"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

lunes, 2 de noviembre de 2026

TANTO BRILLA, QUE MOLESTA

"La razón es un sol severo: ilumina pero ciega"


Romain Rolland (1866-1944) 

Escritor francés galardonado con el Premio Nobel



Elías sabía por qué había sido despedido.

El talento brillante incomoda. No es explícito ni consciente, pero incomoda.

Llegó con ideas nuevas, destacando; tenía un discurso fluido, sin alterarse en momentos de crisis, siempre aportando en las reuniones… pero el sistema reaccionó. Mejor dicho, parte del sistema.

¿Prudencia? ¿desconfianza? ¿o es el pecado del mediocre conocido como envidia?

Pensó en sus jefes y cómo el liderazgo tiene que decidir si integra el talento o, al contrario, deja que el resto lo neutralice. Siempre oía tras las puertas de despachos en los que no estaba invitado las mismas frases o excusas:

"Demasiado deprisa quiere cambiar todo, no se adapta a nuestra cultura, le falta madurez o no es el momento ni lo que toca ahora.

En cambio, Elías pensaba que siempre era el momento para tener a los mejores para que el proyecto funcionara. Pero sí, efectivamente, escuece y molesta.

Pero el talento brillante se convirtió en una amenaza para el jefe temeroso y poco seguro de sí mismo. 

Ya le contó el responsable de recursos humanos cómo se repetía el ciclo fatal para la empresa. Cuando no se cuida el talento, éste se diluye, se institucionaliza o se marcha cansado. Entonces, la empresa, tras perder ese valor, vuelve al mercado externo a buscar, seleccionar y contratar el talento que le falta, consumiendo tiempo, oportunidad y dinero en contratar consultoras de selección. Y contratan y todo vuelve a empezar.


Pero sin seguridad personal no se llega nunca a cumplir lo de rodearse de gente mejor que tú para mejorar tu empresa o negocio. El liderazgo inseguro compite y hace pequeño a su equipo, mientras que el seguro lo amplifica. Y nuevamente Elías volvió a pensar en sus superiores definiéndolos como inseguros.

También repasó lo que en la empresa se decía sobre innovación, talento, diversidad y atracción de los mejores y, en contraposición, cómo luego se actuaba.

Decidió, si le tocara liderar en un futuro, que debía aceptar que no lo controlaría todo, y esto sería un acto de valentía que entiende que la inteligencia colectiva siempre supera al individuo.

Escuchar el punto de vista inesperado y no tener miedo a la generación de conflicto. Esto sí que es una empresa viva con profesionales muy capaces, en los que aparecen episodios de debate, visiones opuestas y choques reales. ¿Y? Simplemente esto es sano porque hay un sistema que quiere y requiere cambiar para no anquilosarse.

Y sí, el problema nunca fue el desacuerdo sino el ego. Cuando el  proyecto dirigía la conversación, el talento se transformaba en recurso para conseguir el fin. Cuando la conversación la dirigía el ego, el talento pasaba a ser una amenaza. Y el ego pudo con el proyecto.



El primer día, en su nueva empresa, recibió una contestación de su jefe que le hizo pensar:

¿Qué tengo que hacer? Si te lo digo, estoy desperdiciando tu fichaje, contestó. El talento tiene que tener su espacio, su criterio, y debe saber qué se necesita que aporte por encima de cumplir con normas, burocracias y límites.

Y el talento no pasa como si nada, sino que observa; y si detecta que el sistema lo limita, o se apaga o se va.

No es un tema de recursos humanos, sino estratégico, pensó Elías. 

Estamos en mercados complejos que pierden muy rápido las ventajas financieras, técnicas o de procesos, pero lo que perdura más tiempo y hace el negocio sostenible es la calidad de las personas que toman buenas decisiones. Y para eso hay que romper el ciclo de contratar, aburrir, perder, contratar.

En todo, la cultura de la empresa debe promover la convivencia con esas personas que, por lo que sea, destacan demasiado y, al fin y al cabo, molestan.