"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

domingo, 25 de febrero de 2024

CONSEJOS PARA ENSANCHAR LA VIDA Y NO HACERLA EXCESIVAMENTE LARGA

"El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, 

donde la libertad y el amor florecen, 

no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. 

Ahí veo yo la importancia de la familia"


Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) 

Escritor británico


Me llamó la atención qué grandes consejos les regaló a su hija y a su sobrina. Ambas celebraban este mes que cumplían 18 años, la mayoría de edad. Pero algo me decía que el mensaje no era solo para ellas, sino para el resto de jóvenes y para los no tan jóvenes asistentes a la celebración.

"Vuestra edad es un buen momento para parar, reflexionar y soñar qué queréis ser; es un momento para decidir hacia dónde queréis ir".- les dijo.

"Y yo os pediría que fuera lo que fuera, decidierais ser AUTÉNTICAS".- continuó.

Les pidió que siguieran siendo como eran, que no vivieran de los filtros, máscaras, corazas o disfraces que hoy nos imponen las redes sociales. Recordó a Santi y su famosa frase: "¿Por qué nacemos originales y nos obsesionamos con volvernos fotocopias?".


Continuó hablándoles de la importancia de socializar. Pero no en lo digital, sino como el ser humano ha hecho siempre, mediante el contacto humano. "La tribu ser reunía en torno a la hoguera. Todos cuidaban de todos, todos participaban y aportaban. Además, las historias de los mayores emocionaban a los jóvenes que recibían con pasión las experiencias, las recordaban para siempre y aprendían de ese pasado, de sus raíces. Todos se sentían pequeños y humildes bajo el firmamento, el cielo y las estrellas; pero la comunidad, la tribu en sí era grande"..- les indicó.

"Y eso es la familia, vuestra tribu. Por lo que, por favor, no cambies vuestra tribu, la familia ni vuestros amigos, nunca, por una habitación cerrada y una pantalla de cristal".- sentenció.

De lo que veía en ellas más humano se sentía muy orgulloso. Esos abrazos de Carmen al despedirse de su pandilla, todos lo días, como rúbrica de una quedada en la que habían compartido momentos, emociones, problemas, todo igual a lo que hacían nuestros ancestros o hace menos tiempo, nuestros abuelos en esas verdaderas redes en las que se convertían los patios de vecinos.

Les pidió que nunca cambiaran un abrazo verdadero por 10.000 likes. E instó a María, la otra Prima homenajeada, muy diferente, pero a la vez llena de fuerza, cariño, y amor recíproco a que nunca dejaran de cuidarse la una a la otra.

Les avisó de lo nada fácil que es el camino de la vida. Pero que no se trataba de no caerse mucho, que se caerían, sino de levantarse cada vez más fuertes. Y les dejó unos consejos o reglas cuando los golpes llegaran:

- Deberían aprender a aceptar la situación.

- Deberían aprender a perdonar o perdonarse muy rápido.

- Y deberían aprender de dejar atrás el pasado y tomar decisiones. Asumir la responsabilidad del nuevo camino. Todo este tránsito les aportaría confianza, honor, nobleza y les permitiría coger el timón del viaje que sería su propia vida.

- Y entonces, construirán otra manera de seguir avanzando.


Cuando se educa a un hijo, a un joven en general, se les da herramientas, se les proporciona las bases. Pero una vez generado en ese ser humano joven los valores y la educación ellos mismos deben de crear su visión de futuro. Tienen que dibujar en su cabeza la ruta a seguir, marcarse sus propios retos, sus propios por qués.

Y les indicó que deben decidir. Tomar decisiones, sin miedo a equivocarse, sabiendo que tras la equivocación, aparecerán sus familiares, sus amigos, la gente que les quiere de verdad y que siempre estarán a su lado para cuando necesiten una ayuda, un consejo o cualquier cosa que esté en sus manos.

Me gustó también mucho cuando les habló sobre el eterno aprendiz, un consejo para indicarles que la calidad de su vida dependería de lo que aprendieran, de lo que evolucionaran, de lo que crecieran, como la única vía. Les dijo que el eterno aprendiz es el único que nunca se queda obsoleto. Porque el mundo cambia, y entonces nos empuja a estar siempre aprendiendo. Y que ensancharan la vida; saber más, viajar más, conocer más sitios y más gente. Todo eso ensancha la vida, y esto es lo que genera una vida mejor. De otra manera, solos y sin entender nada puede que la vida se haga muy larga.




