"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

viernes, 31 de diciembre de 2021

ZAPATILLAS O SOFÁ; TÚ Y SOLO TÚ ELIGES

"Considero más valiente al que conquista sus deseos 

que al que conquista a sus enemigos, 

ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo"


Aristóteles (384 AC-322 AC) 

Filósofo griego



Es 31 de diciembre, otro año ha sido escrito y tras las uvas, quedará atrás para dar paso a uno nuevo.

Toca marcarse algunos retos para este nuevo ejercicio y me siento en el estudio de casa a escribir; me gusta hacerlo con boli y papel, porque parece como más personal y el compromiso se me antoja más si cabe al escribirlo de mi puño y letra.

Termino la tarea y salgo a dar un paseo cuando me cruzo con un viejo conocido por la zona del parque municipal y nos sentamos un rato a charlar. Hacía tiempo que no nos veíamos. 

Le comento lo de los propósitos de nuevo año y me hace recapacitar, y sin faltarle razón me dice que normalmente los deseos de cambio a primeros de año suelen quedarse pronto en agua de borrajas.

Vuelvo a casa, y releo mi lista contrastándola con la del año anterior. Y la del anterior. Y la anterior de la anterior. La lista no es igual, pero se repiten casi todos los deberes. Y como mi amigo me dijo al despedirse: "primero tienes que conocer al enemigo, que tira de nosotros para no hacer lo que nos proponemos. Entre zapatillas o sofá, siempre nos hace elegir la comodidad cortoplacista del sofá".

Me propongo investigar a ese enemigo que se opone a cualquier crecimiento a largo plazo, instigándonos a recoger los placeres inmediatos, aunque sepamos que no nos vendrá bien en nuestros trabajos, en nuestras relaciones, e incluso en nuestra salud.

Descubro que el enemigo es invisible, puede sentirse su presencia, pero esto solo ocurre si estás muy atento. Nos aleja de nuestra meta, tentándonos a hacer cosas cómodas que no suponen esfuerzo alguno. El sofá, la serie, las palomitas, la manta y el café...

Descubro que no tiene ética alguna. Miente, falsea, seduce, e incluso te hace parecer que lo cómodo, la vía rápida es lo que más te conviene.

Descubro que no cesa nunca de desmotivarte, y no la toma contigo, sino con todo o casi todo el mundo a tu alrededor; incluso se alía con ellos para que te llamen para cambiar tu plan de salir a entrenar para tomarte unas cervecitas con ellos.

El enemigo solo apunta a lo cómodo, y hace todo lo que puede para mantenernos bajo control en nuestra zona de confort. Nos da continuamente razones para no salir del territorio conocido. Y lo que es peor, recogemos el guante rápido y de una manera voluntaria, incluso diría que nos creemos que los que decidimos somos nosotros.

Descubro que lo que había logrado años atrás, había sido porque no había hecho caso al enemigo. Y cuando desoí sus mentiras, no me acompañó y me dejó solo, y crecí solo, y fui mejor solo, y me sentí mejor con los míos, pero lejos del enemigo. Es un cobarde, pero solo cuando le plantas cara. Normalmente no luchamos, sino que cedemos a su encanto.

Puedo decir que en ese caso, hoy estoy mejor y veo claro que ese es el camino correcto para conseguir más retos de los que normalmente consigo. Pero es la excepción. 

Descubro que la fuerza del enemigo no minora con el tiempo, sino que cuanto más cerca tienes la meta, con más fuerza actúa para convencerte que ceses en el empeño. Y repito, recluta aliados para que en forma de tentaciones te lleven a la comodidad del sofá, olvidando las zapatillas que te llevan al circuito.

Mensajes, whatsapps, lluvia, frío, tertulias, series; cualquier forma de la que se disfraza es buena para intentar frenar nuestras necesidades a largo: salud, amigos, creaciones, conocimiento...

Y descubro cual es una de las formas con las que el enemigo decide atacar de manera más común: la procrastinación.

Quiero aprender inglés; "empiezo mañana".

El gimnasio; "me inscribo el mes que viene".

La dieta: "empiezo cuando pasen las fiestas".

El programa de perfeccionamiento: "el año que viene".

Llamar a esa persona: "el finde".

Pedir perdón: "otro día será".

Luego, luego, luego... Nuestro enemigo está encantado cuando ve que todo lo dejamos para luego.


