"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

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domingo, 21 de septiembre de 2025

SOLTAR PARA CRECER

"Si tu llamas experiencias a tus dificultades 

y recuerdas que cada experiencia te ayuda a madurar, 

vas a crecer vigoroso y feliz, 

no importa cuán adversas parezcan las circunstancias"


Henry Miller (1891-1980) 

Escritor estadounidense



Allí estaba Paulo pensando en la importancia de su actividad profesional, la cual le había hecho coincidir con verdaderos compañeros de camino. Sabía que nada era casualidad. Todos estaban ahí por algo, pero tenía la intuición de que todos necesitaban una mirada de trabajo más profunda, más allá de lo superficial, para ser más constantes, no rendirse, sin quedar en el "ya lo conoces", y sobre todo pasar como si nada por encima de los prejuicios.

Estaba convencido de que era la única solución para que surgieran temas más creativos, más útiles, y todos pudieran abrirse a otros mediante una mirada inteligente, inocente, manteniéndose en modo explorador.


Y ahí andaba con esas inquietudes cuando decidió llamar al maestro Carlos. Le instó a recordarse en un viaje de avión, de día, que se hubiera iniciado con turbulencias; y cómo habían traspasado este trance para continuar por encima de las nubes viendo el Sol.

El maestro le lanzó la pregunta de por qué, aun cuando las condiciones fueron adversas, el piloto había decidido continuar y no volver al aeropuerto de salida. Siguió avanzando y subiendo a pesar de las circunstancias.

Tras un poco de diálogo entre ellos, Carlos sentenció que el piloto no vuelve al origen porque sabe a ciencia cierta que tras superar las turbulencias se encontrará un cielo más tranquilo, se encontrará el Sol, continuará hacia su objetivo.

"Y eso es precisamente lo que nos falla a nosotros como humanos", concluyó. Tenemos miedo de lo que hay detrás y no tenemos fe en que después de todo el esfuerzo nos encontraremos con el Sol. Porque la fe es un sentimiento de certeza, y normalmente vivimos más tranquilos viviendo de espaldas a la tormenta, al cielo posterior en paz y a eso Sol que nadie regala. Y por supuesto, las dudas y las inquietudes nos inmovilizan.

Paulo pensó: "Las turbulencias forman parte de la vida".

¿Y si además abandonamos las etiquetas, los juicios, las experiencias pasadas grabadas con fuego y congeladas como si fueran mantras enternos?

No hubo más consejo por parte de Carlos que abriera la mirada curiosa, interesada, humilde, de esa persona que todo lo quiere explorar. Y haz que tu equipo trabaje con esa misma inquietud, normalizando la turbulencia del camino.

Sabían que lo normal es estar identificado con nuestros juicios, automatismos, formas de pensar y con la manera de etiquetar. La famosa mochila. Pero esto nos ancla siempre viviendo y decidiendo en el pasado.

Y el conjunto de etiquetas que nos ponen, y ponemos, es la fama. Si es buena, y hacemos algo mal, nos perdonarán; si es mala, cuando hagamos algo bien, el resto pensará que es una casualidad, por lo que esperarán que enseguida vuelvas a la senda del mal.

Y es que amigo, le decía el maestro, la intuición nos dice lo que hay que hacer, pero no el por qué. Recuerda siempre que la lógica es mucho más amplia que la misma razón, la cual es una forma muy limitada de poner un nombre y nada más, no honrando la misma a la realidad de lo nombrado.

Paulo se quedó con el tema de la humildad. Se trataba de soltar. Pero ¿qué hago sin equipaje? ¿en qué me sustento? 

Delante solo veo un precipicio y no llevo paracaídas. 

¿Me tiro?

Se veía en un viaje sin sus juicios, sin su forma de pensar, sin sus creencias adquiridas durante tantos años y experiencias. Sin sus acusaciones, sin sus declaraciones de culpa, sin sus juicios tanto para otros como para él mismo. ¿Puedo ser yo sin mi equipaje?

Él pensaba que sin todo esto no sería nadie, pero cuando te desnudas y saltas a ese supuesto vacío, precisamente es cuando es el momento de serlo todo.

Y ambos sabían por qué. Sabían que partiendo del juicio la mirada es de corto alcance, pero sin prejuicios se tendrá una visión inalcanzable e insuperable en cuanto al alcance, anchura y profundidad.


