por ejemplo, irse); no sé qué será peor, pensé después de volver a casa.

Siendo verdad que no estamos en el campo de lo fácil, sí que estamos en el campo de lo posible, pero cuidado, que el verdadero liderazgo es también dar la cara y estar dispuesto a pagar el precio. Y por ello, al final, convenimos que queda mucho trabajo por delante, pero merece la pena y no hay que desfallecer, ya que no se trata de pensar en todo lo que va a costar, sino en hasta dónde nos va a llevar el esfuerzo.

"Caminar con sentido".- Me dije a mí mismo.

domingo, 18 de enero de 2026

FRENO Y ACELERADOR. EL VERDADERO DILEMA DEL LIDERAZGO EN EL CAMBIO

 "En industria:

Un acelerador sin frenos rompe la máquina. 

Un freno sin acelerador congela la empresa"



Juan salió del concesionario con su nuevo coche: automático, pero no autónomo. Giró en la primera calle hacia la izquierda, y tras el semáforo que dejaba atrás la zona industrial tuvo que soltar el acelerador para pisar el freno mientras el balón cruzaba por delante del vehículo parado a tiempo...

Y después del balón llegó el niño, sin mirar, obsesionado por no perder de vista el nuevo regalo de cumpleaños.


Ya en casa volvió a recordar la escena. Pensó en su empresa y en la situación de cambio que estaban viviendo, e intentó pensar en los diferentes profesionales que formaban parte de ella dividiéndolos en dos grupos: el grupo freno y el grupo acelerador.

Sabía que cumplían funciones distintas y necesarias, pero dependía de dónde estuvieran ubicados en su organización y si eran o no conscientes del rol que desempeñaban en la misma.

Recordó a los más destacables en el lado acelerador. Veían oportunidades antes que los otros, trabajaban cómodos en un ambiente incierto, cuestionaban el temible "siempre se ha hecho así", además de movilizar en todo momento energía, ilusión y sentido de urgencia para traducir la estrategia en acción rápida.

Eso sí, a veces se saltaban procesos críticos tomando decisiones sin aterrizarlas en la realidad operativa generando rechazo en planta por ir demasiado rápido, e incluso provocando fatiga organizativa.

Por otro lado, se le vino a la mente los máximos exponentes de la empresa que de manera continua contienen, cuestionan y siempre piden pruebas. Protegen la estabilidad operativa de la organización, detectando riesgos, manteniendo conocimiento tácito del negocio, haciendo preguntas incómodas pero necesarias y evitando errores costosos e incluso irreversibles.

Eso sí, cuando dominan el juego en exceso, bloquean el cambio por miedo o, peor, por comodidad, usando el factor riesgo como excusa, cayendo en un cinismo organizativo e imponiendo un modus operandi basado en "mejor no moverse".


Llegó a una conclusión clara. No sobra nadie, sino que hay que saber desde la dirección alinear el rol con la posición.

Juan aterrizó en algunos de sus directivos y entendió el equilibrio entre acelerar en la visión y el para qué mientras se frena de manera inteligente en el cómo y el cuándo. Porque si fueran solo freno, morirían antes de empezar la partida y en cambio, solo acelerador perdería credibilidad terrenal en la organización de la planta.

Ahora sus pensamientos viraron hacia el epicentro del cambio, sus mandos intermedios. Sabía que son los traductores entre estrategia y realidad. Los operarios le creen a ellos más que a los componentes del comité de dirección. Y claro que son más freno, ya que por un lado viven los problemas reales y además, pagan los errores en primera persona.

El problema es que se les pide aceleración pero no siempre se les da margen, seguridad psicológica ni herramientas. ¿Resisten o advierten? Estas cuestiones resonaban en la cabeza de Juan mientras ya empezaba a haber movimiento en la planta baja de casa. Miró la hora y supo que ya habían llegado los chicos de las actividades extraescolares, por lo que en cinco minutos bajaría para preparar meriendas antes de que se fueran a estudiar a sus habitaciones, pero antes quería dejar en plan borrador qué peligros atisbaba respecto al tema que tenía entre manos y cómo enfocar bien lo que hacer para aprovechar las dos palancas, más bien en sus dos pedales. Sonrió y volvió a pensar en su nuevo coche.





Escribió en su app de notas los patrones peligrosos según su criterio:

PELIGROS

- Si solo acelera la dirección y solo se frena en planta, se produce un choque cultural que genera un ambiente tóxico difícil de solucionar.

- Si se asciende por fiabilidad a personas "freno", se genera una organización excelente para la estabilidad, pero mala para la transformación necesaria.

- Si existen personas "acelerador" sin legitimidad técnica, todo se queda en mucho discurso y poca credibilidad.

- Si los mandos intermedios se consideran atrapados, acaban acusando al cambio de "impuesto" y lo ralentizarán en silencio.


ACCIONES.- (Se leía al final de las notas)

- Identificar explícitamente quién acelera y quién frena.