Para terminar, para mí no tiene desperdicio, transcribo literal todo lo que les indicó al final:

"María y Carmen, Carmen y María, hacerse mayores va de tener más libertad, pero eso siempre lleva una mochila cargada de mucha responsabilidad. Cada año que cumplís os toca tomar más decisiones por vosotras mismas; con nuestro apoyo, nuestros consejos, pero no olvidéis que la última palabra es la vuestras.

Es hora de dejarse llevar y observar cómo las cosas pasan y hacer que las cosas pasen. Es vuestra vida. No olvidéis que vuestro pasado indica de donde venís, pero no determina vuestro futuro. No importa lo que sois, sino lo que podéis llegar a ser, no importa dónde estáis sino donde podéis llegar, y no importa lo que habéis hecho sino lo que vais a ser capaces de hacer.

No perdáis el tiempo, porque si perdéis el tiempo, se escapa la vida. Y la vida no espera, y la vida es para vosotras.

Y en un futuro, algún día, conoceréis a una persona muy especial, una persona que será muy admirada por muchos, una persona que habrá conseguido todo lo que se había propuesto, y será reconocida por todos nosotros, porque habremos vivido todo su esfuerzo, todo lo que le ha costado conseguir lo que tiene. Y os cuento un secreto. Esa persona tan admirada, seréis vosotras."

domingo, 18 de febrero de 2024

EL VIAJE DEL CLIENTE (PACIENTE)

"Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, 

el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, 

se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía"


Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) 

Escritor francés



Desde que el problema surgió el domingo 7 de enero, Eduardo vivió en primera persona todo lo que en el mundo del management se conoce como el viaje del cliente. Se imaginó un viaje, por ejemplo en tren, en diferentes vagones, con diferentes estaciones, en el que trabajan de manera coordinada muchos profesionales preparados para que el cliente llegue a su destino de la mejor manera posible.

La tarde del día comentado un dolor le atravesó la zona, y solo pudo evitar minimizarlo si era capaz de sentarse o tumbarse, y no cualquiera de las posturas que intentaba.


En ese momento, cuando un cliente quiere cubrir una necesidad o solucionar un problema, es en el que se inicia el famoso viaje.

En su caso, estuvo unos días relatando su problema (siempre guiado por un capitán buen conocedor de la ruta, el vehículo locomotor y todos y cada uno de los vagones y estaciones que habría que pasar), siendo atendido por varios especialistas, debido a que normalmente el diagnóstico no es directo; y en su caso no estaba claro.

Al final, tras 4 consultas y alguna que otra prueba, habemus papam, el diagnóstico ya era un hecho y tocaba preparar la operación. En esta fase, recordó en el mundo de los negocios la importancia de saber escuchar, la recomendable paciencia y no adelantar lo que el cliente requiere o necesita sin antes haber analizado de verdad su  necesidad o problema. 

Importante disponer de todos los datos antes de poder valorar una oferta ad hoc para la ocasión. Las pruebas precisas (le recordaba a la toma de datos), análisis, etc... para preparar muy bien y no cometer error alguno el día D, cuando el proceso de producción tiene lugar.

Todo avanzó perfecto, y tras un estudio detallado de cómo estaba la situación, fecha y hora fueron programadas. Y llegó el día D. Era como cuando tras varias ofertas, el cliente te acepta y te confirma el pedido.

Allí estaba él, en el sitio y a la hora indicada, preparado por un equipo de profesionales que, aunque en la línea de producción (llámese quirófano) hubiera otro paciente recibiendo la reparación pertinente, había decidido no hacerle esperar en el frío e incómodo pasillo de la sala REA, y que mientras el cirujano remataba la faena anterior esperara cómodo, tranquilo, y con todas las pre-operaciones previstas recibidas de una manera profesional; podríamos decir incluso cariñosas.

Pensó en qué importante es que el cliente tenga una confianza ciega en quien encomienda su pedido; y cómo esta parte solo puede conseguirse a fuerza de experiencia, profesionalidad y una actitud verdadera de querer resolver la necesidad o el problema del cliente que te requiere.

