"Si tenéis un minuto, intentad resumir vuestra pasado, brevemente, y sentiros orgullosos.


Después, enfrentando el maldito folio en blanco, dibujad vuestro futuro, con pasión, con ganas de hacedlo mejor.


Será vuestro mundo, vuestro camino..."

domingo, 12 de abril de 2026

TODOS SOMOS ORO

"El talento es un don que Dios nos hace en secreto, 

y que nosotros revelamos sin saberlo"


Montesquieu (1689-1755) 

Escritor y político francés



Esa era su conclusión. Valentín le dijo a Merce que todos éramos "oro". Y lo que es peor, ni lo sabemos, ni lo sabemos valorar. Simplemente hablaba de personas y sugirió mirarse siempre al espejo de manera positiva; y mirar al otro también en todo momento de esa manera.

Porque ese tipo de mirada es crítica y define cómo te mueves por la vida: en tu familia, con tus amigos, en el trabajo; y sin lugar a dudas, crea motivación. Y no debemos olvidar que sin motivación no hay vida. "El hecho de que creas que puedes contribuir en algo y facilitar ciertos temas es importantísimo para vivir con propósito".- le dijo.

Merce aprovechó que su padre había vuelto a invitarle a pasar la tarde con su amigo del cole y le preguntó si tenía algún método a seguir o una especie de  brújula que le guiara. Por supuesto, se refería a algunas claves que ya le había adelantado en alguna que otra ocasión. 

Valentín, esta vez,  le habló de las cuatro "Tes". 

Empezó con la "T de Time to reflect". Le contó que todos los días, al llegar al trabajo, dedicaba 15 minutos a hacer "nada"; exactamente absolutamente nada. Solo pensaba cosas como: qué he hecho mal, qué he hecho bien, qué puedo hacer mejor; simplemente era como una meditación con uno mismo. Eso sí, se la definió como la parte más importante de su día. En esto no tenía la menor duda. Y le recomendó como necesario transmitir a su gente de su  entorno más cercano la importancia de parar. Parar y empezar a pensar en un mundo desbocado que te empuja a lo contrario. Correr, circular, moverte, etc... Eso sí, casi siempre sin saber hacia dónde se va.

Continuó hablándole de la segunda T, la "T de talento". 

Si todos somos oro, le dijo, debemos preguntarnos cuál es nuestro talento, y una vez descubierto, debemos cuidarnos de ir a sitios para los que no estamos preparados. Ir al sitio adecuado, otra clave para protegernos en una vida más bien corta. También le aconsejó ir sin prisa. El tiempo es importante para no tomar decisiones inadecuadas. Hay que descubrir para qué valemos y no acelerar un camino que no nos lleve a nuestra verdadera meta, y sobre todo, el tiempo correcto es necesario para aplicar bien nuestro talento.

¿Para qué sirvo yo?.- Se preguntó para sus adentros Merce.

La inversión más importante que puedo regalarmen a mí misma sería responder de manera pausada a esa cuestión. Tranquila, sin prisa, dedicando tiempo a descubrir cuál es mi misión en esta vida.


Y dejando un tiempo de silencio en el que Merce siguió dando vueltas a lo que había escuchado, Valentín le habló de una tercera T, la "T de Transmisión de positividad".

Le abrió el teléfono y le leyó titulares de periódicos, comentarios en redes sociales, y un largo etc... Valentín no entendía para qué, porque nada de lo que leía sumaba, solo restaba y por ello  acabó indicándole que no servía para nada. 

Y le explicó que ella, su entorno, y cuanta más gente mejor, debían entender lo de la actitud positiva como un arte de crear. Y no mojar sus vidas de negatividad o de otra manera, acciones continuas de destrucción.

Y tras un rato dialogando sobre cómo difundir un mensaje de esperanza, que mejorara el ambiente y preparara todo para ponerse en modo constructivo, aterrizó en la cuarta y última T, la "T de Tutoría".

Merce le respondió que los tutores eran más para la gente joven, pero Valentín cambió su concepto y le contó que con 83 años tenía dos tutores que le ayudaban en su día a día, para entender lo complicado que es nuestro presente, y sobre todo, nuestro futuro. Gracias a sus tutorías, ahora se puede permitir el lujo de pensar, actuar y decidir con un espectro mucho más amplio que lo que le permitiría ir por libre. Además, los ha elegido de edades y generaciones muy distintas; uno junior y otro más senior. Su visión ahora es más transversal y completa. Hoy está muy contento de seguir creciendo gracias a su posición humilde que lo rescató de creer que él solo podía ser autosuficiente tras una carrera de éxito y mucha experiencia acumulada.



Merce pensó en sus hijos y en los jóvenes que iban incorporándose a su empresa. Pensó que lo que somos hoy es mucho de lo que aprendimos en nuestros primeros años de vida. Diagnosticó el tema de cómo los valores se habían perdido, y qué tanto mal había hecho o hacía lo de darles todo lo que piden así como en el otro lado de la balanza lo de criticar todo lo que hacen. Por último, antes de ponerse a repasar su última clase de piano, pensó en la autoestima de su gente, de su departamento, de su empresa. Pensó en las cuatro T y también en cómo debería ser la brújula para ella, para su vida, y por qué no,  para todos los que formaban su ecosistema de vida.


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