Le hizo recordar a ese jefe que cambió la visión de todo. Le hizo minimizar sus defectos, sus limitaciones y olvidarse de todo. En definitiva, le había ayudado a crecer. Y es que en situaciones de cambio, el mundo, la empresa, e incluso la familia, se necesita un apoyo, una mirada que nos haga crecer. 

La mirada fácil es la que juzga, la que acusa, la que enjuicia y condena. Pero la difícil y necesaria hace todo lo contrario; empuja, anima, levanta y empodera. Y es que esa mirada apreciativa desarrolla a la vez miradas apreciativas hacia uno mismo. Y de esta manera te das cuenta de que así es más fácil ser constante. Y ese es el momento en el que se cree de verdad, se cree en la esencia, en el propósito, traspasando juntos lo malo y avanzando hacia lo bueno. Porque está aunque cueste verlo.

Lo real está ahí detrás, se dijo, pero si damos más valor a las turbulencias que al Sol, entonces mandaremos a aterrizar y no avanzaremos hacia la verdadera meta.

Paulo fue al día siguiente a la oficina y se encontró una nota sobre su agenda. Era de Carlos.

"La vida es un viaje en el que hay turbulencias, pero siempre detrás, más arriba, está el Sol. Mantén tu foco, tu solidez en el trayecto, y ten presente el fin, el propósito, y olvídate de las turbulencias".

domingo, 31 de marzo de 2024

PIENSA RÁPIDO O DESPACIO, PERO PIENSA

"La gente tiende a evaluar la importancia relativa de ciertos asuntos 

según la facilidad con que son traídos a la memoria, 

y esto viene, en gran medida, determinado por el grado de cobertura 

que encuentran en los medios"


Daniel Kahneman (1934-2024)

Psicólogo israelí-estadounidense




Cuando me enteré que Daniel nos había dejado, pensé en los ratos que tuvimos la suerte de departir juntos. No fueron fáciles conversaciones, pero aprendí mucho las ocasiones que me acerqué a sus charlas. Tengo que reconocer que evitaba pasar largos ratos con él. Era difícil y tedioso todo lo que enseñaba el maestro.


No es un reto pequeño el de entender cómo funciona nuestra mente, pero Daniel fue capaz de explicarnos como la misma usa dos sistema cognitivos distintos, dependiendo de la necesidad. Tenías razón, Daniel, l
a verdad es que tendemos a complicar lo simple, según nuestra aversión a la pérdida así será nuestra estimación del valor y del riesgo. Y por último, los dos sistemas evaluarán tus experiencias de vida de una manera muy diferente, siempre comentabas; y esto es cierto, sin duda.

El sistema 1, el procesamiento mental, es el que lee emociones y trabaja en automático. El sistema 2, el esfuerzo consciente, en cambio hace cálculos complicados y trabaja cuando necesitamos concentrarnos en detalles específicos. Además, el primero es muy rápido y el segundo más lento. Pues bien, dependiendo del esfuerzo que se necesite para atender algo se utilizará uno y otro.

Simple, vinculado a una causa efecto directa, anclado a un tópico o a información reciente: allí encontramos al sistema 1.

Ampliando los errores, encontrando razones para seguir creyendo en respuestas y soluciones nuevas a la par que se amplia información: aquí tenemos al sistema 2.


Avanzando en el poder de la mente, a base de conversar con Daniel, aprendí que de manera natural nos solemos concentrar en el mensaje, y no en su relevancia, y aprovechamos para moldear nuestros miedos y planes de futuro vía los ejemplos vividos. O sea, como tendencia nos centramos más en pocos eventos que nos marcaron y ocurrieron en el pasado en contra de muchos que nunca nos sucedieron.

Vamos, que distorsionamos la realidad por lo vivido combinado con la nueva información que nos llega. Y además, todo esto influye en que somos excesivamente optimistas y nos solemos sobrevalorar. Gracias a todo esto que me iba enseñando, me decía, la economía iba creciendo, debido a emprendedores, inventores, profesionales y empresarios con tendencia a iniciar nuevos retos y negocios a pesar que la probabilidad de éxito juegan siempre en su contra.

