"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

domingo, 31 de enero de 2021

TRABAJO, CORAZÓN Y CEREBRO

"Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. 

Pero no existe ninguna máquina 

que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario"


Elbert Hubbard (1856-1915) 

Ensayista estadounidense



Se le llenaba la boca de hablar de sus clientes, pero por lo que me comunicaba con sus palabras y hechos, había descuidado por completo al equipo de personas que componían su empresa, los que realmente generaban la propuesta de valor tratando con ellos, los clientes.

El cliente es el centro, el "boss", al que debemos cuidar...


¿Y qué ocurre con los empleados? ¿Qué dice sobre ellos el principio de medio plazo o del camino hacia el éxito? Sencillo pero no fácil: "Trata a tus empleados exactamente como quieres que ellos traten a tus mejores clientes".

Amén.


Yo lo tengo claro, y así se lo comentaba a Ismael, mientras tomábamos un largo café, suministrado por el amigo Enrico, espectacular, todo hay que decirlo.

Para ofrecer y dar algo diferente, que nos garantice la sostenibilidad de nuestro negocio, no solo tenemos que comprar el trabajo de las personas, su presentismo no basta para ser lo que nos hace distintos. La empresa que quiera y busque un factor diferencial para distinguirse requiere de sus empleados y equipos, además del factor trabajo, que éstos donen su corazón y además, pongan a disposición del proyecto su cerebro.

Bien nos lo repetía la profe Beatriz: "Cuidaros, si no queréis perecer, de intentar mantener en vuestro equipo mano de obra mientras otras organizaciones, vuestra competencia, cuida, hace crecer y enriquece su propio cerebro de obra".

Trabajo, corazón y cerebro como trío necesario para el éxito. Y es que con dinero se puede comprar el trabajo físico, la presencia, pero es imposible comprar el corazón de la gente. Y en su corazón está el entusiasmo y la lealtad, ingredientes necesarios para construir una oferta ganadora y sostenible en este mundo actual, más que nunca. Además, mucho se habla de empresas creativas e ingeniosas, lo cual es harto difícil sin que el personal done su cerebro a tal efecto. Usando el cerebro es posible que fluyan sus recursos intelectuales aparte de los físicos, surja la creatividad y el ingenio como servicio esencial a la causa.

"Y todo esto solo es posible si conseguimos que nuestro equipo ponga a disposición del negocio trabajo, corazón y cerebro".- Volví a incidir tras pedirnos un refresco mientras seguíamos conversando.

Creo que Ismael lo entendió, y su compromiso fue actuar de tal manera que trataría a su gente a partir de ahora como personas voluntarias. Al igual que entendemos que los clientes son voluntarios cuando compran en nuestras organizaciones, ya que no están obligados a comprarnos de por vida, eso mismo sería el mecanismo de trato hacia sus colaboradores y empleados. ¡Cuánta razón tenía!, realmente necesitamos personas que sean voluntarias, porque si no lo son, nunca nos aportarán algo que solo se puede hacer de manera voluntaria: el corazón y el cerebro.

El enfoque del control y la supervisión solo genera esclavos de la presencia y el avance del trabajo físico, repetitivo y monótono; vamos, lo que puede hacer una máquina, ya sea pesada, de precisión o una computadora. Pero al igual que no se puede amenazar y controlar a los clientes si queremos conseguir su fidelización, no se puede tratar de esta manera a nuestros empleados. 

El enfoque de es que yo les doy trabajo hará que sus empleados no sean fieles, no trabajen duro y duren muy poco en su organización. Genere una oferta más allá del salario y el control, haga que el salario emocional, el trato, el proyecto y la misión invite a los colaboradores a poner a disposición de la causa corazón y cerebro.



EQUILIBRIO

Todo trata de equilibrio entre producir hoy y mantener la capacidad de producir mañana; corto plazo y medio/largo; trabajo y corazón/mente. Equilibrio en lograr en nuestra empresa, con nuestra gente, ese trío necesario para el éxito.

domingo, 24 de enero de 2021

SIENTO DECIRTE QUE NO EXISTEN LOS ATAJOS

"Bajo su caparazón de cobardía, 

el hombre aspira a la bondad y quiere ser amado. 

Si toma el camino del vicio, 

es que ha creído tomar un atajo que le conduciría al amor"


John Steinbeck (1902-1968) 

Escritor estadounidense


Hemos vivido la recuperación de nuestro amigo Mateo, no por arte de magia, sino con una constancia, conocimiento, técnica, paciencia, energía en el propósito y por qué no, mucha fe, pero en todo caso, siempre ha ido evolucionando "pasito a pasito", demostrando una vez más que no existen las atajos.

Y es que en la vida, tanto en el ámbito personal individual, en la familia o en las empresas no suceden cosas buenas a no ser que las organizaciones estén cimentadas en principios solidos; de una manera constante, me refiero.

Manuel, el jefe de una pequeña empresa de fabricación de elementos metálicos me decía: "¿Cómo lo hace este? ¿Por qué le sale tan bien a esta empresa? ¿Quién le contrata tanto trabajo? Quiero aprender, enséñeme cómo lo hacen, ya."