El tiempo pasaba, pero la información iba llegando vía diferentes personas a la camilla, siempre con una sonrisa, pero sobre todo sabiendo desde la parte emisora que esos datos de cuánto quedaba, esas preguntas de cómo se encontraba, y la información de cada paso que iban dando generaban un estado de confianza total en que sabían lo que hacían al otro lado, y lo que tocaba era relajarse y esperar a que su turno llegara.

Auxiliar y enfermera; las asignadas y algunas de las compañeras que les tocaba estar en el turno solo obtuvieron una nota al fina del proceso. Un diez.

El viaje continuó. La camilla todavía no se movía, pero era el turno del anestesista. Se presentó, preguntó preferencias, indicó lo que para él, según su criterio era lo mejor, escuchó al paciente, y ejecutó. En esta estación todo fue igual o mejor que la anterior. Nada que ocultar, todo bien revisado, especificaciones correctas. Go ahead, estamos en marcha. Nota: Diez.

La ruta del cliente continuó, en este caso pilotado por un celador que conocía cada curva del circuito, cada recta, cada chicane. 

De repente, sin comerlo ni beberlo, Eduardo se dio cuenta que estaba en un quirófano. Era su primera vez. Pero por lo que recordaba en películas, series, etc... lo que estaba viendo no era la sala del dentista de confianza. Dos nuevas enfermeras se presentaron, todavía estaba consciente y con fuerzas para cambiarse a un sofá como de piel (y muy calentito) y le ataron los brazos, por lo que aunque la cuestión era obvia, les preguntó por relajar el ambiente: "ya no me puedo arrepentir o escapar, ¿cierto?".- "Cierto".- respondió una de las enfermeras del quirófano. Nota: Diez.

En esta estación del viaje volvió al vagón el anestesista. Le dispusieron con gracia una mascarilla, le indicó que en breve dormiría plácidamente, que pensara en algo bonito, y en segundos estaría en otro estadio mientras que el cirujano y su equipo realizarían la parte central de la operación, la tangible, para lo que se había estado preparando durante todas las etapas previas.

Me imagino que el cliente, mientras en la industria se está diseñando y fabricando su encargo, se debe sentir anestesiado. No por el motivo por el que es necesario en una operación quirúrgica, sino porque mientras en la fábrica se desarrollan las operaciones de fabricación, el cliente ni siente ni padece. Sigue su vida, esperando la fecha en la que alguien le dijo que su servicio o producto estaría a punto para su entrega. En este caso el dolor puede llegar si la fecha o las expectativas no se cumplen.

Mientras estaba en ese estado feliz, en otro mundo paralelo, el cirujano con su destreza y dándolo todo inició el proceso de la operación en sí. Abre, extrae, recoloca, coloca, cierra, cose...

Y de manera automática, como si solo hubiera pasado un segundo, el sr. anestesista dijo su nombre, e indicó: "Eduardo, ya está usted operado". Un diez.

El celador recogió el testigo. El circuito se recorre en dirección contraria, con la misma maestría, y lo que era una sala de preparación pasa a ser una sala de reanimación, con auxiliar y enfermera incluida. La enfermera sigue siendo la misma. El resto del equipo ha cambiado; cambio de turno, pensó. Pero operaciones, información, y sonrisas siguen siendo parte del patrón de la sala. Se denota que el cambio de profesionales no va a deteriorar ni un ápice la calidad del servicio.

Y el viaje continúa. Información de que todo salió bien, inicio de recuperación de sensaciones, movimiento de pies y piernas, leve incorporación con ayuda. Aquí hay un par de chutes de algo que elimina el dolor que por lo visto e informado, sin ello, puede que duela y mucho.  Prueba de cómo se va tolerando algo de agua, después un pequeño zumo (fresquito, dulce, rico); y llega el momento de ir al servicio, incorporarse, andar por sí mismo. Y todo va bien (le ayudan de cerca, nunca está solo). Parece que se está llegando al final de la etapa del viaje, o del día. Toca vestirse; de repente, un pequeño mareo hace que todo se pause un momento. Cambio de planes, y pies para arriba en sillón con mecanismo para el efecto. Todo mejora y nuevamente se prueba con otro chupito de zumo de piña. Gloria bendita.

El alta está de camino. Instrucciones por escrito y oral, de viva voz, de lo que te va a pasar, y de lo que hay que hacer. También lo que tomar. Un par de números de a quién llamar si algo va mal o se tiene cualquier duda de lo que le está ocurriendo. ¿Alguna pregunta? No. De momento. Todo bien. "Por mi parte, les pongo un diez".- le dice el mismo Eduardo, incluso sonriendo. 