Un día me relató cómo no siempre los expertos eran buenos consejeros. La especialización depende de la habilidad de un individuo, el feedback y la práctica. Pero cuando el desafío es de alta variabilidad, y la suerte determina el éxito, entonces, poco pueden hacer o aconsejar los que Daniel llamaba expertos o especialistas. Nada pueden hacer o decir donde la laguna entre acción y feedback es inmensa.

Otra vez me comentaba sobre el efecto donación, y cómo cuando algo nos pertenece, aunque sea solo un poco tiempo, tendemos a sobreestimar el valor de esos bienes respecto de los que no poseemos.

Al final me quedo con que tenemos una sola mente, pero dos "yo". Y estos dos "yo" se dividen dependiendo de la calidad de nuestras experiencias. Una parte es la que vive la vida, la rutina, lo sencillo. La otra es la que evalúa las experiencias, la que extrae lecciones, la que toma decisiones sobre el futuro. 

En definitiva no podemos cambiar lo que nos ocurre, pero sí el foco y en qué consumimos el tiempo. Y precisamente ese foco va moldeando tus evaluaciones mientras vives, y por cierto, me decía, nada es tan importante en la vida como pensamos.



Aprovechando una última vez que nos vimos antes que nos dejara Daniel, aunque siempre quedará su obra y sus libros, le pregunté por cómo podría poner en práctica sus lecciones y me dijo lo siguiente: 

- En primer lugar intenta repetirte los mensajes que deseas incorporar a tu día a día.

- Intenta no influenciarte por el sensacionalismo mediático. Y recuerda que no hay más razón porque te lo digan más veces o porque sea lo último que escuchaste.

- Para terminar, y en la búsqueda de una vida tranquila y exitosa, busca siempre mantenerte positivo y de buen humor. De esta manera te volverás más intuitivo, además de creativo.

domingo, 21 de agosto de 2022

PRADO Y SU VUELTA DE VACACIONES

"Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, 

da tres vueltas por tu propia casa"

Proverbio Chino


Prado volvía de la oficina muy satisfecha en su primer día de trabajo tras las vacaciones de verano. Recordaba que había sido mucho mejor que los últimos años, y mucho tenía que ver lo que había ocurrido durante las mismas.

Por un lado, tras muchos años, se había dejado llevar por lo que había planeado los amigos con los que había compartido el viaje principal durante las vacaciones. Ella se limitó a estar donde le decían, cuando le decían y disfrutando de todas las visitas, excursiones y días de descanso que le habían planteado en un periodo vacacional justo para desconectar, recargar y preparar su cuerpo y su mente para darlo todo en el nuevo curso que comenzaba.



Recordó que había cumplido con su compromiso personal de dormir más durante las vacaciones, y aunque no era de siestas había incluso estado, los días que les había tocado quedarse en la casita donde tenían el centro de operaciones, una horita en la hamaca que hábilmente los dueños de la casa habían dispuesto en la zona de la piscina, donde podía descansar a la vez que leía el libro que terminó durante las vacaciones mientras sus retinas recibían el espectáculo de montañas que les deparaba la excelente ubicación en ese valle que el destino les había regalado.

También se acordó cómo había cambiado la rutina completa durante las vacaciones; desde su hora de levantarse como todo lo que había hecho durante el día. Además, dejó los libros que tenía a medias y comenzó uno nuevo, que nada tenía que ver con lo que estaba leyendo antes de las vacaciones.

En definitiva, había cumplido objetivos y llegó a su primer día como nunca, preparada para todo lo que tocaba, y cargada de mucha fuerza.

Y se había encontrado con su día a día cambiando algunos hábitos que Inma, otra vez, le había recomendado en una larga charla que habían tenido a la vuelta de su viaje, mientras intercambiaban y repasaban algunas fotos y videos que ambas habían realizado durante el mismo.

Se había levantado un poco antes de lo habitual, desayunando bien y tranquila para no estresarse el primer día, y decidió cambiar la ruta al trabajo, aunque tardó 10 minutos más.

Tenía claro que al final de la semana estaría al día casi de una manera definitiva, por lo que el primer día, lunes, fue a un ritmo normal sin causarse un estrés innecesario intentando quitarse de manera precipitada todos los emails pendientes, tareas que habían quedado a medias antes de su marcha y reuniones con colegas para saber lo que había ocurrido durante su ausencia.