Y sabiendo que los hábitos hacen al monje, nuestra postergación continua se convierte en nuestro principal hábito, y con ello, nosotros no cambiamos nada de lo que año tras año nos proponemos. Ni nosotros ni nuestro enemigo necesitan cambiar nada; zona de confort y gratificación inmediata. Disfrutar en el momento es una distracción barata pero que nos borra rápido de la mente lo que de verdad importa en una larga vida; o corta, según se mire.

Drogas, series, compras, alcohol, críticas a otros, azúcar, chocolate, sal, etc, etc... Cualquier premio instantáneo en lugar de esfuerzo para ganar a largo; o no.   

El enemigo nos fuerza a quedarnos en el sofá; nada de zapatillas, nada de sufrir para ganar. El premio es más sencillo y nos lo ponen fácil; wifi, redes sociales y series.


Me doy cuenta que el enemigo está en casa. Está dentro de mí. El enemigo soy yo.

Y decido que este año sería distinto. 

Elegiré zapatillas más veces. 

Menos sofá. 

Seré paciente, 

plantaré cara a mis miedos, 

no aceptaré mis propias excusas, 

jugaré con las cartas que me salgan, 

entrenaré para dominar la técnica, 

me prepararé, 

pediré ayuda, 

no me tomaré el fracaso de manera personal, 

ni los éxitos, 

y seguiré reinventándome, 

validándome 

y sabiendo que lo difícil no es hacer las cosas, sino elegir ponerse a hacerlas. 

Y hacerlo aun sabiendo que no es el camino fácil, no es el que nos lleva a vivir sin esfuerzo, sin dolor, con la comodidad que la zona de confort nos proporciona. Calentitos, con el mando al alcance de la mano, viviendo la vida de otros, de los superhéroes, de la ficción.

Me preparo para salir a la plaza, con la familia. Mi hija toca con la charanga. Las uvas de la amistad, dicen, seguro que lo experimentamos y nos gusta. Distinto al sofá de siempre. Miro hacia abajo. Llevo las zapatillas nuevas.

Damos una vuelta por la zona peatonal. Saludamos a gente. Nos paramos con amigos y comentamos como está todo. Miramos escaparates. Escuchamos algún villancico tardío.

Tomamos un vino. Brindamos por la vida. Y por nosotros. Y por el año.

viernes, 24 de diciembre de 2021

CUENTO DE NAVIDAD 2021

"Pienso que la Navidad es una fiesta necesaria; 

necesitamos un aniversario durante el cual podamos lamentar 

todas las imperfecciones de nuestras relaciones humanas. 

Es la fiesta del fracaso, triste pero consoladora"


Graham Greene (1904-1991)

Novelista británico


No hablaron nada en el viaje. El coche lo conducía Juan Carlos y Maribel se había puesto unos vaqueros y una sudadera gris, y desde que él recordaba era la primera vez que la veía salir de casa sin nada de maquillaje. "Hoy toca llorar, y ella lo sabe".- Pensó él mientras ponía el intermitente y cogía la salida de la autovía de circunvalación hacia el hospital comarcal, donde les esperaba Cristina, la doctora que le trataba desde que el mal, así lo llamaban, apareció en ese órgano tan complejo.

Aparcó en el parking interior, como siempre, y el silencio se volvió incómodo desde que entraron en el ascensor hasta la pequeña recepción que justo se encontraba a la izquierda, a la salida del mismo, en la planta 2.

Carla se dirigió hacia ellos y tras indicarle que la doctora le esperaba en la consulta nº 4 envolvió con dulzura a Maribel y le acompañó hacia una sala de espera justo al final del pasillo; por desgracia, desde que la Covid-19 había llegado a sus vidas, no se permitían acompañantes.

No las tenía todas consigo, ya que la llamada de urgencia no le había gustado nada, pero tras la discusión que habían tenido la noche anterior, al sacar el tema y opinar que algo no iba bien, ella había decidido no comentar nada más hasta que la cita terminara. Era un tema delicado, y la doctora siempre había sabido conducir cualquier alteración, por lo que en estos casos siempre es mejor dejar hacer a los profesionales.

Pasaron 30 minutos, pero para Maribel fueron como si hubieran pasado 30 horas, o más. Se abrió la puerta, ella saltó como un resorte de la silla, derramando el café del vaso de plástico que se había sacado de la máquina de vending, ni se preocupó por cómo se había puesto, solo quería estar cerca de el. 