El celador le acompaña hasta la puerta. Te comenta. Te pregunta. Te responde. Es otra etapa del viaje, ahora sí con movimiento real, que sigue dándote confianza de que todo mereció la pena. Sigue haciéndote sentir cliente. Sabe lo que has pasado, y con su conversación ayuda a finalizar con agrado su parte. Es como la entrega del producto. Nunca se debe nadie sentir solo. Eduardo recordó los papeles para consultar y los teléfonos de a quién llamar si algo va mal.


Importante. No todo termina al entregar el producto. Revisar la importancia de la post-venta, aun cuando todo va bien. Al día siguiente, ya con Eduardo en casa, tras la primera noche, sonó el teléfono. Era del hospital. ¿Qué tal está? ¿Todo bien? ¿Hizo los papeles que necesitaba? ¿Algún problema o alguna duda? Recuerde que...

Nuevamente se sentía acompañado; todo había salido bien pero en cualquier traspiés tenía profesionales que estaban mimándolo, preocupados por que la experiencia en esta, esperemos, última parte del trayecto fuera tan buena como el resto del viaje.

Gracias Capitán. Gracias M. Gracias P. Gracias J. Gracias A. Gracias G&M. Gracias familia. Gracias equipo. Gracias hospital. Gracias sanidad.

Mi viaje continúa, el vuestro también, pero el mío no hubiera sido tan especial si no hubiera sido por vuestra pasión, profesionalidad y el saber hacer con el que vuestra vocación os hace ayudar cada día a tantas y tantas personas que os necesitamos en algún momento de nuestra vida, antes o después.

domingo, 11 de febrero de 2024

EL DETERMINANTE PRECIO DEL MENÚ

"Lo que le da su valor a una taza de barro 

es el espacio vacío que hay entre sus paredes"


Lao-tsé (570 aC-490 aC) 

Filósofo chino


Juan y Jose se habían visto solo una vez en aquel banco frente a unos columpios, donde sus hijos se divertían mientras subían en los toboganes o disfrutaban con el balancín, ya hacía un par de meses.


No habían coincidido desde entonces a pesar de vivir en el mismo barrio, pero el destino les había reunido en la cola de la caja del supermercado y habían quedado esa tarde para que mientras sus hijos volvían a disfrutar en el parque ellos profundizarían en la conversación que habían iniciado la otra ocasión en al que se habían conocido.

Los dos tenían muchas cosas en común. Ahora estaban en el paro, pero habían tenido ambos un bar/restaurante, donde ofertaban comidas en forma de menús a medio día, y normalmente, tanto a la noche como los fines de semana no abrían; estaban en una zona industrial con algún que otro edificio dedicado como centro de oficinas, y el servicio que prestaban era normalmente de almuerzos y comidas para los trabajadores del área.

Cada uno por su lado intentó descifrar el negocio del otro y el motivo por el cual en ninguno de los dos casos el negocio había prosperado. Pero como decía un amigo: "si no conozco ni lo que pasa en mi casa, para conocer lo que ocurre en la del vecino".

Ambos tenían un precio del menú de 15 euros. El caso, es que Juan cerró porque no lograba llenar ni el 20% de aforo para lo que estaba el negocio preparado, mientras Jose llenaba a diario, incluso había días, sobre todo los jueces y los viernes, que doblaba las mesas, teniendo que reforzar plantilla, etc... Aun así, los dos negocios quebraron y ahora estaban sin negocio, sin trabajo, y con una serie de deudas que no sabían cómo iban a abordar en los próximos meses.

La verdad es que el tema les intrigaba. Mismo precio, uno muerto aburrido y casi sin clientes y el otro asfixiado por lo que se conoce vulgarmente como morir de éxito.

Miriam, que se había sentado a su lado, no pudo evitar escuchar lo que hablaban, y debido a que se había dedicado bastante tiempo a temas de contabilidad analítica en una empresa de Toledo, aunque ahora estaba retirada y disfrutando de su nieta, decidió intervenir presentándose y pidiendo primero permiso para entrar en la conversación.

Les preguntó en primera instancia si conocían la diferencia entre precio, coste y valor. Importante, les dijo, a la hora de gerenciar un negocio y decidir cómo es conveniente interactuar con los clientes a través de los productos o servicios que se ofertan; e importante para elegir el precio de su oferta.

