"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

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domingo, 11 de octubre de 2026

LA BOLA NEGRA

"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos"


Eduardo Galeano (1940-2015) 

Escritor y periodista uruguayo



Este finde nos hemos dado un baño de cumples en familia y nos hemos puesto al día. Además, hemos aprovechado para ver "La bola negra", como colofón al mismo.


Pensé en el hilo conductor de la película y en las tres historias que aparecen en la misma. Lo que las conecta es, sin duda, que tanto Carlos como Sebastián y Alberto tienen que decidir si viven según sus valores o se adaptan a lo que la sociedad les impone.

Distintas épocas, diferentes conflictos, pero una estructura común: los límites impuestos por la sociedad, personas que toman decisiones dentro de esos límites y las consecuencias que cada personaje sufre y que sobreviven a las personas que tomaron esas decisiones en su momento.

Pensé en nuestra vida actual. ¿Estamos en el bando equivocado? La película nos invita a distinguir entre pertenecer a un grupo y compartir de verdad sus valores. Y sobre todo, nos habla de la responsabilidad individual dentro de estructuras sociales que nos condicionan a la hora de decidir. Ahora bien, sentir algo diferente a lo que se hace no nos exonera de la culpabilidad del hecho. Y esto me dejó pensativo sobre la contradicción de lo que sentía Sebastián y el haber tenido una hija que abandona dejándola a su ser como si ni siquiera existiera.

Y comencé a pensar en lo que a veces nos ocurre en nuestras vidas, dejando tres ejemplos:

- El rechazo en espacios sociales en los que no nos permiten entrar.

- El miedo que nos condiciona y no nos permite conciliar lo que sentimos con lo que mostramos.

- La herencia del silencio cuando heredamos un dolor causado por algo que no nos han explicado, nadie lo ha reconocido como suyo y tampoco hay voluntarios para reparar sus consecuencias.

Vale, lo acepto. Nadie puede elegir todas las circunstancias en las que vive, pero puede preguntarse qué hace con ellas y, sobre todo, qué dejamos a quienes vienen después.


Solo había pasado un día desde que vimos la película, pero mientras daba un paseo por el campo, cerca de casa, me vino a la cabeza la comida con dos buenos amigos del miércoles anterior, los cuales tenían su nexo de unión con la historia de "La bola negra".

Uno de ellos era Juan, el propietario de una empresa que había tenido que reinventarse tras ser rechazado por su socio de toda la vida. Había invertido desde joven su vida; dinero, esfuerzo, ilusión y una parte importante de su identidad. El socio, con su rechazo, cuestionó su papel y le obligó a comprender que ya no tenía el lugar que él creía ocupar.

Primero luchó por recuperar un reconocimiento perdido. Después, comprendió que el haber fundado una empresa no significa que su identidad deba depender siempre de ella. O sea, decidió que reinventarse no es olvidar lo construido, sino descubrir que uno mismo sigue siendo él independientemente de que haya alguien que lo haya dejado de reconocer.

El otro amigo que compartió con nosotros mesa y mantel era Pedro. El director actual de la empresa de Juan, el cual había construido su vida alrededor del trabajo, la responsabilidad y la ambición personal. Su valor era medido por su capacidad para resolver problemas y por el reconocimiento de todos los que estaban por encima de él. 

Las circunstancias lo cambiaron todo. Un despido y, en poco tiempo, la muerte repentina de su mujer. De tal manera que lo que parecía un "pause" en su carrera se convirtió en su nueva responsabilidad principal. Refugiarse en la empresa para evitar las dificultades de su vida personal no era opción.

Pero la vida lo unió a un Juan con necesidad de apoyo, y no duda en aportar su experiencia, capacidad de análisis y conocimiento del negocio para, desde una mirada más humana, entender lo verdaderamente importante.

Recuerdo su comentario sobre cómo había entendido que no había recuperado su valor gracias al trabajo, sino que había descubierto que su valor nunca había dependido exclusivamente de él.

Aún quedaba otro personaje que, aunque no estaba en la comida, formaba parte de esta historia por la relación con la película. Era el heredero de Juan, el cual había crecido sabiendo que algún día tendría que hacerse cargo de la empresa familiar. Pero su mundo estaba en otro lugar: en la danza, los ensayos, el escenario y las artes escénicas.

No rechazaba ni a la familia ni despreciaba el negocio, al contrario, lo respetaba. Simplemente sabía que aprender a dirigir un negocio exigía tiempo, presencia y compromiso. Cada hora dedicada a comprender todo lo que necesitaba en la empresa familiar se la quitaba a ensayos y a desarrollar su vocación. Y aunque le gustaba cumplir con todo, el equilibrio que ansiaba conseguir nunca llegaba.

La vida que debía elegir era la suya o la que le habían diseñado para él. Juan había recibido una explicación de su hijo unos días antes de nuestra quedada. Su hijo le confirmó que no optaba por recibir un patrimonio en forma de herencia de la empresa familiar, sino que prefería convertirse en su propio líder tomando la decisión de afrontar su sueño, que no era otro que bailar.



Ya en casa, tranquilo, intenté escribir una pregunta para cada uno:

Para Juan. ¿Quiénes somos cuando dejamos de ser lo que los demás esperan que seamos?

Para Pedro. ¿Qué significa tener éxito cuando aquello que considerabas imprescindible deja de ser lo más importante?

Para el hijo de Juan. ¿Podemos querer a nuestra familia y valorar su legado sin tener que vivir la vida que han imaginado para mí?


Sí.  —Pensé— Las tres historias podrían resumirse así: uno tiene que aprender a soltar lo que construyó, otro a cuidar lo que de verdad importa y el tercero a decidir qué merece la pena construir.

domingo, 23 de agosto de 2026

UN VERANO QUE CAMBIÓ NUESTRAS VIDAS

"Comienzo con la premisa de que la función del líder 

es producir más líderes, no más seguidores"


Ralph Nader (1934-?) 

Activista y abogado estadounidense



Ese verano había comenzado como otros muchos. Era el primero de nuestra época de instituto y todos teníamos muchas ganas de vivir lo que nos depararían estos dos meses que preceden a la feria del pueblo (y a próximo curso). Sí, mucho tiempo libre y tardes interminables en la piscina, paseos en bicicleta y algunos partidos improvisados en la era del barrio. Teníamos la sensación de que todo empezaba y terminaba en nuestro barrio.

Nosotros éramos un grupo de amigos que nos conocíamos desde pequeños. Compartíamos las tardes, las bromas, las pequeñas rivalidades y también los sueños, aunque todavía no hablábamos mucho del futuro e incluso no supiéramos muy bien lo que queríamos ser de mayores.

Javier nos dijo un día: —Este verano viene mi primo. Se quedará aquí un par de meses.

Y la verdad recuerdo que no le dimos mucha importancia hasta que apareció. Nos lo presentó el primer día de piscina y llegó con una naturalidad que enseguida nos llamó la atención. No intentaba demostrar nada y no contaba grandes historias. Simplemente empezó a hablar con nosotros como si nos conociera de toda la vida.