Había decidido centrarse en la tarea que tocaba mucho más de lo habitual, evitando la multi-task, y enfocarse en lo que iba avanzando mucho más que en repasar lo que quedaba por hacer.

Su agenda no era tan ajustada a todas las horas como antes de las vacaciones, sino que dejó siempre huecos para imprevistos, que siempre llegaban y llegarían, por muy bien que se planificara todo.

En el descanso de mediodía, había paseado observando el paisaje, los edificios y pequeños detalles que eran inexistentes para ella en el pasado, pero que hoy le habían permitido desconectar sin que sus pensamientos le arrastraran al trabajo incluso en este intervalo de tiempo cuya función principal es supuestamente para eso, para descansar.

Otros dos cambios pintaban bien para que la vuelta estuviera siendo muy positiva, incluso agradable. 

En primer lugar, haber decidido comenzar en el gimnasio de nuevo, esta vez tres días a la semana, y además coincidiendo con su hija. Dos pájaros de un tiro, pensó, cuidar su cuerpo y mente y ver más a su hija mayor, que desde que había comenzado a trabajar al otro lado de la ciudad no le había sido fácil compartir el tiempo que ambas entendían necesario y que les estaba generando algo de distanciamiento últimamente.

Por otro lado, tenía claro que los fines de semana serían distintos. Desconectaría lo máximo de emails y llamadas no urgentes, de las de verdad, y planificaría eventos familiares, visitas y excursiones de un día, de tal manera que lo de desconectar para volver a tope la semana siguiente, fuera de verdad de la buena. Alejarse de mensajes y tener el ordenador a buen recaudo hasta el domingo por la tarde sería una máxima a cumplir este nuevo curso, sentenció en su cabeza.

Y aunque todavía no había ido al gimnasio ni por supuesto había pasado el primer fin de semana, la expectativa creada en sus nuevos planes, le habían generado una mejor actitud en su vuelta. Y un excelente humor.


Llegó a casa, dejó en el armario de la entrada ordenador y bolsa del trabajo y se dispuso a ponerse la ropa deportiva para cumplir su primer día de gym, y contarle sus vacaciones a su hija. Sabía que era exigente consigo misma, perfeccionista y muy responsable, con cierto miedo a errar, pero tenía que dedicarse algo más a ella misma y a los suyos, lo que haría bien para ellos y seguro que también para su rendimiento laboral.

domingo, 27 de marzo de 2022

RITA, SU JEFE Y EL DESCONTROL DE LOS IMPULSOS

"Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón. 

Que siente y piensa a la vez. 

Sin divorciar la cabeza del cuerpo, ni la emoción de la razón"


Eduardo Galeano (1940-2015) 

Escritor y periodista uruguayo


Rita recibió la llamada de su jefe justo antes de la reunión con su equipo. Al principio, tras colgar, no fue capaz de girarse hacia la pantalla de ordenador, ni tan siquiera soltar el bolígrafo con el que se había preparado para tomar notas en la libreta donde reflejaba todo lo que la jornada le iba deparando.

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Víctor era visceral, y a pesar de su carácter, hoy dirigía una empresa que, como él decía, había salido de la nada, con un grupo de amigos volcados en sacar un proyecto adelante, en un principio con el objetivo de comer y vestirse, tras haberse quedado sin trabajo, por allá por la crisis del 93. 



Hoy era diferente. Los trabajadores solo pensaban en irse lo antes posible a casa, su gimnasio, sus paseos con los amigos, la bicicleta y el perro; eso sí, siempre con tiempo para las dichosas redes sociales (incluido en el horario laboral) y alguna que otra partida a la "Play".


Pero volvamos al tema. 

Al terminar la reunión con uno de los departamentos de su negocio principal, Víctor detectó un problema en el equipo de Rita. No dudó en llamarla, en caliente, y sin anestesia alguna la amenazó incluso con la pérdida de su empleo; sí, a ella, a una de sus mandos intermedios más válidos de los últimos años. Incluso en tiempos de pandemia había demostrado una fidelidad y compromiso con y para la empresa por encima de directivos fundadores, cosa que había valorado en público en varias ocasiones.