Mi pensamiento se iba de nuevo a cómo jefes, directivos y personas en general buscamos magia donde hay trabajo. "Chuletas" donde hay estudio. Inmediatez donde hay constancia. Comodidad donde hay esfuerzo.

No existen los atajos. Sí que es verdad que siempre encontraremos profesionales que nos dicen qué hacer, nos cuentan cómo hacerlo e incluso nos cobran una buena pasta por la receta que hará desaparecer todos nuestros males. Pero solo durante un tiempo nos valdrá, a veces solo durante unos días. Se trata de parches o medicinas que tapan el mal endémico.

Pero cuando hábitos y nuestro propio carácter es retocado con barnices y retoques superficiales, estéticos, a la larga, el mal crónico y los problemas vuelven a salir por encima del escaparate que hemos adornado de cara a la galería; sin llegar a la causa raíz poco se puede solucionar, y antes vuelven a repetirse los síntomas de la enfermedad crónica que no vemos en nuestra casa y evidenciamos cuando la competencia u otras organizaciones triunfan, en el mismo tiempo, con el mismo entorno.

Queda profundizar en motivos, hábitos, causa raíz del problema en cada situación, y definir cual debe ser el camino, como en la recuperación de Mateo, "pasito a pasito", sin pensar que los remiendos rápidos, las charlas motivacionales por sí solas, y la consultoría rápida que elimina el dolor agudo sobre la marcha son y serán la solución al problema de fondo. 

No existen los atajos. El problema no es él en si mismo, sino en cómo lo vemos. Y cómo nos venden que podemos encontrar la solución. Comprando el ungüento mágico, la crema milagrosa, la pastilla que hace que nuestro organismo, nuestra organización mejore solo tomando tres tomas al día; desayuno, merienda, cena. Nada más lejos de la realidad.

Pero si miramos las organizaciones que han salido de crisis, de grandes problemas y situaciones adversas, y estudiamos cómo lo hicieron, entendemos que se deshicieron de hechiceros y vende-humos, se alejaron de charlas graciosas que no dejaban de ser triviales y cargadas de entretenimiento y elocuente oratoria, abrazando principios que producen resultados a medio y largo plazo, basados en la ruptura de valores caducos, exigiéndose un gran esfuerzo colectivo, estudiando nuevas formas de hacer, crecer, actuar y eliminando el anclaje a viejos estereotipos de gestión que, habiendo funcionado en el pasado, hoy ya no sirven.

Querido Manuel, profundiza en tus por qués y elimina de tu lado a quién te ofrezca atajos, ya te digo yo que en lugar de sacarte del bosque te llevará más hacia la oscuridad, alejándote de lo que en realidad tú y tu equipo necesita.

domingo, 17 de enero de 2021

CARLA, UNA TRABAJADORA INFLUYENTE

 "Intento comprender la verdad, aunque esto comprometa mi ideología"


Graham Greene (1904-1991) 

Novelista británico.


Parecía que todo había cambiado en Carla, pero ella me decía que seguía siendo la misma; eso sí, se sentía ahora como una persona en la organización que tenía influencia. Y es que tenía una voz que ahora era escuchada, respetada, valorada, o al menos ese era su sentimiento.


Se nos llena la boca de decir que el capital humano es lo más de nuestras compañías, qué una empresa tiene el nivel y el potencial del nivel y potencial de su gente, etc, etc...

Pues bien, esto pasa por cumplir para con el capital humano con unas de las necesidades de estos, los humanos, bueno, yo diría una de las necesidades de las más importantes, la necesidad de sentirse comprendido.

Carla se sentía influyente, y muchos podemos pensar que se trata de mejorar el proceso de comunicación, exponer las propias opiniones con mayor claridad y hablar con una mayor, diríamos persuasión. Pero pensemos en la comunicación y como siempre, la dualidad de la misma. ¿Qué de la otra parte, al otro lado del hilo de la conversación? ¿Existe actitud activa de escucha? ¿Estamos interesados en lo que nos dicen desde abajo, a nuestro lado, desde arriba?

Cuidado con la falta de humildad para en lugar de absorber la importante y valiosa información de los que nos quieren ayudar, desde todos los flancos, que nos lleva a ocuparnos solo de la preparación de nuestra respuesta, desperdiciando no pocas veces la posibilidad de aprender, mejorar, comprender y generar soluciones gracias a nuestro valioso equipo.

Carla siempre ha querido ayudar, ser valiosa, generar en positivo para su empresa, pero no había conseguido nunca sentirse importante; ahora sí, ahora se sentía comprendida.

Y daba las gracias a su jefe, al que le debía todo lo que era y lo definía como la persona de la organización que más había influido e inspirado en ella desde que había llegado a su puesto actual.