Se apreciaba en él algo diferente. Preguntaba. Y, sobre todo, escuchaba. Enseguida se quedó con los nombres, lo que nos gustaba hacer, qué deporte practicábamos, qué era lo que queríamos ser de mayores. Y se quedaba con todo; se acordaba de lo que le contábamos días antes. Si uno hablaba de fútbol, se interesaba por su equipo. Si otro presumía de que se le daban bien las mates, le preguntaba por ello. Si alguien tenía una preocupación, siempre encontraba el momento para escucharla. 

En definitiva, nos hacía sentir importantes. No porque nos dijera continuamente que lo éramos, sino porque se comportaba como si realmente lo fuéramos.

Recuerdo que nunca necesitaba ser el centro de la conversación. Simplemente nos dejaba hablar. Pero cuando intervenía, lo hacía para aportar algo.

Si tengo que describirle, lo recuerdo siempre con una sonrisa en la cara. Cuando le pedíamos algo, cuando hablaba con sus tíos, incluso cuando nos metíamos en alguna acalorada discusión de chicos, que alguna teníamos de vez en cuando.

En el conflicto o cuando alguien cometía un error, jamás lo evidenciaba delante del resto. Cambiaba el "eso está mal" por el "¿y si lo miramos desde este otro punto de vista?". Y entonces nos hacía pensar. Y casi siempre llegábamos a la conclusión que él quería mostrarnos a nosotros mismos desde el inicio.

Era como que nunca parecía que nos hubiera convencido, al contrario, la idea parecía que había sido nuestra.

Éramos adolescentes que estábamos aprendiendo algo mucho más importante que las asignaturas del insti; era la primera vez que estábamos aprendiendo quiénes queríamos ser. Y también creo que era la primera vez que nos trataban como adultos en lugar de como niños. Empezamos ese verano, gracias al primo de Javier, a hablar de cosas que hasta entonces apenas nos habíamos planteado. Nuestros estudios, nuestro futuro, lo que queríamos conseguir, los trabajos que nos gustaban y los que no, los lugares que algún día queríamos conocer, etc...

Siento hoy que nos catalizó en nuestras vidas el empezar a preocuparnos por nuestros sueños. Y nos hizo ver que podríamos conseguirlos. No nos dijo nunca que fuera fácil, pero él creía en nosotros antes incluso que nosotros mismos. Y algo empezó a cambiar en el grupo. 

El que suspendía empezó a estudiar un poco más. El que decía que estudiar no servía para nada se planteó primero estudiar en FP y acabó siendo ingeniero. El que despuntaba con el baloncesto se apuntó al club de la localidad. Y el que quería montar un negocio empezó a hablar de ello con su padre y con su hermano como algo posible.

Sí, sin darnos cuenta, todos empezamos a empujarnos unos a otros. Ese verano éramos mejores individualmente porque empezamos a sentirnos capaces, y ese chico nuevo consiguió que dejáramos de competir entre nosotros para empezar a ayudarnos como un verdadero grupo de amigos. Eliminó el ego y nos convirtió en un equipo. Ahora, en perspectiva, pensándolo mejor, quizá hizo algo más importante; nos convirtió en mejores personas.

Y nos enseñó con su ejemplo que escuchar vale más que hablar, que reconocer el esfuerzo de otro no cuesta nada, que una sonrisa puede cambiar una conversación, que admitir un error no te hace más débil (al contrario), que discutir para tener razón pocas veces sirve de algo...

Me dejó grabado que es mucho más poderoso conseguir que alguien vea por sí mismo una buena idea antes que imponérsela, que las personas hacen mejor aquello que sienten que han elegido por sí mismas y que confiar en alguien puede hacer que esa persona esté a la altura de la confianza que has depositado en ella.

Llegó septiembre y el verano se fue. El primo también se marchó y nunca más volvimos a saber de él. Todos volvimos a nuestra vida, pero en ese momento no sabíamos que aquel verano iba a quedarse con nosotros para siempre. Primero, porque algunas personas pasan por nuestra vida durante años y apenas dejan huellas, pero otras aparecen solo durante algunas semanas y son auténticos maestros de vida, sin pretensión de convertirse en líderes, ni con la conciencia de que lo son, pero se comportan de una manera que consigue que los demás quieran ser mejores.



Han pasado más de 30 años desde aquel verano. No sabemos nada de ese chico. Incluso perdimos la pista de Javier. Pero ese chaval que llegó al pueblo para pasar dos meses consiguió algo que muy pocos líderes consiguen; nos hizo sentir que éramos importantes, creer que podíamos y nos convirtió en un equipo de  personas adolescentes en construcción con sueños por los que luchar.

Creo que, sin pretenderlo, con su luz, nos enseñó el camino de una de las formas más poderosas de liderar: hacer que los demás quieran ser mejores personas.

Fue nuestro amigo durante un verano, pero se convirtió en un líder que yo, al menos, nunca olvidaré.

domingo, 9 de agosto de 2026

GAUDÍ Y LA EMPRESA

"Si no puedes trabajar con amor sino sólo con desgana, 

mejor será que abandones el trabajo y te sientes a la puerta del templo 

a recibir limosna de los que trabajan con alegría"


Khalil Gibran (1883-1931) 

Ensayista, novelista y poeta libanés



Jaime disfrutó mucho el día anterior asistiendo en familia al estreno de su hija mayor en el Palau de la Música. Fue un concierto cargado de simbolismo, emoción y, sobre todo, especial por lo que significaba para todos, pero sobre todo para su hija. 

Al día siguiente, aprovechando que no volverían a casa hasta la tarde, decidieron hacer una visita guiada a la Sagrada Familia. Jaime pensó que todo había merecido la pena; además, entendía la conexión entre el edificio modernista del Palau, su arquitecto, la música, el compositor, la obra y su hija interpretándola, y la gente de otro tiempo escuchando y deleitándose con una creación de siglos atrás válida para el actual. Eran dos caras de una misma moneda.

Jaime se separó del grupo una vez finalizada la visita guiada que él mismo había contratado hace meses. Entró en el museo del Templo y comenzó a leer y descubrir las diferentes salas del mismo. Poco a poco, fue descubriendo detalles de la construcción del mismo, así como diferentes anécdotas y frases del mismo Gaudí, entre paneles y fotografías de la época. 

Se paró en una frase que decía: "Para hacer las cosas bien es necesario, primero, el amor; segundo, la técnica". Gaudí. 

No pudo apartar su pensamiento de cuántas situaciones en la empresa mejorarían con actitud, y no aptitud, la cual se tiene normalmente pero no es suficiente si falta la primera.

Gaudí hablaba de amor, y ahora Jaime pensaba en proactividad.

Jaime descubre en un panel que la obra nació en 1866 y permanecía en construcción en el 2026; y otra frase de Gaudí que rezaba:

"Se debe conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida debe depender de las generaciones que se transmiten y en las cuales vive y se encarna".

Cierto, pensó él, y repasó lo de conservar el espíritu, con la aceptación de que las generaciones cambian, y una vez aceptado, hay que liderar transmitiendo ese espíritu mientras se permite que encarnen su impronta en su época, y además continúen frescas y llenas de vida.

¿Cómo se construye algo que uno sabe que no va a terminar?.- se preguntó Jaime en voz alta.