No se cruzaron palabra, pero los ojos de Juan Carlos estaban brillosos, por lo que Maribel decidió abrazarle, simplemente para mandarle el mensaje de que fuera lo que fuese, ella estaría con él, a su lado, acompañándole todos los días del resto de su vida. 

"Aunque no fueran muchos".- frase cruel que se le cruzó como un tren que no para en el andén.

Le cogió de la mano y salieron por las escaleras, como siempre, les gustaba bajar de esta manera y recoger el coche y dirigirse hacia el bar donde siempre tomaban una tostada con aceite, cuando les citaban por la mañana. Porque eran una pareja que le gustaban los bares de siempre, y siempre contaban con orgullo que se conocieron en el bar del tío de Maribel, al lado de la oficina de Juan Carlos donde siempre tomaba el café de media mañana con sus compañeros, hasta que se encaprichó de la morena, como la conocían los chicos del despacho de abogados donde trabajaba y trabaja Juan Carlos.

"Parece ser que esto no va nada bien, y hay que intervenir".- le dijo mientras sentados en la mesa le cogía las dos manos y se miraban frente a frente. "Y no te lo vas a creer, pero esta vez ni estará ella ni es aquí, en el hospital. Mira, me ha dado esta dirección y me ha dicho que vaya urgente, que si arreglo lo que solo yo puedo arreglar, todo acabará. Creo que ha llegado la hora y nadie puede hacerlo por mí".

Ella lo entendió a la primera, por lo que sin mediar palabra, pagó el desayuno, como siempre, y se dirigieron a casa a preparar una poca maleta. Tenía que salir lo antes posible. Y era un viaje que no podía hacer con él, esta vez tenía que hacerlo él solo.


Condujo toda la tarde y durmió a 300 kilómetros de su destino, en un hotel que le recomendó su amigo José María, agente de ventas que siempre tenia un buen alojamiento que sugerir, en cualquier provincia del país.

A la mañana siguiente, sábado, sobre las 9 de la mañana se encontraba en el portal de la dirección indicada por Cristina la mañana anterior. 4º C, segunda planta, C/ de la Paz, 22.

Pensó que nada es casualidad, y lo de la calle, la Paz, tampoco lo era.

Y tocó el timbre.

Y abrió una niña preciosa, de aproximadamente 4 años (es tan guapa como su madre, pensó Juan Carlos).

Y le preguntó por Carmen, muy nervioso, casi tartamudeando; si estaba, si podía salir, a lo que la niña, que dijo que se llamaba Lola, salió corriendo para dentro gritando a su madre que un señor que se parecía a ella la estaba buscando. Eran mellizos, y sí, se parecían mucho.

No se lo podía creer, no era posible que él estuviera allí, tras casi 5 años, después de todo lo que pasó y cómo la había tratado cuando ella se había quedado embarazada, sí, posiblemente cometiendo un error, pero conscientemente de lo que hacía y con su novio de toda la vida.

Fue un día fatídico que terminó con Carmen cambiando de ciudad, y evitando cualquier contacto con su único hermano, y  su única familia ya que sus padres habían partido cuando eran muy pequeños en ese fatídico accidente, habían sido todo el uno para el otro, desde que tenían uso de razón, desde bien pequeños.

Se abrazaron, le dio mil o diez mil besos, le invitó a entrar, y mientras que le hacía cientos de preguntas, lloraron, lloraron mucho...

Pasaron todo el día poniéndose al día, y buena parte de la noche. Al día siguiente llevaron a Lola al parque donde los domingos quedaba con sus amigos y mientras jugaba en unos columpios, ellos siguieron contándose lo que habían vivido separados, enseñándose fotos, intentando reparar todo lo que la distancia y la rabia de Juan Carlos había destruido.

Faltaban dos días para Noche Buena, y convenció a Carmen para que pasaran en su casa esas navidades, y por supuesto, dijo que sí.

Pero lo que extraordinariamente pasó es que Juan Carlos comenzó a notar como su problema estaba desapareciendo. El tratamiento estaba haciendo efecto. Cada historia, cada frase, cada abrazo le iba cerrando heridas. Eso es lo que la doctora Cristina había planeado, y la intervención a la que se refería era esa reparación del mal que Juan Carlos sufría, el mal de su alma. Y todo se había gestado en la calle de la Paz. Y solo podía remediarse con el perdón de su hermana, y por supuesto, su arrepentimiento sincero.