- No etiquetar siempre al freno como "negativo".

- Diseñar el cambio con ambos perfiles en el tapete.

- Asigna tareas de visión, pruebas piloto, innovación a los aceleradores y tareas de escalado, estandarización y control de riesgos a los frenos.

Y recordó a un antiguo jefe que tuvo en la primera década de este siglo (que ya se ha comido el primer cuarto):

"Evalúa a los directivos por equilibrio y no por velocidad"

domingo, 4 de enero de 2026

UN SUEÑO LA NOCHE DE REYES

"No hay un final. No existe un principio. 

Solamente existe una infinita pasión por la vida."


Federico Fellini (1920-1993)

 Director de cine italiano.




Frida quería pasar página y, esta vez, decidió pedirles a los Sus Majestades, los Reyes de Oriente, conocimiento y fortaleza para afrontar un fin de ciclo en este inicio de año. Se durmió pensando en la noche de Reyes, soñó que se encontraba con ellos mientras caminaban hacia Belén y le hablaron sobre el asunto que le inquietaba.


Le indicaron que era importante estar convencida de querer cerrar lo que se empieza, no como un final absoluto, sino como una transformación y un inicio para con una nueva etapa.

A veces son personas, otras situaciones o proyectos profesionales. En este caso era un poco de todo. Le gustaría huir sin suturar la herida. Pero no podía, o mejor dicho, no debía. Y sí, causan dolor, pero la nostalgia no debería quedarse como un freno en un duelo eterno, entre otras cosas, porque es peligroso que se transforme en apego.

Dejar ir suena a despedida, pero ¿y si es un soltar para recibir lo que está por llegar?

Difícil poner punto final y aceptar que el ciclo ya ha culminado. Pero la decisión estaba tomada.

Hay que lograr tomar distancia de los pensamientos negativos. Quedarse con lo verdaderamente bueno, lo positivo, e ir a la raíz de la situación que generó el conflicto y que sentenció un proyecto del que ya poco se puede sacar. Nada de anclarse en un pasado que no deja vivir el aquí y el ahora, el cerrar los duelos, el finalizar la etapa.

Y sí, se abrió una herida, pero cuidando el pasado, repasando lo bueno, viviendo el dolor de la pérdida, seguro que se sanará y quedará el recuerdo y el aprendizaje que el capítulo de la vida nos regaló.

Un nuevo día, un nuevo amanecer, un nuevo capítulo...

Frida se aferraba a su pasado y les preguntó: ¿Qué me aportará esta nueva etapa?

No tardaron en contestarle; entendemos que el cambio generará en ti claridad mental, salud física (y de nuevo, mental) y mejores relaciones con tu gente más próxima. Además, estará abierta a nuevas oportunidades tras descargar parte de tus preocupaciones y hacerlo tras una introspección y autoconocimiento profundo, permitiéndote manejar desafíos futuros, resolver conflictos internos y alcanzar una mayor paz interior y armonía.

¿Cómo lo hago? — les cuestionó Frida.

Ellos no dudaron y le invitaron a reflexionar sobre qué etapas podía navegar para finalizar algo en la vida, aconsejándole lo siguiente:

Primero, Frida, debes reconocer que el ciclo está próximo al cierre. 

Entonces, reflexiona sobre lo aprendido, lo experimentado y el impacto que tuvo en tu vida.

Es fundamental que aceptes lo sucedido, sin juzgarte, entendiendo que es clave para poder seguir creciendo.

Por favor, libera las emociones, ya sea corriendo, gritando, hablando con alguien de confianza, escribiendo o, si lo necesitas, yendo a terapia. A nosotros nos ayuda viajar por el mundo, en camello, y regalar muchos juguetes a todos los niños del mundo. Y a veces, en lugar de juguetes, sueños como este (Frida les miró atónita y creyó ver a Baltasar guiñarle un ojo y todo).

Y aprende a soltar y separarte de lo que ya no sirve, al contrario, puede que reste. Liberar espacio en una mochila muy llena siempre hace el camino más soportable y sobre todo con más espacio para lo que puedas encontrar en el mismo.

Para rematar, siempre es necesario planificar. Planifica tu futuro. Pon foco en la nueva meta y en lo que quieres lograr. No olvides que obtener una dirección para avanzar en el sentido correcto es primordial si se quiere llegar al destino elegido.



Frida se despertó plena de energía. Era 5 de enero y tenía un día completo por delante para preparar la llegada de Sus Majestades. Se sentía ligera, parecía que pesaba 10 kg menos tras los consejos recibidos esa noche, había soltado lastre; era temprano, arropó a sus hijos que aún descansaban, y tras tomarse su desayuno favorito, salió a dar un largo paseo por los alrededores de su localidad, sola, sin rumbo, disfrutando de la frescura que la mañana le regalaba. Eso sí, tenía claro que quería pasar página y con conocimiento y fortaleza afrontaría el fin de ciclo que la vida le había deparado este inicio de año.