En otra sala, Jaime descubrió que Gaudí decidió construir el templo en fases. Terminó la cripta, la fachada del ábside, los primeros tramos del claustro y la fachada del Nacimiento; creía que así sería más difícil que se abandonase el proyecto. Y eso es parecido a lo que ocurre en el mundo empresarial, porque construir hitos, consolidar partes, hacer visible el avance y permitir que quienes vienen detrás encuentren algo sólido para continuar es muy necesario. Sí, apareció en su mente el concepto de tiempo. Y como nada se crea de la nada, como por arte de magia. Una gran obra necesita tiempo. Una empresa también.

Hizo un pequeño parón y recordó entonces el estudio-obrador. No, Gaudí no se limitaba a dibujar: construía, probaba, experimentaba, hacía maquetas, se equivocaba, volvía a probar. Muchas veces había visto Jaime cómo en la empresa se pedía innovación, pero ¿se creaban las condiciones para que esto ocurriera? Espacio, tiempo, recursos, personas. Igual que las maquetas han permanecido más allá de los planos, en la empresa se necesita que el conocimiento sobreviva a las personas. Procedimientos, estándares, prototipos, modelos, documentación, procesos y un largo etcétera… son sinónimos, al igual que pasaba con el sistema de Gaudí, por el que se estaba construyendo algo que podía y debía poder ser continuado sin él.



Ya en casa, Jaime, repasando notas, encontró un último texto del señor Gaudí que demostraba que era un genio y que era la prueba de la grandeza de este arquitecto. En el mismo estaba aceptando algo que a muchos líderes o empresarios les cuesta aceptar.

"Yo sé que el gusto personal de los arquitectos que me sucedan influirá en la obra, pero eso no me aflige: creo incluso que beneficiará al Templo (...) Los grandes templos nunca han sido obra de un solo arquitecto."

Sí, sabía que no terminaría su obra. Gaudí muere en 1926. La obra continúa. El proyecto no desaparece porque desaparezca su creador. Todo lo contrario: sus colaboradores toman el relevo. Le dan su visión de su tiempo y de su estilo. Lo continúan. Y lo mejoran. 

"Cuántas veces el padre fundador, no viendo una copia 100% exacta en su descendiente, decide que la empresa no estará en buenas manos, y deja de pensar en una sucesión de cambio generacional, por lo que acaba vendiendo, solo porque no se entiende que el hijo o la hija piensa distinto, vive en una época distinta, y entiende el negocio de una manera distinta" —pensó Jaime

Jaime acabó aceptando que todos y cada uno de nosotros tenemos una Sagrada Familia que construir, ya sea en lo personal como en lo laboral. Aceptar que cada proyecto no termina con nosotros, y que no será exactamente como lo habríamos continuado nos debe engrandecer como personas y profesionales. Y además todo lo aprendido en este viaje debe significar que el relevo generacional no significa que la obra empeore, sino que el proyecto, en cada época, ha adquirido vida propia, tal y como se ha ido configurando el espectacular templo que había visitado con su familia.

lunes, 1 de junio de 2026

COMPROMISO Y TESÓN

"El amor nace de un flechazo; 

la amistad del intercambio frecuente y prolongado"


Octavio Paz (1914-1998) 

Poeta y ensayista mexicano



Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar Teruel y escuchar, una vez más, la historia de sus famosos amantes. Una leyenda medieval que ha perdurado durante siglos porque habla de algo que sigue siendo tan valioso hoy como entonces: el compromiso.

Los amantes no eran otros que los vecinos de la villa, Diego e Isabel. Crecieron juntos, compartieron juegos, conversaciones y sueños. Con el tiempo, eso que empezó como amistad se transformó en amor y Diego acabó pidiendo la mano de Isabel a su padre.

La respuesta fue negativa. A saber que en aquella época, en Teruel, su fuero contemplaba el mayorazgo, y Diego, al ser el segundo hijo varón de la familia, no estaba destinado a heredar la fortuna familiar.

Sin embargo, el compromiso de Diego hizo que no se resignara junto a Isabel, y convencieron al padre de ella para que le concediera un plazo de cinco años que le permitiera volver habiendo hecho fortuna, de tal manera que podría casarse con ella.

Y así lo hizo. Marchó a la guerra, por ser la única manera que entendió posible para ganar riqueza y prestigio en tan poco tiempo. Pero durante años no se supo nada de él en su tierra. Hasta que, más allá del cuarto año, la noticia de su muerte llegó a Teruel.

Isabel quedó desolada.

Y su padre siguió insistiendo en encontrarle marido, por lo que finalmente la casó con un hombre rico y de mayor edad. Pero el destino aún guardaba un último giro: Diego no había muerto. Regresó a Teruel justo después de la boda.

Al encontrarse con Isabel, pidió explicaciones y ella le contó lo sucedido, pues ella había creído sinceramente que había fallecido. En ese momento Diego solo le pide una cosa antes de marcharse para siempre: un beso. Pero Isabel, mujer casada con otro hombre, aunque seguía enamorada de Diego, se niega a concederle el beso para no faltar a su compromiso de mujer fiel y honrada.

La negativa acaba con la vida de Diego y, de manera fulminante, lo deja muerto a sus pies.

Cuentan que al día siguiente, en el funeral de Diego, Isabel acudió vestida de luto riguroso y levantando el velo que tapaba su cara le dio el beso que le había negado la noche anterior, cayendo también muerta sobre el pecho de su amado.

Conmovida por aquella historia, la ciudad decidió enterrarlos juntos para que pudieran permanecer unidos por toda la eternidad.


Murieron de amor, comentábamos los amigos. Pero más allá del amor, nos parecía una historia sobre la fuerza de la palabra dada, del compromiso. Y esto es precisamente lo que sigue emocionándonos siglos después de esta historia.

Las personas que cumplen su palabra son dignas de admiración. Y lo mismo ocurre con la amistad. Pensé, mientras volvíamos en coche a casa tras un gran fin de semana, en cómo las amistades verdaderas no se construyen en los momentos fáciles, sino en las situaciones en las que aparecen las dificultades. Un amigo es alguien que se queda contigo cuando lo sencillo sería marcharse, estando presente siempre aun cuando no obtiene ningún beneficio a cambio. Podría decir que ese alguien es el que honra los compromisos invisibles que acaban sosteniendo una relación.


Y exactamente lo mismo sucede en las empresas. Hablamos mucho de estrategia, innovación, tecnología o crecimiento. Sin embargo, las organizaciones más sólidas suelen apoyarse en algo mucho más sencillo: personas que cumplen lo que prometen.

Pensé en clientes que saben que responderemos, proveedores que mantienen su palabra, compañeros que se apoyan mutuamente y directivos que actúan de acuerdo con lo que dicen y prometen. Eso es al final una empresa, entendida como una red de compromisos cumplidos.




Ya en casa, con las maletas deshechas, las energías justas pero todavía con un atisbo de fuerza para resumir lo vivido, pensé que quizá la verdadera enseñanza de los amantes de Teruel no fuera una historia de amor imposible, sino un recordatorio de que las relaciones más valiosas de nuestra vida, ya sean personales o profesionales, siempre se construyen sobre la base de la confianza que nace cuando una persona da su palabra y la otra parte sabe a pies juntillas que puede creer en ella.