Y lloró durante la vuelta a casa, con su hermana y su sobrina. Y lloró al llegar a casa y reunirse con Maribel y sus hijos, Angelines y Javi. Y lloró cuando el reloj tocó las 12 de la noche, no cualquier noche, era Noche Buena, y no con cualquiera, estaba con su mujer, sus hijos, su hermana y su sobrina. Y con el mal fuera de su organismo, su Alma volvía a estar en Paz.

sábado, 18 de diciembre de 2021

CRECIMIENTO, TECNOLOGÍA Y LIDERAZGO

"Al poder le ocurre como al nogal, 

no deja crecer nada bajo su sombra"


Antonio Gala (1930-?) 

Dramaturgo, poeta y novelista español



En una época en la que parece que el ganador será el que mejor maneje el big data, el business inteligent y la tecnología en general Xavier comentaba que necesitamos parar y mirar todo lo que depara a una empresa desde la visión que genera el carácter humanista del asunto, con más perspectiva.

Esto no significa que el humanismo pueda prescindir de la tecnología, pero tampoco la tecnología se entendería sin el humanismo.

Incertidumbre, sí, pero la tecnología no eliminará a las personas, sino que debe de ponerse a su servicio para hacerlas crecer. Y así ve este gran maestro el futuro de las empresas; entes capaces de crecer haciendo crecer a los demás.

Cuando me hablaba de crecimiento quiso aclararme que se refería a cuatro ámbitos para que fuera un equilibrio estable. Clientes, empleados, accionistas y sociedad.

En primer lugar, me hablaba de hacer consistente el proyecto evolucionando con los clientes, haciendo crecer a los mismos.

El segundo ámbito no era otro que fortalecer como factor de crecimiento, el desarrollo de la gente que forma la empresa. Mal lo tendrán de cara a un futuro las empresas que pongan techos de cristal a las personas que conforman su proyecto.

Tampoco olvidaba el ámbito que conforman los accionistas. Sin hacer crecer de manera sostenible a los accionistas todo se acabará tarde o temprano. Atención con caer en el cortoplacismo. 

Y por último, resaltar que sin hacer crecer a la sociedad, es poco probable hacer crecer un proyecto. Como decía Drucker, "no hay empresas sanas en sociedades insanas".


Y en este punto estábamos cuando volvió a salir el asunto de la importancia de un buen líder, con sus características, para generar crecimiento. Me habló de humildad combinada con ambición. A veces se confunde ambición con codicia, pero no tiene nada que ver y el ser humilde es vital para no creerse estar por encima del resto y comenzar a realizar tonterías que te saquen del mercado.

La empresa está por encima del negocio, es un conjunto de personas con un propósito común que crean valor social, y si el talento no está aderezado con "buena gente", apaga y vámonos; es necesario no actuar con malicia para construir desarrollo estable y un proyecto sano y sostenible.

Y teniendo claro que crecer es a base de liderazgo y talento, fue no menos interesante como definía la manera de medir el talento. Según Xavier, la tecnología será diferencial según cómo la consiga aprovechar el talento. Y el talento se mide a través de tres características observables:

- Primero, el conocimiento y las competencias que permiten obtener resultados. 

- Después, la capacidad de adaptación, vital en este entorno convulso e incierto. 

- Por último, algo que no se suele remarcar cuando se habla de talento, y me llamó la atención por ser cierto, que no es otra cosa que la capacidad de compartir. 



Me hizo pensar, porque compartir no es una característica diríamos de "mala gente", ni de personas tóxicas, y mal hacemos en nuestras organizaciones si permitimos que personas de este tipo se acomoden entre la "buena gente", porque más fácil será que estos últimos acaben quemados, en algunos casos, o buscando otros retos fuera de la empresa que la conversión de personas codiciosas, abusonas y amargados que lo último que piensan es en dejar el sitio, a sabiendas que no lo tendrán fácil en cuadrar en cualquier otro lugar.

lunes, 13 de diciembre de 2021

INTELIGENCIA ARTIFICIAL. DUDAS Y RETOS.

"Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. 

Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario"


Elbert Hubbard (1856-1915) 

Ensayista estadounidense


Carla sabía que la inteligencia artificial aportaría a la empresa creada por su padre un gran valor, incrementando la eficiencia y la calidad de sus procesos internos y externos. Además, había implicado numerosos cambios en departamentos como los de finanzas, ventas, marketing y operaciones, sobre todo en su primera etapa en logística (donde fue pionera en la implantación).