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Rita estaba hecha un flan. Acertó a leer la agenda de lo que le quedaba de jornada y tras volver a leerla por tercera vez, decidió anular dos reuniones que tenía, una interna y otra externa, debido a la importancia que para ella y la empresa tenían. Por un lado, no se sentía preparada para defender con un miembro de su equipo un plan nuevo de ajuste, complejo y además aderezado con unos cambios de procedimientos que la situación requería. Por otro, la reunión con uno de los principales proveedores de materias primas era vital para la organización. Venían a negociar las condiciones del próximo trimestre; precios, rappel, depósitos, etc... y ella estaba atrapada en una preocupación extrema por la amenaza de su jefe, que actuaba como una espiral negativa y no le permitía enfocarse en cualquier otro tema que no fuera Víctor y la llamada.

El intelecto de Rita estaba bloqueado. La ansiedad le había provocado un parón de sus aptitudes de funcionalidad intelectual, y cualquier tema que le requiriera un esfuerzo mental estaba pausado, nada que decir en cuanto tareas complejas como motivar a su equipo para una mayor involucración, a pesar de la situación actual, ni menos negociar con uno de los Top 3 de sus proveedores soporte, tal como Rita y su equipo los llamaban.

Víctor no le dio más vueltas a la llamada, simplemente siguió su jornada como si no hubiera pasado nada, pero no se podía imaginar lo que su impulso había provocado en su organización.

En este sentido, como aprendizaje, la pausa meditada ante una mala noticia, unos malos datos, o incluso detectar una mala actuación en alguien de nuestro equipo, puede significar un buen plan de cómo, dónde, cuándo y con quién se debe afrontar esa situación.

Una vez planificado todo, se puede establecer una reunión con la persona adecuada y evaluar la situación, definiendo un plan que permita la adecuación, la ejecución y la mejora del hecho.

En cambio, la actuación "sobre la marcha", puede provocar un pequeño tsumani, que aun teniendo una consideración de leve o minúsculo, a veces, y sin darnos cuenta, puede estar limando en el subsuelo una erosión nada buena para el devenir de cualquier organización.

A tener en cuenta que la magnitud de las preocupaciones que generamos en nuestro equipo es directamente proporcional a la posibilidad de fracaso en la ejecución de sus tareas.

Además, provocar estados de ánimo negativos hacen que nuestra memoria actúe sesgada, y eleve los recuerdos negativos eliminando todo lo bueno que hemos o han hecho por nosotros, generando una mayor probabilidad de contraernos en la toma de decisiones más complejas y arriesgadas. Y nuestro día a día, es eso, una toma de decisiones arriesgadas constante, que la ansiedad y la preocupación provocada por la dirección debido a impulsos puntuales solo derivarán en retrasos, procrastinación y en el caso de tener que tomar esas decisiones en un estado emocional adverso, generarán una alta frecuencia de errores insoportables de cara a la salud de la empresa o negocio.



Para terminar, un pequeño consejo y aviso para navegantes. En vuestro día a día, mirad más por la parte emocional, sin descuidar la técnica, por supuesto, porque una parte afecta a la otra, y sin lugar a dudas, sin corazón sano no hay cerebro que devuelva acierto, y no fallo, y nada que decir a los que necesitamos dar en la diana, cada día más, en este mundo incierto, vertiginoso y entregado a un cambio voraz que si no eres capaz de mimetizarte en él, tal como es, acaba engulléndote como el mar a ese cuerpo cansado, derrotado, consagrado sin más a la resaca incansable...

domingo, 7 de noviembre de 2021

LO LÓGICO, LO REPETITIVO, QUE LO HAGAN LAS MÁQUINAS

"Se mide la inteligencia del individuo 

por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar"


Immanuel Kant (1724-1804) 

Filosofo alemán



Sandra es una experta en esto de la Inteligencia Artificial y nos dejó claro que no todo lo que viene es tan terrorífico como lo pintaban en Terminator, o al menos no de momento. Eso sí, tendríamos que tener cuidado de hacia dónde y qué límites tendríamos que disponer las personas que, al final, son las que deciden dónde situar la raya que no se debe traspasar.