Porque el compromiso, igual que el amor o la amistad, solo tiene valor cuando se mantiene incluso cuando resulta una empresa harto difícil.

Era hora de descansar para iniciar la semana, pero no quise terminar el finde sin enviar un último mensaje de texto a mi mujer, que me había guiado e inspirado tanto en buenos como en malos momentos, y sí que podría decir alto y claro que, desde que nos conocimos, ella se había convertido en el máximo exponente de compromiso y tesón para que todo este proyecto de vida tuviera sentido.

domingo, 5 de abril de 2026

DEL MIEDO AL INFINITO: LOS VASOS COMUNICANTES DEL ALMA

"El porvenir es mucho más de los corazones que de las mentes. 

Amar, eso es lo único que puede ocupar y colmar la eternidad. 

El infinito precisa de lo inagotable"


Victor Hugo (1802-1885) 

Novelista francés



Marino se enfrentó al paso. El Señor en la cruz. Sólo. Abandonado por su Padre. Lo hizo por él. Por todos.

Le dolía mucho más porque lo ocurrido este último año afectó a personas a las que quería mucho. Estaba en un pozo. Su influjo no era bueno. Había conseguido su aislamiento. En su momento pensó en ella como celosa, envidiosa y con mucho miedo. Pero el miedo se expresa de muchas maneras: envidia, ira, ataque, violencia, guerras, resentimiento, prepotencia.

Pero a decir verdad, a Marino no le abrazaba el resentimiento ni el odio, sino que le gustaría que todo volviera a ser como antes. Se abrió a la posibilidad de que sus sentimientos le podrían estar llegando a ellos, a través del plano metafísico, y recordó entonces la famosa teoría de los vasos comunicantes. Marino lo llamaba el plano vertical, tan diferente al plano físico u horizontal.

Le rezó al Señor y visualizó de otra manera a esos seres queridos que se habían alejado tanto. Se imaginó a sí mismo pleno de sentimientos de amor, paz y amistad, como si nada hubiera pasado. Cerró los ojos y mientras sonaba la música, como un sueño, fue capaz de ver un halo de luz que salía de él mismo y llegaba a ellos. Decidió salir del plano finito y aterrizar en el juego infinito. Comprendía el dolor, la pena, el sufrimiento. No juzgaba, pero necesitaba eliminar no tanto la ira sino la tristeza que todo lo acontecido le estaba causando.

Resonó en su cabeza esa frase que escuchó la primera vez en una charla de un congreso al que había asistido la pasada Navidad: "Era como un bloque de mármol lleno de defectos, pero el escultor lo que estaba viendo era la escultura dormida que había en su interior".

Y empezó a ver a sus amigos no como seres en blanco y negro, sino como seres de luz. Y trató de verles como seres felices y dignos del disfrute. Se los imaginaba serenos, llenos de paz, y consiguió verles como bellas esculturas dormidas atrapadas en el bloque defectuoso a ojos del mundo.

De repente, Marino no supo cómo, pero la especie de sueño salió para elevarse sobre él; y notó que su oscuridad misma cambiaba a una imagen de luz y color. Eran los vasos comunicantes del universo vertical.

Se separó del gentío. Lloró. Lo había entendido. No solo ellos navegaban en la relación entre sombras, sino que él también se había alejado de la luz.

Pensó en la toxicidad como conducta, no como persona. Había tratado de parar a las personas tóxicas en lugar de a la toxicidad de las personas. Es importante distinguir este tema, porque a la persona se le castiga, pero a la conducta se le intenta corregir.

Se le metió otra cuestión en la cabeza. ¿Cuál era la mejor orientación para reconocer que iba en la dirección correcta? En esas estaba cuando apareció el palio de la Virgen. Y Ella, la Madre, le dio la respuesta. Tenía que ponerse del lado del amor. No solo del amor al prójimo, sino del amor a él mismo. No era posible amar a los demás si no te amas a ti mismo. Pensó en los vasos comunicantes de nuevo, como idea recurrente, que le trasladaba de la escasez a la abundancia en el camino del Amor.

Y pensó en la Paz Interior. ¿Qué estaba evitando que estuvieran en paz? No era tristeza, sino paz lo que necesitaban para olvidar y caminar hacia una meta común. Y lo que le restaba la paz volvía a ser el miedo. El miedo a no estar a la altura, a defraudarles, y al final, "si no se da la talla, acabarán no queriéndome", resonaba una y otra vez.

Y recordó a los tipos de persona que cuadran las cuentas de la vida como si fueran contables. Y entendió que convertir el amor en un trueque es el mayor error que los humanos pueden cometer. "Llego al nivel requerido y me quieren, no llego y no me quieren". No, así no es.

Porque el Amor no depende de lo que haces, sino de lo que eres. Interiorizó que el amor no entiende de interés, ni de trueque, ni nunca introduce condiciones en la ecuación. Porque queremos de manera imperfecta, pero se puede amar de manera perfecta. Hay que amarse aunque no se consiga siempre el objetivo. Sentirse fracasado te quita la paz. Y qué grande es el que perdona aun teniendo razón. No estaba pensando en el mundo físico, finito, sino en el infinito que te regala la metafísica y el Amor del Padre.




Se fijó en la mirada de la Madre, mientras sonaba la banda, elegante, casi susurrando al oído de una mujer que resistía como alguien que no es de este mundo. Esa mirada pura, apreciativa, con un semblante justo que transmitía una llamada al Amor. Y aún sabiendo del sacrificio y todo lo que su hijo iba a pasar, era capaz de consolar al pueblo y donarnos a todos una buena dosis de paz interior. Siguió su camino detrás de la cruz que ajusticiaba a su Hijo.

Y por primera vez en mucho tiempo, Marino no necesitó entender nada más. Porque estaba en Paz.

domingo, 1 de marzo de 2026

EXTRAYENDO FUERZA DEL SUFRIMIENTO

"No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo"


Mario Benedetti (1920-2009) 

Escritor y poeta uruguayo




Patricia bajó del avión tras una semana de paliza. Su círculo más cercano la llamaba Patri. Y Patri ahora sí que sabía que tenía que seguir por la senda que se había marcado. Merecería la pena. Y tenía sentido.

Pensó, ya de camino a casa en el coche, que no tenía sentido luchar por librarse de decepciones y en definitiva, no tenía necesidad de acomodarse para, sintiéndose protegida cerca de las tablas, acabar rematada por la puntilla, y muerta como ese toro manso que busca refugio en lugar de la gloria en el centro ruedo.

Sí, estamos hechos de esperanzas y de deseos, pero la indiferencia del tiempo que no marca nuestro ritmo, sino el suyo, y el azar o incluso las esperanzas o deseos de otros hacen que el camino esté cargado de dolor aunque la meta siga siendo la misma.

Ya hacía tiempo que Patri se negaba a separar, como si fueran parcelas estancas, vida personal y laboral. No existen varias vidas, sino que en realidad es una interconectada que se funde en la existencia total de un camino único a recorrer. Y claro, lo iba a transitar en toda su plenitud, sin protegerse, sin miedo, porque pararse y ponerse bajo el escudo no era algo seguro para no acabar con el corazón roto, la mente perdida y el proyecto de vida agotado.