Pero también era consciente de los retos que debería recorrer para que nada diera al traste con tan complejo negocio, hoy en manos de innumerable cerebro de obra y sin duda, mañana llevado en una combinación de humanos y procesadores de inteligencia artificial.

Por un lado, para que el resultado sea correcto en cuanto a calidad es necesario que los datos sean eso, de calidad. Por lo tanto, decidir lo que es muda y lo que no, debería ser fundamental en una primera aproximación a lo que sería la arquitectura de información requerida para montar un buen sistema que tenga como raíces una base de inteligencia artificial.

Es muy probable que el funcionamiento no sea perfecto en las primeras etapas. Eso era algo que pilló a esta familia de susto, pero es importante no confundir artificial con perfección. En una artículo, Carla leyó que el potencial de la inteligencia artificial no se conoce hasta que no se prueban muchos melones. Se abren y se prueban. Buenos y malos. Malos y buenos. Toca probar muchos palos para saber los que están buenos antes de abrirlos. 

Y estando claro que se busca un incremento de productividad, no está tanto cual es la tecnología a aplicar según cada caso, cada empresa, cada sector. Podríamos decir que es necesario pero no suficiente. Carla pensaba mientras subía de tomar su café de media mañana cuantas veces su padre había tomado decisiones no basadas en datos ordenados y procesados sino tras una negociación entre personas, o incluso había sido simplemente cuestión de olfato o intuición. Prioridades, entorno, tolerancia al riesgo; circunstancias subjetivas difícilmente de sustituir por algoritmos...

En otra ocasión, tras concluir un proceso gracias a un sistema automatizado, nadie sabía explicar el por qué tras varios fracasos, en esa ocasión funcionó. Estaba claro que la inteligencia artificial no había venido a la compañía para sustituir al humano, sino para apoyarlo, mejorarlo y siempre dejando claro que las personas deberían continuar teniendo un sitio central a la hora de tomar decisiones, ejecutarlas y seguir los resultados continuando con el plan o pivotando cuando fuera necesario.

Quedaba claro que es conveniente ir paso a paso en la implementación de estas tecnologías, y aspirar a que nos ayuden a aumentar nuestras capacidades, no intentando que sirvan como sustitutas del talento humano, tan valioso y escaso en nuestras organizaciones.

Ni que decir tiene cómo Carla tuvo y tiene que luchar con el rechazo y la preocupación de las personas que temen por su puesto de trabajo. Siempre, en cualquier revolución tecnológica, el ser humano ha tenido la sensación que los puestos de trabajo corrían peligro. Y aun siendo cierto que esos puestos de trabajo, tal como los conocemos, están en peligro de extinción, lo que abre seguro la puerta es a otros de diferente naturaleza, de mayor eficiencia, y también de mayor valor añadido a la sociedad que se forja de cara al futuro.

No dejan de tener razón aquellas personas que sin preparación para lo nuevo que se avecina, requerirán unos conocimientos técnicos que ni tienen ni podrán prepararse a tiempo para cuando mañana mismo los necesiten. Esas personas, esas zonas, esos sectores sí que pasarán etapas de dolor y restructuración difíciles de paliar. 

Por todo, desde cualquier tecnología basada en la inteligencia artificial, es necesario que se ofrezca el máximo nivel de confianza que se pueda diseñar. Es necesario que los sistemas sean justos, útiles y despejen cualquier duda que el humano pudiera intuir.


Carla lo tenía claro, e independientemente que por un rato de ocio, una aplicación que nos regale el poder de comunicarnos con amigos (o enemigos), o cedamos toda nuestra vida en forma de datos para que los algoritmos trabajen y nos devuelvan información para nuestro (su) beneficio, las empresas que usen aplicaciones de inteligencia artificial deberían ser capaces de demostrarnos una total trazabilidad, un tratamiento de los datos totalmente privados, unas auditorías periódicas para evitar sesgos en la información de salida y calidad de los datos de entrada, y por último, un enfoque ético que cambie el "nuestra única misión es ganar dinero" por unas actuaciones en función de valores como son la justicia social y la ética.

martes, 7 de diciembre de 2021

CUESTIÓN DE CONFIANZA

"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; 

ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; 

ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por 

opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes"


Edmund Burke (1729-1797) 

Político y escritor irlandés



Jairo recordó a Lencioni cuando Marcelo le preguntó qué le había parecido su equipo.