Internet fue una auténtica revolución, pero hoy, el auténtico protagonista de la nueva era no es sino la IA, con beneficios en todos los sectores, que ya vamos disfrutando, y con un exponencial crecimiento que supera con creces lo que nuestro intelecto individual es capaz de digerir.

A nuestro alrededor vemos cómo las máquinas realizan tareas que hasta no hace mucho, ayer, lo hacían siempre humanos: parte de la conducción de nuestros vehículos, búsquedas en la red, y por ejemplo, el trabajo que cedemos a nuestras asistentes favoritas Alexa y Siri no dejan de ser tareas que de manera natural trasladamos, a la vez que les donamos nuestros valiosos datos personales, dicho sea de paso.

Y me puedo imaginar que esto no irá a menos, y en nuestra vida cotidiana las máquinas irán dejándonos las tareas que por suerte, son eminentemente humanas.

Repasamos con Sandra que la inteligencia artificial puede ser de cuatro tipos: reactiva, con memoria limitada, con capacidad de aprender y por último, la inteligencia artificial autoconsciente. Esta última, con conciencia de sí misma y capaz de tomar decisiones, verdaderamente a mí me da respeto.

Dicen que se trata de mejorar nuestro cerebro humano mediante un aumento de rendimiento y una liberación de tareas repetitivas, memorísticas y multiplicar por 10 un coeficiente intelectual, elevándolo por encima de mil, pero, ¿Cuál sería el uso que esta humanidad, con una historia de crecimiento entre guerras y conflictos, y sobre todo, siendo la especie que con mayor ahínco amenaza su propio hogar, el planeta que lo acoge?

En un mundo conectado y creciendo exponencialmente el control de nuestros datos, el principal objetivo debería ser que lo humano esté siempre por encima del data, la IA, la realidad aumentada y el famoso Cloud.

Y en un mundo todavía de humanos, debemos asegurar que la ética en general, y la ética digital en particular nos proteja, haciendo que la tecnología permanezca fuera del alcance del lado "oscuro". Le llamó la tecnología buena (Sandra, me refiero). Factores como la privacidad, la autonomía, la delegación, la diversidad, la democracia práctica y la visión de lo bueno debería ser parte de la programación de una inteligencia artificial con el humanismo por bandera. Y esta parte, sin normativa, políticas oficiales que aseguren un buen diseño y marcos normativos internacionales derivaría en un caos con tendencia al mal. Los malos ganarían.

La inteligencia artificial genera mucho bueno, pero debe ser confiable, con riesgos acotados y centrarse en el ser humano, para mejorarlo como especie, incidiendo en la sostenibilidad, seguridad, inclusión y fiabilidad de la tecnología en sí misma.

Me fui pensando en qué debería aportar la gente, el Capital Humano, ese capital que marca la diferencia en tantas y tantas empresas. Nada de lo que hacen bien las máquinas me valdría para lo que sería necesario buscar en las personas de la organización, eso lo tenía claro. ¿Entonces? 

Mi cabeza aterrizaba en la búsqueda de características eminentemente humanas. Esa era la clave, buscar personas que hicieran excelentemente lo que de verdad hacemos mejor; y todo recaía en la inteligencia emocional, en lugar de la artificial. Debemos buscar y hacer crecer en nuestras organizaciones la habilidad de comprender, usar y gestionar nuestras propias emociones. Atrapar y resistir el envite del estrés, comunicar de manera efectiva, empatizar con socios, compañeros, proveedores, clientes y competidores, abrazar los grandes retos que la vida nos depara y sobreponerse al conflicto. 

Y todo esto, por cierto, las máquinas no lo tienen ni lo tendrán dentro de sus tareas. La inteligencia emocional construye relaciones duraderas, el éxito en la vida y en el trabajo, así como la consecución de las metas personales y de carrera que nos marcamos. La calculadora no hace de nosotros una mejor persona o un mejor profesional, sino que es una herramienta más que nos libera de tiempo para pensar, decidir, delegar y actuar.

Sentir, intuir, decidir tomando decisiones éticas y actuar en consecuencia es y será parte de la humanidad, y nunca habrá Terminator que nos quite este privilegio, avance lo que avance la IA. 