Quería extraer fuerza del sufrimiento para generar una vida con sentido. 

Y pensó mientras enfrentaba la parte final del trayecto, y algún que otro semáforo, que se trataba de un viaje mix de bondad y crueldad; y compró la paradoja de que la más profunda transformación siempre llega después de una total devastación. No, ante las esperanzas torcidas y los deseos rotos no resultan las protestas y las quejas. Porque las mismas no cambian la realidad, sino que la realidad es la que nos cambia a nosotros.

La rueda en la que vive y la vida misma le somete a una estructura básica como sigue: sufrimiento, aceptación y transformación. 

Pensó en aquellos momentos de tranquilidad en su vida, justo antes de recibir alguna que otra llamada para cruzar un umbral desconocido, atravesarlo y enfrentarse al peor de sus miedos, y de momento, ganar porque la partida no acabó en muerte. Y recordó el símil de la barriga de ballena; te engulle, luchas dentro y cuando sales, nunca ya eres la misma persona. El dolor eleva y construye al nuevo yo. Pero su equipo debía aprender a gestionar y gestionarse dentro del estómago de la ballena. Aprender a gestionar el dolor como mecanismo de cambio. Y había ejemplos de seres humanos que esto lo llevaron al extremo. Se le vino a la mente el libro "Un hombre en busca de sentido", y aun más cercano, un amigo de su padre condenado a cárcel en la etapa comunista de la antigua Checoslovaquia.

Y repasó la historia del amigo de su padre, que siendo escritor y habiéndole prohibido sus obras en escuelas y bibliotecas, se lo tomó diríamos filosóficamente, y encontró en su pena, en las torturas que recibía, y en los trabajos forzados una creatividad que le permitió a través de cartas a su esposa convertir las mismas en los capítulos de pensamiento que serían en un futuro su nueva novela, el propósito que le dio sentido a todo su sufrimiento.

Su objetivo era la autoconsolidación, recuperar quién era, y la cárcel fue su instrumento de reconstrucción personal.

Esa era la clave de Patri. Vivir en libertad. Porque la libertad absoluta es elegir cómo respondes a lo que te pasa, cuando especialmente te pasa algo que duele de verdad.




Ya en casa, tras disfrutar de un buen rato de cena con la familia, se sentó en su sillón favorito. Todo estaba en silencio; no phone, no tablet, no TV. Y su pensamiento se fue a cuál diferente era el optimismo vs la esperanza a la hora de gestionar la incertidumbre.

El optimismo acaba, si no se cumple la expectativa, derrumbando a la persona, mientras que la esperanza es la certeza de que algo tiene sentido independientemente de cómo resulte.

Sí, el optimismo depende del resultado externo mientras la esperanza lo hace del propósito interno.

Si la lucha tiene sentido, el resultado importa, pero no es lo único que te sostiene. Aguantar los madrugones, la gente que bloquea, los largos viajes (su campo de concentración y su cárcel); si piensas que pasar por todo esto soporta un bien mayor, claro que merece la pena. Una visión. Algo que tiene sentido y salva incluso a los que hoy solo te condenan con zancadillas.

Y claro que las ampollas provocadas por el camino propio provocan un dolor que hace difícil la conciencia del propósito final. Y claro que el sufrimiento profundo hace que el dolor eclipse todo lo demás. Incluso el plan o la vida puede, al final, parecernos un sinsentido. 

Pero el fin que abraza a la parte y la dignidad de hacer algo que merece la pena por encima de aguantar lo que caiga, eso sí que es lo que da sentido a este esfuerzo.

Acabó cogiendo el libro de notas y escribió lo siguiente antes de irse a la cama: 

"No te salves ni te quedes inmóvil al borde del camino. No te quedes en un lugar seguro. No te protejas. Porque de verdad te digo, eso no es vivir. La verdadera fortaleza es atreverte a vivir plenamente. El consuelo de los que quieren escribir su guión y no vivir el de los demás; y no es pensar que todo va a salir bien, sino que salga como salga, acabará teniendo sentido".

domingo, 22 de febrero de 2026

LUZ Y OSCURIDAD EN UN MUNDO INCIERTO

"Para que triunfe el mal, 

sólo es necesario que los buenos no hagan nada"


Edmund Burke (1729-1797) 

Político y escritor irlandés. 



Tras la salida de las cañas de los viernes, fórmula que remata semanas y semanas de mucho trabajo y andanzas laborales desde hace más de 27 años, Rafa me comentó que aunque los equipos y los compañeros eran técnicamente muy capaces, algo muy importante se nos estaba yendo de las manos. Actitud. Clima. No sabía explicarlo, pero no veía fluidez.

Pensé en los equipos. Se había consumido mucha energía, comunicación, explicaciones en reuniones de dirección, etc... pero sí que era verdad, una vez parabas y analizabas situaciones, que en lugar de vivir en un lugar en el que se trabajaba por un objetivo común, solo se sentía competitividad interna, podríamos decir silenciosa, pero no por ello menos nociva. Cuando se hablaba de trabajo en equipo, casi nunca se podían poner ejemplos interdepartamentales, y dentro de los equipos, solo en contadas ocasiones. Y no sólo pensé en alguien que ayuda a un compañero sin pedirle ayuda, sino en el hecho de no vivir dentro de la organización ni un solo ejemplo de cómo alguna vez alguien pide ayuda a otro. Sí que se aprecia cómo unos cuestionan a otros. Todo es cuestionado, y así sinceramente resulta todo muy complicado.

Ya en casa, volví a recordar el tema del coche y lo de conducir acelerando y frenando a la vez (esta vez dándole otro sentido). Los seres humanos, los equipos y las empresas aceleran y frenan muchas veces al unísono. ¿Cómo? Imaginé ejemplos de significado de cada acción.

Acelerar lo imaginaba en personas que trabajaban con pasión, entusiasmo, visión compartida, deseo de evolucionar, de contribuir, de mejorar...

Y frenar en cambio lo vivía desde dentro como rivalidad, envidia, celos, miedos, angustias, ansiedades, dejadez, desidia...

Y daba igual que fueran los mejores técnicamente en lo suyo. Son frenos si sólo les importa ser más grandes que los demás, ven en lugar de colegas, rivales, y en definitiva, solo les importa ser el único que lo hace tan bien. Los etiqueté como seres de "oscuridad".

En cambio, también tenía el que dejaba de un lado la rivalidad y solo trabajaba vía cooperación. Éstos vivían y hacían de su entorno un caldo de cultivo que permitía a todos crecer, avanzar, mejorar. Les puse mentalmente la etiqueta de seres de "luz".

Pero la gente no hace lo que se le dice, sino que hace lo que ve. Y por tanto, se necesita cada vez más y más urgente liderazgo en directivos y mandos intermedios que ante el éxito potencien a las personas a su cargo, les animen, les reconozcan en público, les hagan brillar, y saquen su "luz". Y en cambio, cada vez menos jefes que piensen sin decirlo: "las medallas son para mí". Porque esta gente publica el error de los suyos, hace leña del árbol caído, y al final, los hunde...

El líder de verdad, ante el problema, debe hacer ver a su equipo que el mismo tiene que resolverse, pero que ellos son capaces de hacerlo sin ayuda, y les da el impulso para que se pongan manos a la obra para arreglarlo.