De hecho, la influencia comienza cuando se siente cómo la otra parte se abre a la influencia de uno mismo. Parece un juego de palabras, pero es complicado influir en alguien que no se siente escuchado atentamente, de una manera sincera. Y lo difícil es ser lo sumamente fuerte desde el plano emocional para escuchar de forma activa, dejar para luego los asuntos personales (tus asuntos), dejando correr el valioso tiempo volcándonos en comprender a la otra parte antes de liarnos a comunicar nuestras propias ideas, soltarnos a lo loco a hablar de nuestro libro.

Es tiempo de generar lo mejor de nosotros y de nuestras organizaciones; familias, amigos y sociedad no están exentos de lo que nuestro fin de ciclo necesita. El momento nos exige comprender e influir, en ese orden. El jefe de Carla lo entendió. Carla lo entendió. Influir pasa por comprendernos unos a otros y esto se inicia con el firme compromiso de al menos una persona dar el paso de escuchar en primer lugar para posteriormente ganarse el poder de ser escuchado.


Termino preguntándome si como personas que nos gusta influir, ser escuchados, hacemos el ejercicio de la escucha sincera como nuestros interlocutores se merecen. Estamos en un cambio de era, complicado. A nuestro tiempo actual le falta liderazgo, este tiempo tiene la necesidad de personas que influyan, inspiren. ¿Dispuesto a cambiar? ¿Puede cam
biar la sociedad si no cambia usted? ¿Si no cambia su entorno, su asociación, su empresa? Como siempre, empiece con usted mismo, en pequeño.

domingo, 10 de enero de 2021

VICTIMISMO Y AFRONTE DE LA CULPA

"La manera en que una persona toma las riendas de su destino 

es más determinante que el mismo destino"


Karl Wilhelm Von Humboldt (1767-1835) 

Político prusiano



Marcos era un buen tipo, pero desde su época de estudiante, incluso desde bien pequeño en el cole, su negatividad no presagiaba un derroche de futuro pleno de alegrías en el panorama de su vida.

Siempre entraba a la batalla cuasi-derrotado, y cuando le preguntabas, siempre era la parte débil, la cebra coja de la manada.

Ahora, aunque su gran amigo Germán había conseguido que se quedara con él en el departamento de almacén, a la hora de afrontar cualquier situación, que no deja de ser cualquier problema, aparece el paradigma de la culpa. Y lo malo es que no es un bicho raro, sino que la mayoría de humanos tiende a ponerse el traje de victima, culpando en todo lo que pasa a alguien, sea persona, cosa u holograma. La sabiduría popular, con refranes como la búsqueda de "chicos para echarle la culpa", demuestra que es mejor culpar al ajeno en lugar de auto-diagnosticarnos desde el punto de vista de la responsabilidad.

Si llego tarde, el semáforo en rojo es el culpable.

Si no salen los números, la calculadora.

Si suspendo el examen, el profesor con las preguntas rebuscadas.

Si no llego a tiempo, la película que se ha hecho eterna.

Si no consigo el objetivo, los de marketing.

Si los costes se disparan, los de producción.

Si tengo que rehacer el producto, los de calidad.

Si la empresa va mal, la crisis.

Si tengo un salario bajo, el sector que he elegido.

Y así, un largo etcétera de culpas, las cuales nos convierten en eso, víctimas de verdugos que se nos cruzan en el camino, allá donde dirijamos nuestras vidas, independientemente de la ruta o las decisiones que tomemos.

El tema es que poco podemos hacer para mejorar desde lo individual, si nuestro "modus operandi" es culpar a lo externo de nuestros males. Convertir el tema de la culpa a los demás y un entorno incontrolable orientado al 100% a hacernos el mal directamente a nosotros puede convertirse en una maliciosa norma. Una norma que puede ser, en un corto plazo, una especie de medicina que minimice nuestro dolor, pero no hay que olvidar que en el largo plazo nos emplaza a convivir con los problemas, sin ningún tipo de motivación a buscar soluciones a unos episodios negativos, recurrentes y que parece que nos persiguen mientras que a otras personas la vida les sonríe en situaciones parecidas.

¿No jugamos con las mismas normas? ¿Las leyes son diferentes para los demás?

Pero tras una larga conversación entre Germán y Marcos, éste último no estaba dispuesto a seguir viviendo de la misma manera. 

Su vida tenía que cambiar y el timón tenía que cogerlo él, sin esperar a que su destino navegara como un barco a la deriva a expensas de lo que la caprichosa mar dictara, sin más.

Sabía que no era fácil, pero tendría que hacer un gran esfuerzo de humildad desde ahora en adelante; tendría que aceptar y por qué no, asumir la responsabilidad de las circunstancias, sus circunstancias, y ser lo suficientemente valiente para generar iniciativas y tomar decisiones para dirigir su vida, construyéndose a sí mismo retos que le permitieran afrontar de manera proactiva los siguientes capítulos de su libro, salvando los diferentes obstáculos que el camino le prepararía y demostrando al mundo, pero sobre todo a sí mismo, el poderoso y mágico poder de la elección personal, que aunque no lo parezca, existe y todos tenemos la llave para usarlo mientras caminamos por la senda de la vida.