El resto, digitalízalo, automatízalo, robotízalo. Lo repetitivo, lo lógico, que lo hagan las máquinas.

domingo, 21 de abril de 2019

ACTUAR RÁPIDO NO SIGNIFICA INMEDIATAMENTE

"He llamado a este principio, por el cual cada variación leve, 
si es útil, se preserva, 
por el término de la selección natural"

Charles Darwin 
Naturalista, Geólogo y Biólogo Inglés 
(1809-1882)




La verdad es que hacía tiempo que no presenciaba y escuchaba la famosa frase de una madre a su hijo, tras un cachete a destiempo, que suena así:

"Por si acaso, para otra vez que sí te lo merezcas".

Estaba en la fila del supermercado y me hizo gracia por un lado, y me dio por pensar, por otro.


Y es que si no cumples el ciclo de las decisiones antes de actuar, es muy probable que te equivoques.

Por otro lado, en este entorno tan hostil y cambiante, tampoco es cuestión de dormirte en los laureles, pesando. Ya sabes, la famosa parálisis por análisis...

Pues bien, entonces, ¿de qué se trata? Esta claro que de controlar un proceso que permita no dar sin saber, pero que no haga eterno el estudio y las posibilidades mientras que nuestro competidor nos gana la partida.

Se trata de reaccionar ante un evento, o un entorno, antes y mejor que el oponente. Y equivocarse menos, por supuesto. Para ello, el éxito está basado en centrarse en el parámetro del tiempo. Se trata de dominar el ciclo y tomar decisiones que ayuden al éxito con los datos actuales del presente a nuestro alcance, mientras el resto todavía está actuando con parámetros del pasado. Esto es vital hoy en día, ya que el futuro es incierto, turbulento y cambia muy, pero que muy rápido.

La clave está en interactuar continuamente con el entorno, sin permanecer encerrados en nuestras creencias y/o en nuestros despachos. Y hacerlo siguiendo un ciclo continuo, teniendo en cuenta que la rueda no para de girar.

El señor Boyd dividió el ciclo en cuatro fases principales, empezando por la fase de "Observación". En esta fase, cualquiera que tenga que tomar alguna decisión, debe de recoger datos dotándolos de sentido.

Una vez recopilada la información, debe pasar a la fase de "Orientación", en la que es preciso analizar y sintetizar esos datos para formarse una perspectiva mental de la situación actual.

Y es precisamente esa perspectiva creada la que nos lleva a la etapa de "Decisión", determinando nuestro curso de acción, llevándonos a la etapa por la que termina el ciclo y el motivo por el que lo iniciábamos, la "Acción". La Acción es el acto físico de la toma de decisiones.

Por supuesto, mientras que recorremos este ciclo sin fin, hoy más que nunca, la situación puede haber cambiado. Y esto sólo significa que incluso a veces, nada más iniciarse la acción, ésta debe ser cambiada o abortada. Mala suerte, pero esta es la vida que nos ha tocado vivir. Al final toca adaptarse o morir, y si queremos sobrevivir a este feroz y competitivo tiempo, lo mejor es tener herramientas que nos permitan adaptarnos; y sin duda, este mecanismo de toma de decisiones, al menos nos ayuda por ser un método simple, eso sí, pero que también necesita de entrenamiento y de no poca práctica.

Todos tomamos muchas decisiones a lo largo del día, por lo que os reto a dibujar un círculo con cuatro partes, enlazando en cada cuadrante la Observación, seguida de Orientación, en tercer lugar la Decisión y terminando con la Acción, la cual enlaza con la siguiente  (y otra vez primera) etapa de Observación.

Ahora, cada vez que tengamos que decidir, basándonos en el esquema, intentémos pasar rápido, pero sin saltarnos ningún paso, por todo el ciclo de decisiones, imaginándonos como hábiles pilotos de ese caza en la guerra de Korea. Y ya sabéis, el cambio nos envuelve y las decisiones son vitales, por lo que nunca olvidéis aderezar la toma de decisiones basándonos, por supuesto, en nuestro conocimiento y experiencia.

Pero por otro lado, no olvides que, ACTUAR RÁPIDO NO SIGNIFICA INMEDIATAMENTE.




Historias pasadas de "lasemanadeedusanchez": Os dejo, en el siguiente enlace, lo que pasaba por este blog hace 3 años para los que se han incorporado tarde y también para los amigos nostálgicos que les gusta recordar.



domingo, 4 de febrero de 2018

DECISIONES. CABEZA O CORAZÓN. RAZÓN O PASIÓN.