Si hay tecnicamente materia prima y el proyecto fracasa, lo que falla es el liderazgo. Y para evitarlo, el líder (recordemos que principalmente será un líder de servicio) debe ponerse en modo "dar ejemplo".

Luz y oscuridad. Las etiquetas que todos tenemos en un grado diferente deben reconocerse. Será el primer paso. Luego, con trabajo, favorecer que la oscuridad salga de la organización, no solo saliendo personas de la misma, sino generando un clima que favorezca la luz como principal atributo. Nada de potenciando los resultados para brillar por encima de otros de manera individual, sino que generando luz para guiar, ayudar, hacer crecer y conseguir avanzar en un camino que no es del individuo sino de la comunidad.

Pensé en los verdaderos líderes como potenciadores de equipos, siendo firmes sin ser duros y generando una visión compartida. Y pensé también en los jefes, los cuales aprovechan el poder solo para premiar y castigar. Luego recordé la diferencia entre el poder y la autoridad, y cómo activa el movimiento. Porque el poder mueve por miedo, y la autoridad por entusiasmo.




Toca buscar luz en todo y todos, evitar el peligro de solo ocuparse de los resultados, y que el personal solo se sienta como viles herramientas para producir: planos, pedidos, productos, visitas, entregas...

Rafa me dijo, al despedirse, que la gente que no es bien tratada, o se aguanta, o hace algo (por ejemplo, irse); no sé qué será peor, pensé después de volver a casa.

Siendo verdad que no estamos en el campo de lo fácil, sí que estamos en el campo de lo posible, pero cuidado, que el verdadero liderazgo es también dar la cara y estar dispuesto a pagar el precio. Y por ello, al final, convenimos que queda mucho trabajo por delante, pero merece la pena y no hay que desfallecer, ya que no se trata de pensar en todo lo que va a costar, sino en hasta dónde nos va a llevar el esfuerzo.

"Caminar con sentido".- Me dije a mí mismo.

domingo, 23 de noviembre de 2025

VENDIENDO PROYECTOS Y NO PRODUCTOS

"El proyecto es el borrador del futuro. 

A veces, el futuro necesita cientos de borradores"


Jules Renard (1864-1910) 

Escritor y dramaturgo francés



"Las ventas son el corazón del negocio".- Me comentaba esta semana Luis. Y pensándolo bien, yo estoy convencido de que su corazón late fuerte porque encontró en las ventas su verdadera pasión.

Mucho hemos hablado de nuestra propuesta de generación de valor y de lo que significa conocer las diferencias entre vender productos y/o vender proyectos. Y es que vender de manera exitosa, sostenible y con un propósito puesto en el largo plazo no es poner el foco en el producto sino en las necesidades del cliente.

Y coincidimos en que la propuesta de valor solo es concluyente si es capaz de ofrecer una solución eficaz al problema o necesidad del cliente.

Lo que es cierto es que Luis y su equipo ya entienden que la mejor forma de vender es centrarse en escuchar, comprender y resolver las necesidades del cliente desde el punto de vista de la cocreación, ofreciendo una propuesta en conjunto, superadora, competitiva y, si es posible, innovadora.

Tal como siempre lo había hecho, al principio Luis quería enseñar un producto que el cliente tocara, abrir el catálogo y poner el dedo en el código que devolviera una referencia inequívoca. Pero ahora estaba convencido de que tocaba generar de inicio un boceto, un borrador, un concepto inicial para ir fabricando un camino hacia la meta común del que todavía no había planos, ni listas de producción cerradas, ni materiales concretos, pero tal vez sí las herramientas para diseñar, construir y sobre todo, mantener de manera sostenible una relación que no quedara en una mera compra-venta sino en un viaje conjunto en el que las partes generaran un valor seguro y consistente.

Repasamos estos días cómo entender la venta como un proceso fue vital para avanzar en nuestro proyecto. Y el proceso lo habíamos dividido en etapas. Primero se buscaron oportunidades, necesidades insatisfechas, entendiendo bien el producto a ofrecer, así como el mercado que mejor se ajustaba a nuestros procesos. Se establecieron interacciones con diferentes tipos de clientes. Poco a poco, se iba forjando una propuesta de valor. Producto, precio, plazo, forma de pago, tipo de entrega, capacitación en las siguientes fases; en realidad se iba avanzando en la generación de confianza y credibilidad. 

Y el sistema se volvía iterativo, mediante una sucesión de ajustes, mejoras y superación de objeciones que iban puliendo y haciendo que la propuesta se ajustara a la necesidad. Recordé al maestro De Mon: "Se trata de ajustarse de manera perfecta, como ajusta ese guante a esa mano".

No se termina el camino con el cierre de la operación. Entrega, garantía, servicio post-venta, acompañamiento en la devolución, en definitiva, lograr la fidelización entendiendo que estamos, partimos y seguimos juntos en esto. No hay fronteras entre lo que es nuestro y lo que es suyo, sino que recorremos juntos todo el viaje. En lo bueno y en lo malo. En el cierre de la operación y en la pérdida de la venta. 



Todo esto es lo que buscamos ahora; en los viajes, en las llamadas, en la asistencia a ferias de nuestro sector, ya sea como visitantes, ya sea como expositores. Encontrar a nuestros compañeros para este emocionante viaje empresarial que sirve para construir una verdadera propuesta de valor. La propuesta que hace que un cliente elija nuestra marca, o lo que es mejor, sueñe con su marca y la pueda hacer realidad gracias a nuestro apoyo, a través del encuentro de ventajas competitivas y la diferenciación de su producto en su mercado. Su éxito será nuestro éxito, y para ello necesitamos unir esfuerzos en adquirir un profundo conocimiento del mercado y las necesidades de ellos como socios y de sus clientes como usuarios del resultado de nuestra propuesta de valor conjunta.

Cerramos los ojos, miramos al techo del pabellón, y ninguno de nosotros veíamos estructuras, conductos de climatización o cableados y luminarias, sino que visionábamos una Europa llena de productos de marcas diferentes en los que en todos, de una manera o de otra, había componentes de nuestra fábrica, resultado de ese camino recorrido desde hace años y que ahora entraba en su fase definitiva.

domingo, 31 de agosto de 2025

ESTO NO VA SOLO DE TOCAR NOTAS

"Solo en contadísimas ocasiones encontramos a alguien 

a quien podamos transmitir nuestro estado de ánimo con exactitud, 

alguien con quien podamos comunicarnos a la perfección. 

Es casi todo un milagro, o una suerte inesperada, hallar a esa persona"


Haruki Murakami (1949-?) 

Escritor y traductor japonés




Fue un privilegio poder asistir a la Master Class y aprender de Ben mientras le orientaba de lo que realmente era importante para dar el salgo. Me hizo pensar.

Sabíamos y le dijo claramente que estaba a gran altura a nivel de técnica; era una gran profesional. Esfuerzo, tenacidad, resiliencia, dedicación, seriedad; nada podía ser mejorado. En un momento le dijo que era nivel super-estrella.

Pero lo que tocaba no era lo que quería el compositor porque al final de todo, no era capaz de transmitir. Le explicó cómo el  compositor estaba enfadado al escribir la obra. Su mejor amigo había sido asesinado por sus ideas. Y si no contaba eso, no estaba interpretando lo que quería.