Había visto un equipo sin cohesión alguna, que no funcionaba y que sacar adelante la situación era una cuestión poco probable; al menos en el corto plazo. Y todo era cuestión de confianza.

No entendía la confianza como la capacidad de predecir la conducta de una persona a través de experiencias previas vividas con la misma, sino entendida como la seguridad que tienen los miembros del equipo sobre las intenciones de sus compañeros ante sus éxitos y fracasos, no necesitando ser cuidadosos, cautelosos o protegerse en el seno del grupo.

Era el pilar para cimentar un gran equipo que sacara adelante la situación en la que estaban. Necesitaban mostrarse vulnerables, apostar desnudos sin corazas al cien por cien por el proyecto y tener la total seguridad que sus vulnerabilidades no serían utilizadas contra ellos. Tenían que ayudar al débil, gestionar y entre todos eliminar deficiencias de capacidad, minimizar los defectos de unos con virtudes de otros, enseñar y aprender de los errores y sobre todo, sentirse seguros para pedir ayuda.

Marcelo se sintió mal al no poder contestar a Jairo cuando le preguntó por la última vez que había interaccionado con alguien de su equipo porque le había pedido ayuda abiertamente. No tenía respuesta. Solo recordaba broncas, peticiones agresivas de datos rápidos y rectificaciones de decisiones tomadas, según él, malamente. Además, tampoco recordaba ninguna ocasión en la que alguien de su equipo le había rebatido algo o indicado que lo que decía no era correcto.

No era bueno que hubiera intentado aparecer como un super-jefe, sin fisuras, eliminando con una coraza su parte humana. Empezaba a entender que parte de su no equipo era su forma de liderarlo.

Está claro que no es fácil lograr que un equipo desarrolle confianza vía vulnerabilidad. Nuestro sistema educativo y el desarrollo de carrera profesional se forja mediante la competición, y las notas y las promociones son personales, y no de equipo. Es necesario proteger la reputación de cada uno, y normalmente se sube al pódium dejando a otro atrás, compitiendo en lugar de colaborando. Y en una sociedad donde el coste de fracasar es alto, se consume mucho tiempo y energía controlando la conducta, las interacciones y la toma de decisiones arriesgadas. 

"El que se mueva no sale en la foto". "Tú, hermoso, de los de en medio, que no sobresalgas ni por arriba, ni por abajo". Frases típicas que no empujan a despojarse del miedo a fracasar, y que dejan a las personas sin la confianza que se necesita para que el equipo nos ayude a mejorar y crecer.

Y la falta de confianza hace que se empiecen a temer las reuniones, se sea reticente a asumir riesgos, se deje de pedir ayuda, y lo que es peor, se deje de ofrecer ayuda a quién lo necesita, pero no se atreve a pedirla...

"¿Entonces? ¿Cómo llegamos a conseguir responsabilidad conjunta y los resultados que necesitamos?".- preguntó Marcelo.

No resulta sencillo, ni rápido, desgraciadamente la confianza basada en la vulnerabilidad necesita mucho tiempo. Primero, compartir experiencias, generar trabajos a realizar en los que se necesitan personas con diferentes conocimientos, experiencia y aptitudes, además de una actitud que motive el trabajo en equipo de verdad, desnudo de pieles artificiales que tapen lo humano de cada componente del grupo. Y sobre todo, tiempo para comprender la que a cada integrante del equipo le hace necesario; los atributos únicos que dan valor a cada miembro. Su valor añadido que genera fortaleza para conseguir llegar a la meta. 

Jairo sabía que podía acelerar el proceso de generación de confianza mediante herramientas, ejercicios de eficacia de equipo, perfiles de personalidad y preferencias de conducta, un 360 bien enfocado sin vincularlo a la evaluación de desempeño ni a la compensación, pero necesitaba que Marcelo creyera, y liderara este importante paso mostrándose al grupo vulnerable. 

Por último, le instó a crear un ambiente donde no se castigara la vulnerabilidad, sino que se promocionara la transparencia y la ayuda para creer y demostrar con acciones que un equipo no crece ni alcanza objetivos si no crecen sus componentes y alcanzan sus objetivos cada uno de los que componen el grupo.



Terminó la jornada y Marcelo se despidió de Jairo, pensativo, pero con un puente largo por delante para poner sus pensamientos en orden y plantear un plan de cara ya al ejercicio entrante, que por las fechas que andaban, estaba a la vuelta de la esquina.