El precio lo define el vendedor, y el comprador debe pagar esa cantidad para recibir el producto o el servicio. Y aquí es donde se puso la cosa interesante. A la hora de calcular el precio, Miriam les indicó que los mismos deben contemplar las expectativas de margen del vendedor, los costes invertidos para producir el bien o servicio y la percepción que el comprador tiene de los mismos.

Lo del precio estaba claro. Ahora bien, definir realmente los costes, diferenciar los directos de los indirectos, los fijos de los variables, eso sí que ya eran palabras mayores. Sus caras lo decían todo. Pero lo difícil de describir eran los gestos y los comentarios que intercambiaban cuando intentaban tangibilizar el concepto de "valor".

Entonces, ambos cayeron, que aunque el menú tenía el mismo precio en ambos negocios, había otras razones para que el mismo hiciera que uno de los restaurantes estuviera lleno, y el otro casi vacío; además, en ambos casos, los dos fueran deficitarios.

Efectivamente, les dijo ella. El valor no lo definíais vosotros, en ningún caso, sino vuestros clientes. En el caso de Juan, no cumplía las expectativas, y sus clientes iban desapareciendo porque consideraban que el valor del menú era inferior al precio que había definido el dueño del negocio. Resultado: los costes fijos, alquiler, luz, alarma, cocineros, camareros, etc... no eran cubiertos por el margen que dejaba la diferencia entre el precio y los costos directos de producción, una vez multiplicados por el número de menús/día que el negocio era capaz de vender.

Juan, además, entendió que no había hecho mucho bien al negocio cuando le hizo caso a ese amigo que tanto quería (el decirlo en pasado no era casualidad), y lo de bajar la calidad de los ingredientes, eliminar el postre y comenzar a introducir en el menú platos pre-elaborados industriales en lugar de la comida casera con la que había iniciado el proyecto no había servido nada más que para ayudar a seguir minorando el número de clientes y arruinarse algo más rápido.

José, en cambio, entendiendo la relación del trío precio-coste-valor, dedujo que los costes directos de su menú superaban el precio que había dispuesto para el mismo. A la vez, su menú, el servicio y el local eran muy valorados por clientes (normalmente nada torpes), habiendo decidido que 15 euros era un precio muy por debajo de la calidad y el servicio que estaban recibiendo. Esos platos principales que ofrecemos, pensó en voz alta, nada tienen que envidiar al restaurante en el que disfrutaba los sábados a la noche con su mujer y otros dos matrimonios muy cercanos (no quiso ni referir lo que se gastaba en la cena cada finde), y atraían a un gran número de clientes (recordó cómo tuvo que doblar el turno, incluir más camareros y pagar horas extras a los cocineros nada desdeñables) sobre todo por su alta calidad; o sea, el valor estaba muy por encima del precio por lo que si el coste no dejaba margen de contribución, cuanto más vendía, más perdía.



Miriam intentó que no se disgustaran mucho. El pasado no era sencillo de cambiar, por no decir imposible. Lo que sí les dijo es que hoy estaban algo más de preparados para emprender un negocio, si tocaba. O también podrían ayudar a no equivocarse a amigos, o familiares que tuvieran negocios e intuyeran que podían caer en el mismo error.

Lo que no le cabía la menor duda, es que en muchas empresas, micro y no tan micro, todavía hay veces que les resulta difícil diferenciar entre ese triangulo básico, pero fundamental, como es el precio, el coste, y el valor. Y si esta parte no está clara, en el medio plazo, si hay suerte y no es en el corto, la empresa morirá por la tesorería, primero, y por la cuenta de pérdidas y ganancias, después, más deprisa que despacio. Y lo más triste, el cierre de la empresa no habrá servido ni siquiera para aprender y no volver a caer en el mismo error de nuevo si la ocasión lo merece.

domingo, 4 de febrero de 2024

EL ARTE DE COMUNICAR

"El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas"


Arturo Graf (1848-1913) 

Escritor y poeta italiano



Gerardo era para mí uno de los mejores comunicadores que había conocido en mucho tiempo. En principio, y siempre me lo recalcaba, a la hora de conversar con otra u otras personas, ponía todos sus sentidos en la escucha plena. Me decía que el ser humano tiende a estar pensando en qué responder y casi siempre interrumpe al que está hablando en lugar de centrarse en escuchar lo que le están intentando contar, enseñar o simplemente decir.