Trabajaba mucho para no fallar en la notas, eso sí. La pieza era difícil y su técnica envidiable., por lo que ella no quería desafinar, e intentaba no fallar ni una nota.

Pero ese no era el propósito. La meta era llevar hasta la gente lo que el compositor quería transmitir. Para eso compuso su obra. Quería inmortalizar una época, una injusticia, un momento de su vida. Terror, miedo, una situación sin salida. La policía política de la época quería encontrarlo y matarlo. Y a sus hijos también. Ese era el plan.

Y siguiendo el plan Be le mandó practicar no la elegancia, sino la ira. Pero no le había entendió durante la jornada de ensayos, y necesitaba que diera más.

Tras no gustarle lo que veía, le dijo que no tenía que dejar de ensayar. de ser agradable. Pero de nuevo le pidió algo más, que en resumen era que entendiera que no se trata solo de practicar notas, sino conectar con la orquesta. generar pasión y transmitir lo que el pueblo ruso, que estaba detrás, sentía. Angustia, acorralamiento, miedo, enfado. 

Sí, cuestión difícil y una meta grande. "Esto no va solo de tocar notas".- pensé yo. Entendí que la audiencia no puede entender el mensaje si los músicos no transmiten. Lo de las notas y no desafinar deja de importar si te acercas a la meta. Al propósito. Y por mi parte pensé en modo empresa, departamento y en muchos profesionales individuales. Y pensé en cómo por encima de llegar e irse a tiempo de su puesto, ser muy profesional en las respuestas, conocer muy bien la técnica de su trabajo, no dejar nada de lo suyo sin responder, y muchas cosas más que se hacen de manera correcta (tocar bien las notas sin desafinar), más allá está en acercarse al propósito y a las metas que la empresa como ente superior le propone.

Pensé en grandes técnicos, comerciales, compradores, informáticos, financieros, administrativos. Sí, conocen su oficio, tienen una experiencia reconocida, cumplen con toda norma que se les ponga por delante, pero... a la hora de generar avance hacia lo que la empresa entiende como meta, nada de nada. No se mueven para salir en la foto colocados, peinados, correctos y en estado de revista, vale, pero dónde queda la innovación, la creatividad, el trabajo en equipo y la pasión por conseguir algo por encima de descontar los días, las jornadas, entendiendo que el proyecto no va con ellos, sino solo la nota de corte que les indicará un aprobado por los pelos, pero nada más que eso.

Seguí pensando en cómo contar al cliente lo que sentimos, la historia, y la verdadera oferta de valor. Cómo caminando hacia la meta con un objetivo común y más grande empieza a importar menos el error puntual, porque lo que verdaderamente importa es todo lo que se ofrece de manera global y conjunta que se convierte en un elemento de unión inigualable y alcanzable, a la vez de difícil imitación.

Y le hizo tocar de nuevo. Y empezó a incomodar al público presente. Se acercó, porque lo hizo con sentimiento. La gente que escuchaba empezó a sentir algo distinto, en realidad estaban conmovidos... Había empezado a entender y había dejado su forma educada de tocar, y salió de la caja. Tenia voluntad de cambiar. Ben estaba contento pero le dijo que no había llegado a la meta. Que la audiencia lo sabía y le pediría más. Pero ese era el camino. 

La pregunta final con la que terminó: ¿estás dispuesta a seguir el camino? Porque tomará mucho esfuerzo. Mucha presión de la sociedad, de compañeros, en la escuela, en la familia, de los competidores, y de los rankings, etc...

Todo parece y parecerá un sinsentido, pero eres un animal al que quieren cazar, al que no le importa la nota. Tu trabajo es hacer grande a la pianista de repertorio mientras tú tocas. a la orquesta cuando llegues a tocar con la orquesta, para que la audiencia escuche de verdad la historia contada por el compositor. 

Y yo llegué a casa pensando en intentar hacer que los músicos en nuestra compañía trabajaran transmitiendo esa pasión necesaria para hacer grande al compañero, a la empresa, e intentar que  los clientes y el sector entendieran la historia que nuestra propuesta quería contar en forma de proyecto.

domingo, 24 de agosto de 2025

¿Y AHORA QUÉ?

"Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, 

nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos"


Viktor Frankl (1905-1997) 

Psiquiatra y psicoterapeuta austriaco



Habíamos sido obedientes en esto de parar para reparar. La energía estaba al 100%. ¿Y ahora qué? .- le pregunté.

Pues no será fácil, pero se necesita afrontar el futuro escuchando los pulsos de la vida. El día y la noche, el inverno y el verano, la luz y la oscuridad. El ruido y el silencio. Nuestro lado derecho y nuestro lado izquierdo.

¿Y? pues debemos profundizar en nuestra vida entendiendo el cambio y la transformación como antagónicos y por qué no, a la vez vinculados.


Ella sí que había entendido muchas cosas. Me avanzó que el cambio proviene de fuera a dentro, pudiendo tener su chispa de ignición en una invitación, una provocación o incluso una obligación sobrevenida. Sí, estás en equilibrio y de repente, zas, llega algo externo que te zarandea y te hace perder eso, el equilibrio que entiendes que es lo que te interesa. Y ese vaivén requiere una necesidad adaptativa por nuestra parte frente a una resistencia a la adaptación.

Pensé en mí, en mis colegas, en mi empresa, en mis hijos. Y sentí que todo cambio viene acompañado de una sensación de injusticia. Y empiezan las preguntas. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? Se crea una sensación de pérdida de control, pereza, tal vez es la inercia de dejarnos llevar, y la expectativa de que lo anterior no volverá más. Nostalgia de lo pasado. No, no es fácil adaptarse a lo nuevo e incierto.


"En cambio, la transformación no viene, sino que tú vas hacia ella".- me dijo sacándome de mis pensamientos. Es el cambio, pero en este caso con un sentido. Siendo el sentido la fuerza del por qué. Y entendí que la transformación como cambio con sentido sí que nos motiva, nos inspira y nos impulsa, porque no provoca sentido del deber sino sentido del placer.


Placer. Me quedé pensativo y parado en la palabra intentando entender. Era como pasar de lo material a lo emocional profundo. No era dejar de fumar para no caer malito, sino tener la suficiente salud para poder vivir y cuidar de una nieta, por ejemplo.

Entendí que renunciar a un hábito, una adicción, viendo y viviendo el sentido, no nos empuja al cambio sino que nos transforma. Es encontrar eso que nos decimos a nosotros mismos "vale la pena". Y aceptando que toda transformación es dolorosa a la corta, pasa por un esfuerzo, una pena, un duelo... Pero todo queda compensado por un valor, normalmente  a la larga.

Y entendiendo nuestra vida como un guion, la fuerza que hay detrás del sentido no puede ser otra que la fuerza del amor. No el romántico, no el que se entiende como deseo, sino el motor que mueve nuestros actos en pos del sentido. Porque el sentido no es cuestión ni está en los grandes retos o hazañas, sino en una pequeña quedada para ayudar a alguien cuando está en ese día de bajón.


Alejándonos del deseo, definimos el amor en tres dimensiones a resaltar. 