"No somos responsables de las emociones, 
pero sí de lo que hacemos con las emociones"

Jorge Bucay (1949-?) 
Escritor y psicoterapeuta argentino

La toma de decisiones es uno de los temas más importantes en todos los ámbitos de la vida. Independientemente de que hablemos de un entorno laboral, personal e incluso podríamos decir que no hay etapa en la vida (adolescencia, madurez, etc...) en la que no se tengan que tomar, eso, decisiones.

El tema a valorar es cuándo, cómo y en qué estado emocional es mejor decidir y actuar.

Si algo no debemos hacer cuando nuestro enfado o nuestra efusividad está en niveles de máximos es, sin lugar a dudas, actuar.

Muchas veces nos ha tocado pulsar la tecla (interruptor) que, en los teléfonos clásicos fijos, hacían la función de colgar, una vez depositábamos el auricular, indicando a jefes, compañeros o amigos que era el momento de contar hasta diez; "siempre puedes hacer la llamada cuando se esté más tranquilo".-, decíamos cuando la persona que iba a "ladrar" hacia el otro lado del aparato veía nuestro bloqueo.

Y es que esta semana me he encontrado con dos situaciones en las que, estoy seguro, muy probablemente, si se vuelve a releer lo que mis emisores decían, por un lado, uno de ellos no podría cumplirlo y el otro, seguro que no piensa ni por asomo, todo lo que ha escrito.

También es verdad que ahora, en nuestros tiempos, es muy fácil en un momento de lo que podemos catalogar como "cabreo", el mandar un mensaje a través de aplicaciones que nos pillan a tiro de "dedo". Pero nada peor que por cómodo, rápido y sencillo, coger nuestro smartphone y lanzar el dardo envenenado a la persona que ha provocado nuestra extrema emoción.

En el otro lado, ocurre lo mismo. Una vez estamos eufóricos, como le ocurrió a un cliente esta semana, tampoco debemos ponernos manos a la obra, a escribir un e-mail en el que nos comprometemos a cosas que, en circunstancias normales, al menos nos pensaríamos si el otro lado merece, o simplemente puede que sea uno de los posibles receptores de las promesas.

La verdad es que somos seres emocionales, y la pasión hace que avancemos en caminos de riesgo, no transitados con anterioridad, pero que imaginamos que nos llevarán a una meta muy deseada. Ahora sí, hay que tomar muy en serio los efectos colaterales si no medimos las decisiones, o los mensajes exagerados, tomados sin lo que se denomina con la "cabeza fría".

Y así, con cabeza fría, es como se deben tomar decisiones importantes y sobre todo, adecuadas. Pero por otro lado, esto último que se nos aconseja, no deja de ser paradójico, cuando la mayoría de nuestras acertadas decisiones están basadas en la intuición. Y es ese sexto sentido, el que disponen las personas que se nos cruzan en la vida, y que las definimos como especiales, algo que buscamos constantemente. Siempre que nos indican cómo han llegado hasta allí, este tipo de personas nos hablan de la intuición, tan desconocida como solicitada a la hora de impulsarnos hacia el gran camino que nos ofrece, en muchos casos, la solución más adaptada a las circunstancias y sobre todo, funcionales.

Queda abierta la discusión y el posicionamiento de todos, amigos. 

- Parálisis por análisis cuando el cerebro quiere tenerlo todo controlado; 

- Pasíon y decisiones en caliente, pese a quien le pese; 

- Intuición y "sexto sentido" que nos indica la mejor elección, asociando nuestro cerebro experiencias previas con emociones vividas, evitándonos problemas o anteriores circunstancias ya vividas.


Para muestra, un botón y me permito sugeriros que dediquéis 4 minutos a ver el siguiente vídeo que evidencia todo lo escrito y si no cae en saco roto podréis usarlo como ejemplo varias veces al día desde el momento que lo veáis.


El vídeo de la semana: TOMA DE DECISIONES



Historias pasadas de "lasemanadeedusanchez": Os dejo, en el siguiente enlace, lo que pasaba por este blog hace 3 años para los que se han incorporado tarde y también para los amigos nostálgicos que les gusta recordar.