Es un gran error, porque acabamos en lugar de conversando teniendo monólogos en grupo en el que nadie saca nada en positivo de nadie. Soltamos nuestra charla, todos, y nos vamos.

La conversación de ese sábado versó sobre comunicación, e intenté entender por qué Gerardo era tan bueno. 

Me quedé, en primera instancia, que para él era muy importante comunicar ideas de manera genuina y autentica. Es decir, no debemos tratar de ser otra persona, sino ser uno mismo el que está transmitiendo la idea, el mensaje. Si lo que sale de nuestra boca lo hacemos de tal manera como imitando a otra persona, los receptores se dan cuenta, y dejamos de ser creíbles. Y por lo tanto, el mensaje es el que se recibe como poco creíble.

También hay que comunicar siempre desde un punto de vista de vulnerabilidad, me decía. El ser humano es vulnerable por naturaleza, por lo que si comunicamos en un entorno de imperfección, en lugar desde un posicionamiento de Dios Perfecto y Todopoderoso, ayuda muy mucho a que el mensaje cale de verdad. "Desde la superioridad del ser sin fisuras no pueden salir mensajes que ayuden al pueblo imperfecto e inferior".- reflexioné tras este consejo.

También tenía claro que comunicar está muy alejado de ser una ciencia exacta, por lo que lo acercaba más a un arte. Formalizar ideas era una posibilidad pero en realidad cada uno, según sus habilidades, debe construir su propia versión del arte de comunicar. Su estilo, su manera, sus truquillos, en definitiva, su propio arte.

Me adelanté y le dije algunos ejemplos de personas que conocíamos que parecen nacidos para precisamente bordar el arte de comunicar, como si hubiesen nacido con un don, comunicando de manera natural y consiguiendo que el resto les atienda, les entienda, y le sigan. Y no me llevó la contraria, porque sí me ratificó que hay algo siempre de talento natural, pero me corrigió indicando que los buenos comunicadores, la mayoría, se hicieron a base de golpes y experiencia. 

El gran comunicador se ha ido esculpiendo al igual que una escultura de mármol que arranca de un bloque inicialmente sin vida. La constancia del artista y los golpes de cinceles, gradinas, punteros, escalcificadores, martillinas, etc... dan paso desde una forma geométrica básica como un dado o prisma cuadrangular a otra figura bella, que describe una historia o inmortaliza un hecho, grupo o una única persona con vida, con alma.

Y así se moldea y se modela cualquier técnica, tarea o especialidad en la vida. Ensayo, prueba-error, paciencia, repetición y pasión.

Las herramientas del buen comunicador son mejorar su habilidad de comunicar comunicando, prestando atención a como comunican otros, pidiendo feedback cuando conversan e informan, escuchando donde mejorar, afinando desde la humildad. Para ellos es muy importante mejorar su comunicación preguntando a la otra parte que le expliquen cómo les llegó lo que les acaba de contar. Porque la mayoría de las veces lo que quiere decir no llega al receptor, y ese conocer el por qué del ruido provoca, si eres humilde, que la siguiente vez lo hagas mejor para que el mensaje cale en la otra parte limpio, puro, tal y como quieres que llegue.

Antes de despedirse, me dijo lo siguiente: "la gente no recuerda las palabras que les decimos, o las cosas que les mostramos. Lo que verdaderamente recuerdan las personas es lo que les hicimos sentir a través de nuestra interacción".

Me recomendó entonces, hablando de como lo de hacer sentir es realmente lo que marca, que intentara siempre ser consciente de que en el otro lado hay un ser humano, sentir empatía por el prójimo y tratar de ponerme en su lugar para intentar a través de la forma de comunicar visionar cómo les haré sentirse tras escuchar mis palabras.

Me quedé satisfecho con la charla, como siempre que conversaba con Gerardo. Entendí que mirando cómo conversaba, habiendo escuchado sus consejos e intentando aplicar todo lo que pudiera, además de ensayando y experimentando mucho, podría ser más efectivo en sembrar una nueva idea o ideas en las personas y posiblemente no hacer la vida de las personas más larga, pero sí más ancha.




Y se marchó Gerardo; genuino, auténtico, vulnerable, artista y empático. En definitiva, mi inspiración a la hora de intentar ser en un futuro una mejor persona, un mejor profesional y un mejor comunicador.