Una dimensión es la intención de comprender. Porque solo comprendiendo puedo acompañarte, y acompañándote puedo ayudarte.

Otra dimensión es cuidar. Porque se trata no solo de comprender, sino de hacer.

Y la tercera, inspirar. Se trata de amar haciendo que el otro pueda mirarse al espejo y respetarse. La otra parte debe ver posibilidades ahora siempre donde antes veía amenazas. Y todo gracias a que tú le inspiras.

Habíamos salido a pasear, casi sin comentarlo. En este punto yo pensaba en las dimensiones de este amor tan sutil que estaba descubriendo y pensé en el proyecto que estábamos abordando estos años. Sí, todo proyecto necesita abrazarse con amor. Intención de comprender, haciendo e inspirando a diario para que todos los componentes puedan generar un proceso que construya, no destruya.

Decidimos dar la vuelta. Ambos sabíamos que una vida con sentido es una vida que vale la pena. Nos preguntamos en voz baja qué sentido tenía el proyecto, dónde y cuándo vería la luz en ese túnel profundo, y eso sí, ahora todo nos encajaba. Era como apuntar al objeto que sostenía nuestro día a día. Era parar, para reparar, y aprovechar para mirar hacia atrás y poder decir, tras evaluar todo lo andado, si, mereció la pena.



No es fácil hacer o sentirte como un agente de transformación. Y no es solo para nosotros, sino para los demás también. Se trata de una mirada, estar presente, conversar, acompañar. La pregunta sencilla, pero a veces difícil ¿Qué necesitas?

Y sabiendo que es complicado llevarlo al día a día. A veces el sentido llega sin llamarlo. Otras hay que escuchar las señales o buscarlo. Por otro lado el sentido siempre nos exigirá un trabajo distinto o un viaje nuevo para superar golpes, heridas, o emprender un camino doloroso.

No era muy de consejos mi compañera de viaje, pero se los pedí. Me habló de micro-hábitos para el cambio de ritual. Atención y silencio consciente; sabiendo que la sabiduría práctica nace de la reflexión, la cual no existe sin quietud, y no hay quietud sin la voluntad consciente de incorporar en nuestro ritual diario algo nuevo. Me habló de pensar en grande, de mirar lejos. Cambiar la mirada de lo superfluo a lo importante. Me contó cómo nunca deberíamos sabotearnos con nuestro dialogo interior. Y de no olvidar nunca el beneficio esperado; pensé en la importancia de la visión. Y nunca solo, si te sientes bajo o débil. Apoyarse en la comunidad es como jugar en casa. Ese factor ayuda, y mucho.

domingo, 27 de julio de 2025

EL BAUTIZO DE LO IMPREDECIBLE

"Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, 

cuanto más quiero a la humanidad en general, 

menos cariño me inspiran las personas en particular"


Fiodor Dostoievski (1821-1881) 

Novelista ruso



No dio lugar a que nos preparáramos. Todo sucedió rápido, sin tiempo para responder. Nadie esperaba el plan y cuando quisimos responder todo el pescado estaba vendido.

Y es que las personas somos animales de costumbres. Necesitamos reconocer algo en las acciones de los demás que nos resulte lógico y familiar. Ser predecible da al resto una sensación de falso control.

Ahora pienso cómo aprovechó lo que esperábamos de que durante los últimos tiempos se había comportado como una persona predecible. El tema es que de la noche a la mañana, su plan vio la luz de una manera deliberadamente impredecible. Nos desconcertó, nos desgastó en la búsqueda de un por qué, y nos mantuvo al límite, exhaustos intentando entender qué ocurría, y sobre todo, cuál sería su próximo paso.

Recuerdo ese lunes como si fuera ayer. Actuó de manera repentina, imposible de predecir. Nosotros tuvimos un comportamiento similar al del mundo animal, con una pautas repetitivas y predecibles que nos permitirían en un mundo primitivo siempre acabar siendo cazados. En su caso, como humano avanzado, nos dejó tocados (algunos hundidos), al comportarse de manera consciente, alterando el orden, nuestra rutina y lo que había acabado siendo costumbre. Nos enseño, y a qué precio, el camino de la sorpresa y la innovación.

La mayoría ya no están con nosotros. La regla del mínimo gasto energético hizo que todos permaneciéramos, mientras nos adelantaban por todos lados, en la comodidad de la rutina, repitiendo tareas, una y otra vez. Algoritmo tras algoritmo. Era cuestión de haber optado por el mínimo esfuerzo, el no entender que al no cambiar el resto no cambiaría, y además todo el "status quo" permanecería tal cual.

Debatimos tiempo después cómo era nuestra rutina.

Algo salía mal, volvíamos a intentar lo mismo de la misma forma, y volvía a salir mal.

Algo salía bien, volvíamos a intentar lo mismo de la misma forma, y tras los cambios del entorno, de la competencia, del cambio en sí, y ahora salía mal.


Rematamos juntos y coincidimos de nuevo en que el cambio es lo constante. Y la rutina en un mundo cambiante no mantiene todo igual, y lo normal, cuando no se hace nada para evitarlo es que todo vaya hacia peor. Siempre nos recuerda todo esto nuestra fiel compañera "entropía",  por cierto.


Hoy, lo que quedamos del equipo, somos muy respetuosos con el poder. Es una autoridad y orden que se bautizó con esa revolución. Se licenció en el mando cuando nos desconcertó de manera deliberada, actuó sin previo aviso, y por supuesto, desde entonces hasta hoy ha llevado siempre la iniciativa.

Es un nuevo estadio. No sabemos a priori ni precedimos movimientos, decisiones, cambios repentinos... todo se produce meditado, pero sin previo aviso. Todo, eso sí, convenientemente planeado, pero todo imprevisible. Nos enseñó y lo usamos de cara a nuestro trabajo que no se gana la partida con la táctica de siempre, dejándose llevar. Todo tiene su tiempo, pero la otra parte estudia, se prepara, contraataca, y doblega si no somos capaces de cambiar el camino con el que ganábamos antes la partida.

Y nos enseñó, y en cierto modo obligó a actuar, a trabajar, y por qué no, a vivir pensando, innovando, cambiando, desconcertando, desviando, sorprendiendo, sintiéndonos vivos y algo más que un simple algoritmo con células repitiendo programas cual sistemas informáticos estáticos. Predecibles y fáciles de eliminar.

Cambió sin ser entendido. El resto se puso a la defensiva, al no entender la orden, el movimiento. Se pusieron nerviosos. No sabían el por qué pero intentaron copiar el movimiento; antes pensaron cómo y el motivo, mientras la otra parte seguía su plan establecido. Y le sacó ventaja mientras pararon para intentar intuir el siguiente paso, el siguiente golpe maestro.




Nunca debemos olvidar la relevancia de los cambios y el liderazgo imprevisible e interés por los movimientos poco entendibles. Porque si los hace él, o ese equipo, o esa empresa, por algo será. Todos buscarán motivos, alegarán razones. Se retorcerán y buscarán respuesta diciéndose a ellos mismos frases como si lo hace será por esto o  por aquello. Porque no debemos olvidar, y así fue, cuanto más caprichoso parecía, más respeto infundía en los suyos.